Sigue el problema
El problema del tránsito asfixiante, específicamente en nuestra ciudad capital, es sumamente serio y no se ha afrontado como corresponde. No es necesario ser experto ni ingeniero urbanista para advertir que es de muy difícil solución.
Nuestra ciudad ha crecido a un ritmo acelerado y nos vemos hoy día envueltos en la vorágine de muchos autos, grandes concreteras, camiones gigantescos y contenedores que atoran nuestras estrechas vías públicas. Ya no se trata de hacer avenidas de cuatro paños.
Una ciudad moderna que no tenga cuatro veces el ancho de nuestra Calle 50 será comercialmente muerta. La Cinta Costera es un bellísimo sueño que se hará realidad, pero sólo constituirá una partícula de lo que necesitamos.
Nos hemos permitido considerar que el atascamiento diario de miles de autos en nuestras calles y avenidas obligará a buscar otros espacios y construir en ellos vías públicas súper anchas en comparación con las que tenemos actualmente.
Hemos tenido el presentimiento de que al paso que vamos nuestra ciudad capital en no muchos años más ofrecerá un aspecto deprimente e irremediablemente sin solución. No podemos engañarnos.
Hemos dicho que el mal será catastrófico, a menos que ocurra un milagro salvador que pueda cambiar la situación. La solución única previsible está en el sistema del monorriel. Este tiene la gran ventaja de no contaminar el ambiente. De eso quedamos persuadidos hace varios meses tras asistir a una exposición que se efectúo en la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá por expertos en el sistema, exposición que consideramos habría sido de gran beneficio para el país de haberse hecho en un estadio o lugar adecuado para conocimiento del pueblo y que juzgara.