Si no Irak, Irán
El gobierno del presidente Bush se ha caracterizado por disparar primero y averiguar después. Nunca se comprobó la supuesta participación de Saddan Hussein en el ataque terrorista contra las torres gemelas, ni su tenencia de armas nucleares o biológicas, pero ya han muerto más soldados de EE.UU. en la ocupación de Irak que civiles inocentes víctimas del ataque del 11 de septiembre de 2001. Empantanados en Irak, en una guerra que parece una repetición de la pesadilla en Vietnam, los neoconservadores en el gobierno tratan de desviar la atención hacia una nueva "amenaza" en Irán.
Hay indicaciones que el nuevo secretario de Defensa, Robert Gates, se opone a un ataque "preventivo" contra Irán y estimula a los generales a hablar abiertamente sobre los retos que actualmente confrontan las fuerzas armadas de EE.UU., que podrían ser superiores a sus recursos.
Respecto a un posible ataque a Irán, William Fallon, jefe del Comando Central de las Fuerzas Armadas, dijo el mes pasado que no es conveniente estar constantemente tocando tambores de guerra. Por su parte, George Casey, jefe del estado mayor del ejército, declaró en el Congreso que lo que se espera del ejército está por encima de sus posibilidades actuales y es imposible encarar nuevas contingencias.
Hussein era el peor enemigo de Irán y EE.UU. quizás hubiera podido utilizar la destrucción de la tiranía de Hussein para lograr un acercamiento con el gobierno de Irán. Parece que no se intentó y ahora Irán se ha fortalecido en el Medio Oriente y su gobierno gana popularidad en el mundo islámico por su enemistad hacia Washington.
Aunque la Constitución de EE.UU deja claro que la declaración de guerra es responsabilidad del Congreso, en la Casa Blanca se trata de desviar la atención de Irak a Irán y Bush nos da a entender que poco le importa lo que la gente piensa y dice hoy porque la historia lo reivindicará.
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