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Siglas y limbo


La inmensa cantidad de siglas con las cuales se hace alusión a instituciones, con frecuencia hace difícil su identificación a los lectores. Sería conveniente que las personas que escriben, y en particular, los que lo hacen para el público, no asuman que todo el mundo sabe lo que ellas saben y, por lo tanto, por lo muy conocidas que son, los lectores podrán interpretarlas.

Quienes escriben debieran tomar en cuenta que hay que facilitarle a los lectores la lectura sin que tengan ellos que detenerse a tratar de descubrir qué reprendan unas simples siglas de las que intenten hacer uso.

Lo indicado por parte de quienes escriben es que, al referirse a una entidad cualquiera por primera vez, la identifiquen con su nombre completamente, especialmente si se trata de una organización foránea. De allí en adelante podrá, todo aquel que escriba, referirse a una entidad cualquiera mediante sus siglas cuantas veces lo desee, pero sin someter al lector a tener que detener la lectura para una engorrosa búsqueda de solución, quizá sin lograr hallarla.

Los nombres largos de muchas instituciones inducen al que escribe, sea por ganar tiempo o por pereza, a simplificar; no obstante, no debe perder de vista que es deber de quien lo hace que ello sea en forma tal que el lector capte a cabalidad lo que se ha escrito.

101 años de Panamá América

 
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