Sí a Putin; no a Chávez
Los resultados, favorable a Vladimir Putin y desfavorable a Hugo Chávez, tienen mucho que ver con las idiosincrasias de sus pueblos. Putin, por haber escogido el momento propicio y sabido interpretar las aspiraciones de sus conciudadanos fortaleció su poder; Chávez, hizo lo opuesto: equivocó los tiempos y perdió sintonía con un porcentaje muy importante de la mayoría que hasta ahora le ha respaldado.
Putin puede, por haber obtenido una amplísima mayoría en la Duma (la Asamblea rusa) reformar la Constitución y volver a presentarse como candidato a la presidencia o asumir, con facultades ampliadas, el cargo de Primer Ministro, y retener el control real del poder. Chávez, en cambio, deberá sopesar muy bien su próxima movida, pues su margen de maniobra se ha reducido grandemente.
La mayoría de la población rusa, según los sondeos previos a las elecciones, consideró que Putin ha hecho muy buen gobierno; ha restituido el orgullo nacional, devuelto a Rusia protagonismo mundial y logrado notables avances económicos. Además, le favoreció que en su país existe una larga tradición de gobiernos ?todopoderosos?, heredada de la época de los zares, que no se alteró cuando mandaban los déspotas comunistas. Putin, progresivamente, ha incrementado su control del poder y su pueblo parece satisfecho, pues sigue apoyándole.
En el caso venezolano, las circunstancias eran diferentes. Chávez asumió que seguía contando con el 63% de apoyo que le aseguró su última reelección. Motivado por esa presunción, ?se le fue la mano?. No se conformó con pedirle a los venezolanos que lo habilitaran para volver a correr en el año 2013 (la Constitución vigente no se lo permite), sino que fue mucho más lejos y pretendió, más sobre la base de promesas que de los resultados de sus políticas, erigirse en presidente vitalicio.
Chávez no perdió el referendo porque la oposición tuviera la mayoría de los electores, sino porque buena parte de sus seguidores no quiso, con su voto, consagrarlo dictador. La altísima abstención así lo explica. No cabe pensar que los partidarios del No desaprovecharan la oportunidad de expresarle su rechazo. Es más lógico suponer que la abstención, para esa coyuntura específica, y esto es muy importante recalcarlo, fue de simpatizantes de Chávez, que escogieron no firmar el cheque en blanco que éste les pedía.
En América Latina, las dictaduras son de muy dolorosa recordación. Eso lo olvidó Chávez. Todas las dictaduras, algunas muy recientes, dejaron un saldo trágico y, materialmente, destruyeron naciones. Venezuela tiene, en ese aspecto, un largo pasado, que pesó en la mente de muchos chavistas, que prefirieron no correr el riesgo.
Chávez, por un lado, deberá aprender del referendo y reconsiderar algunas de sus posiciones más radicales; la oposición venezolana, por el otro, deberá entender que "su triunfo" fue estrictamente coyuntural y que las causas que en 1997 llevaron a Chávez al poder, siguen hoy tan vigentes como entonces.