default

Siglas y nombres


La labor de los comunicadores es informar. El empeño del que informa, y especialmente si se escribe para el público, debe ser el de que el menos ilustrado de los ciudadanos logre comprender el contenido de lo escrito. Cuando se escribe haciendo referencia a una institución, por muy conocida que sea ésta y muy populariza esté su sigla, conviene identificarla con su nombre completo la primera vez que la mencionemos. De allí en adelante es cuando podrá usarse, puesto que ya el lector podrá identificar la entidad a la cual se alude. No debemos asumir que porque nosotros sabemos qué significan unas siglas, todo el mundo también lo sepa y exponer al lector a que interrumpa la lectura mientras cavila para descubrir de qué institución se trata si es que acierta.
En otro tema, siempre hemos sentido admiración por el espíritu panamericanista de que ha dado prueba nuestro país con la adopción del nombre de cada una de ellas para nuestras escuelas. Ello constituye una loable demostración de fraternidad. Imaginamos cómo se sentiría de halagado el libertador Simón Bolívar si viviera aún para presenciarlo. Muchos colegios llevan el nombre de educadores y educadoras que consagraron sus vidas a la enseñanza. Pero si preguntáramos a sus respectivos alumnos qué saben acerca de las personas con cuyo nombre se distinguen sus colegios, advertiríamos que nada o muy poco. En consecuencia, valdría la pena que en cada uno de esos centros de enseñanza se mantuviera en la dirección un compendio de la vida y obra del personaje que lleva su nombre. Eso constituiría un laudable acto recordatorio y de gratitud y un estímulo para los oyentes.
En cuanto a nosotros concierne, siempre hemos recordado con respeto y agradecimiento a todas aquellas personas que, desde la más tierna edad hasta los claustros universitarios, nos impartieron sus valiosas enseñanzas y nos habilitaron para poder transitar favorablemente por los senderos de la vida. Consideramos que las almas de los educadores son jirones desprendidos de las de Sócrates, Platón y Aristóteles.
De acuerdo con el informe de la PN, de 26 casos de atropello el año pasado en ese distrito, todos murieron.
Inés Valderrama, moradora de Las 500, no puede borrar de su mente el recuerdo de la última víctima que falleció luego de ser arremetida en el "mortal cruce".
Esto ocurrió el pasado 21 de diciembre. El conductor de un bus que viajaba a exceso de velocidad acabó con los sueños de la humilde señora.
Farah de Moreno, familiar de esta persona, comentó que la llevaron al hospital, pero "nunca regresó".
Mientras que en el cruce del Hospital Integrado San Miguel Arcángel (HISMA) no se escapan del peligro.
Los usuarios del nosocomio dicen que después de las 5:00 p.m. no hay nadie para cruzarlos.
Carmen Martínez, quien frecuenta el HISMA, indica que cuando en el área no hay policías de tránsito, tiene que tirarse a la calle y correr para no ser alcanzada por los carros, pese a que en el área hay cinta de seguridad.
El viernes 5 de abril de 2002, en el cruce al centro hospitalario, un auto atropelló a Norma Marcucci Hall, de 19 años, quien murió estando embarazada. Se trató de la quinta víctima de accidentes en ese punto.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América