Siembras de guerra
No existen excusas de ningún tipo para justificar la matanza masiva de civiles ni en los EU ni en ninguna parte del planeta, ya que esto es incompatible con los más elementales derechos humanos independientemente de su nacionalidad. Los televidentes del mundo quedamos horrorizados ante el ataque de los comandos suicidas, ojalá que en nombre de ese terror no se cometan como venganza actos similares.
Todos en América Latina hemos sufrido o denunciado los abusos reiterados de la política exterior norteamericana y su intervencionismo directo e indirecto en nuestros asuntos internos. A pesar de ese largo historial nadie puede ser indiferente ante lo sucedido, sobre todo nosotros los panameños que aún mantenemos fresca en la memoria la invasión del 20 de diciembre y la tragedia que desencadenó. Así como condenamos esa acción contra nosotros, también condenamos ese atentado contra los norteamericanos.
Aún se desconoce el número de víctimas totales, pero para el poder norteamericano también su orgullo ha sido herido por primera vez en su propio territorio. El ataque golpeó los símbolos del poder económico y militar de los EU, por parte de un enemigo invisible y sin la utilización de alta tecnología balística.
Pero más diabólico que el desastre sufrido el pasado 11 de septiembre podría resultar una guerra, en un inicio focalizada, pero podría generalizarse en una guerra global. Una represalia de EU contra los autores intelectuales no puede implicar de ninguna manera la muerte de otros miles inocentes. La prudencia indica que no se puede responder al terrorismo con más terrorismo.
A medida que las horas pasan, después del fatídico 11 de septiembre, cuando los centros nerviosos de las finanzas y el poder político fueron atacados desde el propio territorio norteamericano, utilizando vuelos comerciales domésticos, algunos analistas se preguntan sobre los agujeros en la seguridad, ya que hace tres años, tras los ataques a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, el Departamento de Estado incrementó en 3 mil millones de dólares los gastos de seguridad para sus representaciones diplomáticas y ahora Collin Powell ha propuesto otro incremento de 1,300 millones para el próximo año.
Este ataque terrorista es una prueba de fuego para la administración Bush tendrá la responsabilidad histórica de escoger entre una venganza que ponga en peligro a más inocentes o la aplicación de planes selectivos que logren el castigo a los culpables, sin afectar la paz mundial. Tal es el dilema: Logra imponerse la actitud del estadista o se impone la línea de Rambo.
El ataque terrorista también demostró que de nada valen los cientos de millones de dólares que se gastan en los "test" del Escudo Antimisiles, ya que se ha demostrado la vulnerabilidad de EU ante simples métodos de secuestros aéreos y colocación de bombas, más que supuestos ataques nucleares desde los llamados "Estados hostiles".
La conducta de la primera potencia del mundo es observada con preocupación debido al incremento de las voces de guerra desde distintos niveles de poder en Washington, más aún, cuando en el lenguaje de los discursos se repite con insistencia la palabra "Guerra".
Nos preocupa que la venganza sustituya a la justicia, que la guerra sustituya la sanción directa a los auténticos responsables. Los agujeros en la costosa seguridad interna norteamericana no pueden ser llenados con la creación de blancos externos para la revancha, más aún, si en esas acciones son arrastrados otros países y gobiernos, sin calcular los riesgos futuros y las consecuencias en las relaciones internacionales.
Ninguna muerte es justificable, ningún atentado contra vidas humanas inocentes puede tener justificación alguna. Hay quienes consideran que si EU no contraataca podría ser considerado signo de debilidad, signo que nunca ha demostrado. Otros opinan que si contraataca podría desencadenar una mayor e incalculable violencia global.
Las voces de guerra querrán desatar una carnicería internacional, pateando cuanto trasero se ponga por delante. Una barbarización de las relaciones entre países, en momentos en que está claro que no existe actualmente unidad de acción entre los grupos islámicos, ya que están fragmentados con objetivos diferentes. Un paso equivocado podría unificar al mundo musulmán e imponer una estrategia extremista del terrorismo mundial como principal arma. En este momento se impone la serenidad y la reflexión por encima de la venganza. Se impone la paz y no la guerra.
Todos en América Latina hemos sufrido o denunciado los abusos reiterados de la política exterior norteamericana y su intervencionismo directo e indirecto en nuestros asuntos internos. A pesar de ese largo historial nadie puede ser indiferente ante lo sucedido, sobre todo nosotros los panameños que aún mantenemos fresca en la memoria la invasión del 20 de diciembre y la tragedia que desencadenó. Así como condenamos esa acción contra nosotros, también condenamos ese atentado contra los norteamericanos.
Aún se desconoce el número de víctimas totales, pero para el poder norteamericano también su orgullo ha sido herido por primera vez en su propio territorio. El ataque golpeó los símbolos del poder económico y militar de los EU, por parte de un enemigo invisible y sin la utilización de alta tecnología balística.
Pero más diabólico que el desastre sufrido el pasado 11 de septiembre podría resultar una guerra, en un inicio focalizada, pero podría generalizarse en una guerra global. Una represalia de EU contra los autores intelectuales no puede implicar de ninguna manera la muerte de otros miles inocentes. La prudencia indica que no se puede responder al terrorismo con más terrorismo.
A medida que las horas pasan, después del fatídico 11 de septiembre, cuando los centros nerviosos de las finanzas y el poder político fueron atacados desde el propio territorio norteamericano, utilizando vuelos comerciales domésticos, algunos analistas se preguntan sobre los agujeros en la seguridad, ya que hace tres años, tras los ataques a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, el Departamento de Estado incrementó en 3 mil millones de dólares los gastos de seguridad para sus representaciones diplomáticas y ahora Collin Powell ha propuesto otro incremento de 1,300 millones para el próximo año.
Este ataque terrorista es una prueba de fuego para la administración Bush tendrá la responsabilidad histórica de escoger entre una venganza que ponga en peligro a más inocentes o la aplicación de planes selectivos que logren el castigo a los culpables, sin afectar la paz mundial. Tal es el dilema: Logra imponerse la actitud del estadista o se impone la línea de Rambo.
El ataque terrorista también demostró que de nada valen los cientos de millones de dólares que se gastan en los "test" del Escudo Antimisiles, ya que se ha demostrado la vulnerabilidad de EU ante simples métodos de secuestros aéreos y colocación de bombas, más que supuestos ataques nucleares desde los llamados "Estados hostiles".
La conducta de la primera potencia del mundo es observada con preocupación debido al incremento de las voces de guerra desde distintos niveles de poder en Washington, más aún, cuando en el lenguaje de los discursos se repite con insistencia la palabra "Guerra".
Nos preocupa que la venganza sustituya a la justicia, que la guerra sustituya la sanción directa a los auténticos responsables. Los agujeros en la costosa seguridad interna norteamericana no pueden ser llenados con la creación de blancos externos para la revancha, más aún, si en esas acciones son arrastrados otros países y gobiernos, sin calcular los riesgos futuros y las consecuencias en las relaciones internacionales.
Ninguna muerte es justificable, ningún atentado contra vidas humanas inocentes puede tener justificación alguna. Hay quienes consideran que si EU no contraataca podría ser considerado signo de debilidad, signo que nunca ha demostrado. Otros opinan que si contraataca podría desencadenar una mayor e incalculable violencia global.
Las voces de guerra querrán desatar una carnicería internacional, pateando cuanto trasero se ponga por delante. Una barbarización de las relaciones entre países, en momentos en que está claro que no existe actualmente unidad de acción entre los grupos islámicos, ya que están fragmentados con objetivos diferentes. Un paso equivocado podría unificar al mundo musulmán e imponer una estrategia extremista del terrorismo mundial como principal arma. En este momento se impone la serenidad y la reflexión por encima de la venganza. Se impone la paz y no la guerra.