Si dicen bien... Seguro que vamos mal
Cuando uno quiera saber cómo va la economía de un país, un buen consejo práctico es que va como dicen los analistas de los grandes grupos económicos de la industria nacional y de la banca internacional... pero al revés.
Esa fue una lección que aprendí de la crisis latinoamericana de los años 70s y de Paul Samuelson, economista de MIT, que recordando el periodo anterior a la crisis lo describió así: "La comunidad bancaria internacional había hecho de Latinoamérica su favorito escenario. Venían banqueros de todo el mundo a tratar de otorgar nuevos créditos a Brasil, Chile, Argentina y Perú. Estos banqueros extranjeros simplemente no hicieron bien su tarea; no vieron más allá de la fachada, para observar la realidad de los portafolios de los bancos locales". Este ánimo de la banca internacional sólo encontraba parangón en la euforia de los grandes grupos económicos de la región. Puesto que decían que íbamos tan bien, era claro que la economía latinoamericana estaba al borde de la ruina. Y así fue.
Carlos Salinas de Gortari, nunca fue santo de mi devoción. No había revista vinculada a esa mezcla de banca internacional y grandes negocios que no lo tuvieron en sus portadas. Era el héroe de la economía liberal, el creador del México moderno y el autor, a juicio de ellos, de uno de los manejos económicos más exitosos del mundo. Por eso había que preservar su sabiduría ya no para México, sino para el mundo entero; abandonada la Presidencia de su país sería el jefe de la Organización Mundial del Comercio y miembro del Consejo de Dow Jones, propietarios de "Wall Street Journal". Puesto que ellos decían que Salinas iba tan bien... era claro que estaba en el inicio de su ruina personal y la de su país. Un mes después de abandonado el poder estaba de nuevo en el centro de la noticia, pero esta vez desde el exilio y acusado de los peores delitos.
Los "tigres" son otro ejemplo. ¿Cuántas profecías habremos leído acerca del inminente dominio de los países del sudeste asiático? En julio pasado, un grupo de consultores internacionales de los llamados "Think Tank", vino a sermonearnos a la oficina y a decirnos sobre la mediocridad de nuestra economía tan distante de la solidez mostrada en las economías de la región asiática. De inmediato le escribí a una amiga norteamericana que participa en la venta de acciones de compañías asiáticas y le expresé mi preocupación... por los "tigres". Todos sabemos actualmente por la crisis financiera que atraviesa Tailandia, Malasia, las Filipinas, Indonesia, Corea del Sur y Hong Kong, por el manejo incontrolado de capitales y por la depreciación de sus respectivas monedas.
Y para los que siguen la crisis asiática, últimamente la atención ha estado concentrada en la economía japonesa (la segunda en el mundo en tamaño), debido a la insolvencia de varias de sus firmas de corredores de bolsa, su tambaleante sistema financiero y sus bancos debilitados por una montaña de créditos incontrolables. ¿Quién no recuerda cuando hace pocos años los analistas centraban sus comentarios en Japón como el modelo económico ideal al que todo debíamos aspirar? Actualmente, existe un estancamiento de la economía japonesa que se prolongará por los próximos años y sus efectos se sentirán en el resto del mundo.
Hace unos días un ejecutivo de una industria local que participaba de un seminario sobre Prácticas de Comercio Desleal (dumping y subsidios) que patrocinó la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) con la colaboración de expertos del International Trade Commission de Estados Unidos, nos informó que en el último año "el país no avanza para ningún lado". Un distinguido amigo, miembro del Gobierno, se quejó de la desproporción del juicio, de su falta de matices de su injusticia, de su.. Lo interrumpo y, para su sorpresa, le digo que una larga experiencia me indica que el juicio hay que tomarlo como certero... no más que al revés. Preocúpate, le dije, el día que alaben al gobierno como lo hacían con el "milagro latinoamericano", o con Salinas de Gortari, o la forma como lo hicieron los últimos años con los "tigres" y el modelo japonés.
Esa fue una lección que aprendí de la crisis latinoamericana de los años 70s y de Paul Samuelson, economista de MIT, que recordando el periodo anterior a la crisis lo describió así: "La comunidad bancaria internacional había hecho de Latinoamérica su favorito escenario. Venían banqueros de todo el mundo a tratar de otorgar nuevos créditos a Brasil, Chile, Argentina y Perú. Estos banqueros extranjeros simplemente no hicieron bien su tarea; no vieron más allá de la fachada, para observar la realidad de los portafolios de los bancos locales". Este ánimo de la banca internacional sólo encontraba parangón en la euforia de los grandes grupos económicos de la región. Puesto que decían que íbamos tan bien, era claro que la economía latinoamericana estaba al borde de la ruina. Y así fue.
Carlos Salinas de Gortari, nunca fue santo de mi devoción. No había revista vinculada a esa mezcla de banca internacional y grandes negocios que no lo tuvieron en sus portadas. Era el héroe de la economía liberal, el creador del México moderno y el autor, a juicio de ellos, de uno de los manejos económicos más exitosos del mundo. Por eso había que preservar su sabiduría ya no para México, sino para el mundo entero; abandonada la Presidencia de su país sería el jefe de la Organización Mundial del Comercio y miembro del Consejo de Dow Jones, propietarios de "Wall Street Journal". Puesto que ellos decían que Salinas iba tan bien... era claro que estaba en el inicio de su ruina personal y la de su país. Un mes después de abandonado el poder estaba de nuevo en el centro de la noticia, pero esta vez desde el exilio y acusado de los peores delitos.
Los "tigres" son otro ejemplo. ¿Cuántas profecías habremos leído acerca del inminente dominio de los países del sudeste asiático? En julio pasado, un grupo de consultores internacionales de los llamados "Think Tank", vino a sermonearnos a la oficina y a decirnos sobre la mediocridad de nuestra economía tan distante de la solidez mostrada en las economías de la región asiática. De inmediato le escribí a una amiga norteamericana que participa en la venta de acciones de compañías asiáticas y le expresé mi preocupación... por los "tigres". Todos sabemos actualmente por la crisis financiera que atraviesa Tailandia, Malasia, las Filipinas, Indonesia, Corea del Sur y Hong Kong, por el manejo incontrolado de capitales y por la depreciación de sus respectivas monedas.
Y para los que siguen la crisis asiática, últimamente la atención ha estado concentrada en la economía japonesa (la segunda en el mundo en tamaño), debido a la insolvencia de varias de sus firmas de corredores de bolsa, su tambaleante sistema financiero y sus bancos debilitados por una montaña de créditos incontrolables. ¿Quién no recuerda cuando hace pocos años los analistas centraban sus comentarios en Japón como el modelo económico ideal al que todo debíamos aspirar? Actualmente, existe un estancamiento de la economía japonesa que se prolongará por los próximos años y sus efectos se sentirán en el resto del mundo.
Hace unos días un ejecutivo de una industria local que participaba de un seminario sobre Prácticas de Comercio Desleal (dumping y subsidios) que patrocinó la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) con la colaboración de expertos del International Trade Commission de Estados Unidos, nos informó que en el último año "el país no avanza para ningún lado". Un distinguido amigo, miembro del Gobierno, se quejó de la desproporción del juicio, de su falta de matices de su injusticia, de su.. Lo interrumpo y, para su sorpresa, le digo que una larga experiencia me indica que el juicio hay que tomarlo como certero... no más que al revés. Preocúpate, le dije, el día que alaben al gobierno como lo hacían con el "milagro latinoamericano", o con Salinas de Gortari, o la forma como lo hicieron los últimos años con los "tigres" y el modelo japonés.