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“Si é crime”


Una reciente decisión judicial brasileña que descrimilalizaría el consumo de drogas, crea interrogantes sobre cómo enfrentar con consistencia ese gran problema de la humanidad.

Tres magistrados de segunda instancia de Sao Paulo absolvieron a una persona arrestada con tres sobrecitos de cocaína, quien alegó ser para uso propio. Ellos entendieron que ese consumo no constituye un crimen, veredicto que descriminalizaría el uso de drogas en el país. Más aún, establece que clasificar como criminal el portar drogas para uso propio es inconstitucional, pues no se ofende a terceros (es una "autolesión") y contradice los principios de intimidad (sería una decisión personal) y de igualdad (portar bebidas alcohólicas no se considera crimen).

La decisión judicial invalida una ley que establece que portar drogas para consumo propio es delito y lo castiga con servicios a la comunidad. Señalan los magistrados que el consumo personal de sustancias nocivas no ocasiona daños a terceros. Sentencian que el Estado no debe imponer una moralidad y tildan de inadmisible que intervenga en una decisión personal.

Considero ese razonamiento muy lógico si uno se limita al portador-consumidor. El que consume bebidas alcohólicas en lugares donde eso no es ilegal, sólo se daña a sí mismo. Pero el portador/consumidor de cocaína vive en un entorno donde la producción y distribución la realizan empresas criminales que engendran una violenta represión global. El portador no cosechó la coca ni fabricó la cocaína: la tuvo que haber comprado. Al hacer, eso creó dinero ilegal que necesita ser lavado y perseguido; contribuyó a la corrupción de funcionarios inmorales y al asesinato o renuncia de algunos honrados, y a los asesinatos entre pandillas por dominar mercados de drogas. Contribuyó a la contaminación de las montañas suramericanas por la fabricación clandestina de cocaína y los intentos patrocinados por Estados Unidos para erradicar la coca con herbicidas. Hay muchos efectos ofensivos para terceros: que somos todos nosotros.

La producción y distribución son las consecuencias del consumo, no sus causas. Sin embargo, se desaprueba a Colombia por la droga de sus selvas, pero no a Estados Unidos o Europa, de cuyas calles viene la demanda. Si desaparecieran las FARC y las pandillas mexicanas, ¿dejaría la droga de producirse y llevarse a tan venerados países? El dinero de sus inocentes consumidores se encargaría de convertir en criminales a otros para suplir a sus vicios.

¿Remedios? Penalizar al narco-consumidor igual o más que al narcotraficante (¿qué dirían los ricos y poderosos que las usan?), o tratar las drogas igual que al alcohol: legal, pero controlado (¿qué harán los contrabandistas y quienes los persiguen?).

101 años de Panamá América

 
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