Si no veo, no creo
En el Evangelio de este segundo domingo de Pascua, Jesús dice a Tomás, que había dicho " si no veo, no creo", "trae tu dedo, aquí tienes mis manos, trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente". Y contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto". Todo ello sucedió a raíz de que Tomás dudaba de la resurrección de Cristo, al no estar presente cuando el Señor se les apareció a los discípulos, después de resucitar. A los ocho días, se volvió a aparecer estando Tomás.
Nosotros no hemos sido testigos presentes de las cosas que sucedieron estando Jesús en la tierra, pero Dios nos ha regalado la fe para que tengamos esperanza de que lo que nos prometió se cumplirá a su debido tiempo. Repetimos la frase de Tomás: "Señor mío y Dios mío", porque sin haber visto tenemos fe en que Cristo padeció, murió y resucitó, que es la doctrina y la base de nuestra relación con Dios, Padre.
Hoy el hombre vive desorientado porque cree en muchas cosas que no llenan sus ansias y su sed de paz y justicia; ha puesto su credibilidad en personas, riquezas, fama, poder; rinde pleitesía a lo que le llena sus sentidos, pero no el corazón porque nuestra dicha no se basa en creencias vanas, fuimos creados para poseer un reino de amor, justicia y paz. ¿Y quién, fuera de Dios, podrá dar todo eso? Seremos dichosos, pero en la medida en que creamos en lo que tiene valor espiritual, y no nos cansemos de repetir la frase que nos dejó Tomás, ¡Señor mío y Dios mío! Así nuestro norte serán las enseñanzas y el ejemplo que Cristo nos dejó, y su voluntad que nos amemos, como él nos amó.
Nosotros no hemos sido testigos presentes de las cosas que sucedieron estando Jesús en la tierra, pero Dios nos ha regalado la fe para que tengamos esperanza de que lo que nos prometió se cumplirá a su debido tiempo. Repetimos la frase de Tomás: "Señor mío y Dios mío", porque sin haber visto tenemos fe en que Cristo padeció, murió y resucitó, que es la doctrina y la base de nuestra relación con Dios, Padre.
Hoy el hombre vive desorientado porque cree en muchas cosas que no llenan sus ansias y su sed de paz y justicia; ha puesto su credibilidad en personas, riquezas, fama, poder; rinde pleitesía a lo que le llena sus sentidos, pero no el corazón porque nuestra dicha no se basa en creencias vanas, fuimos creados para poseer un reino de amor, justicia y paz. ¿Y quién, fuera de Dios, podrá dar todo eso? Seremos dichosos, pero en la medida en que creamos en lo que tiene valor espiritual, y no nos cansemos de repetir la frase que nos dejó Tomás, ¡Señor mío y Dios mío! Así nuestro norte serán las enseñanzas y el ejemplo que Cristo nos dejó, y su voluntad que nos amemos, como él nos amó.