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Síguele la pista


La candidatura primero y el triunfo después de Martín Torrijos en el 2004, generó toda suerte de expectativas. Su legitimidad electoral y su pertenencia por razones de edad a una nueva generación política podía suponer un cambio, una real y genuina renovación en la forma de gobernar, sobre todo porque su popularidad, en gran medida, la ganó criticando duramente los errores y desaciertos de la administración anterior. Pero todo quedó en meras expectativas.

La campaña pasada no se distinguió, como no parece distinguirse la presente, por programas de gobiernos debatidos y analizados por los candidatos frente a los electores. Todos sacaron su librito, más como requisito de forma que como compromiso de fondo. No obstante, la ex patria nueva basó ampliamente su campaña en tres promesas fundamentales: cero corrupción, más seguridad y más empleos. A raíz de ello, y luego del triunfo, la sociedad civil, con el auspicio de algunos medios, El Panamá América entre ellos, propusieron y publicaron una especie de "gobiernómetro"; es decir, un mecanismo para llevarle el pulso a los actos de gobierno y evaluar, boletín en mano, el cumplimiento o no de su programa de gobierno. Salvo mejor información, la idea no llegó a ser una realidad y sin mayores evaluaciones respecto a sus ejecutorias, el gobierno llega casi a su final inmerso en escándalos de todo tipo y con una fuerte resistencia hacia la explicación transparente de sus actos, entre otras lamentables características.

La que estamos viviendo, es ya una campaña larga y aburrida. Los aspirantes presidenciales del gobierno, con opciones, cualquiera que resulte, han sido parte integral del equipo de Martín Torrijos. Uno ha sido alcalde por diez años de la capital y manejado una fortuna en recursos municipales durante el decenio, y seguimos viviendo en una ciudad peligrosa, sucia y hostil, por decir lo menos. La otra, Ministra de Vivienda hasta hace poco. La popularidad o evolución, como también le dicen, de esta última, viene de haber sido la cara visible del gobierno en todos los medios de comunicación por casi cuatro años. Era la única ministra que defendía los actos de gobierno, labor que le reconozco, pero que le impide ahora venir a proponer lo que por cuatro años no han hecho desde el poder; o peor aún, cuestionar la gestión del Presidente o poner distancia del mismo. Ambos son las banderas más visibles del continuismo. Bien harían en seguirles la pista a ambos y exigirles rendición de cuentas antes de poder aspirar a seguir mandando.

La idea de seguirle la pista a los gobernantes próximos es fundamental. Para ello, el afianzamiento de las libertades de expresión y de prensa deben seguir siendo pilares invariables de nuestra democracia, a fin de servir como contrapeso del poder, en ausencia de un órgano legislativo que lo haga como se lo ordena la Constitución. No es sólo gobernar, es rendirle cuentas al país como mandatarios que son del pueblo panameño.

101 años de Panamá América

 
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