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Si yo fuera presidente


Si Panamá fuera la primera potencia del mundo y yo su presidente suena a un cuento para niños, como "Alicia en el país de las Maravillas". Se supone que para ser primera potencia debemos tener una Constitución acorde con la circunstancia, que no deje cabos sueltos para ciudadanos naturalizados y que no pueda ser emparchada simplemente porque se tiene mayoría en la Asamblea.

Alcanzado ese supuesto, debemos concordar que la Corte Suprema estará compuesta por los constitucionalistas más renombrados y honestos del país y que para escogerlos deben pasar primero por la PTJ, Interpol y la Contraloría, además de exponer en un Consejo de la Magistratura su filosofía jurídica.

Se supone también que la Asamblea estaría integrada por diputados académicamente preparados y que el Poder Ejecutivo ejecute, bien o mal, pero que ejecute con voluntad y coherencia. Un elemento imprescindible es contar con el PBI más alto y el mejor índice de Ginni (de distribución de la riqueza) del planeta. Un sistema educativo japonés. Una población con sus necesidades sanitarias cubiertas como en los países nórdicos y una competitividad económica similar a la de Finlandia. Un crecimiento parecido al de China, pero con la calidad de vida de los españoles a la hora de las tapas.

Supuesto todo lo anterior, nuestras empresas serán las mejor administradas y de mayor responsabilidad social, con un fuerte sentido de productividad progresiva y reinversión nacional. Que el sistema financiero haya dejado de lado la especulación en divisas y en bonos para invertir en la industria, que los bancos se dediquen a prestar en proyectos que produzcan empleos y menos en empresas financieras. En fin, que haya pleno empleo y sindicatos dedicados a la capacitación tecnológica con criterio de responsabilidad productiva.

Entendamos también que esto implica que parte del sueldo se obtiene por coparticipación en las ganancias de la empresa. Indudablemente que el sueldo mínimo no debe confundirse -como sucede ahora- con el mínimo sueldo posible, aquel debe ajustarse automáticamente a la inflación y el sueldo máximo de todos los empleados públicos no debe superar más de cinco veces el sueldo mínimo, como salario base. No habrá decimos terceros ni prebendas estatales que no estén sujetas al factor de productividad responsable. Tampoco existirán contratos brujos, transitorios ni bajo cuerda, ni un Golden roll en el Canal, ni Silver roll en el resto del país. Habrá una democracia donde un voto vale un voto y no un cuarto cociente ni cuarto menguante. Gobernará la mayoría de verdad y para ello: habrá balotaje cuando no se alcance la mitad más uno.

Si yo fuera presidente les quitaría la visa o el pasaporte a todos los políticos que mientan o que no cumplan sus promesas electorales. Como eso no puede ocurrir nunca, usted podrá dormir tranquilo y seguiremos como hasta ahora: globalizados en el país de las burbujas, la injusticia social, el tranque nuestro de cada día y los cuentos maravillosos del marketing publicitario.

drjcal@gmail.com

101 años de Panamá América

 
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