Sin ambages
Martín Torrijos venera a su padre. En el contexto de su vida personal, eso está bien. Así debe ser. Pero, como candidato presidencial, la veneraciónque Martín tiene por su padre se convierte en un problema político nacionalporque el general Omar Torrijos Herrera fue un dictador.
Martín se ha montado en los hombros del padre para lograr la presidencia dePanamá.
Al hacer eso, Martín ha puesto a su padre nuevamente en el tapetepolítico nacional.
Constatará algo que le será muy doloroso aceptar.
La imagen de Torrijoscomo un gran dirigente popular y el "torrijismo" se han convertido en partedel folklore político de esta nación solamente porque nunca han tenido queenfrentarse a la verdad.
Hoy, cuando volvemos a escuchar aquellas frases que asesores civiles deTorrijos, tales como Chuchú Martínez, pusieron en su boca, no podemosquedarnos callados.
Lo difícil de la situación en que nos encontramos es que los panameñosrespetamos el afecto que una familia tiene por su padre y no nos gustahablar mal de los muertos.
Pero el futuro de esta nación es demasiado importante para dejarnos llevarpor sensibilidades culturales y personales.
La patria, los niños de hoy yla juventud que el PRD trata de engañar, requieren que seamos valientes,que hablemos hoy, y sin ambages.
Hay que decirlo de frente.
Omar Torrijos Herrera no tuvo el valor depermitir que en este país hubiera libertad de expresión.
Como dijo años mástarde su antiguo ministro de gobierno, Juan Materno Vásquez, así cualquieragobierna a un país.
Solamente los que vivieron amordazados, luchando en la clandestinidad parasaber lo que realmente hacía con el país la dictadura de los militares ysus socios civiles, y los que trataban de divulgar la verdad arriesgando suhonor, su vida y el bienestar de sus familiares, pueden entender lafrustración y la amargura que produce ver revivido el mito de Torrijos.
Aún cuando su personalidad no le permitía perpetrar personalmente los actoscriminales que la dictadura requirió para mantenerse en el poder, Torrijosdelegó aquellos actos a su hombre de confianza, Manuel Antonio Noriega,quien disfrutaba de chantajear, torturar y matar.
Así, Torrijos fue responsable de que se sembrara el temor y el terror en unpueblo que antes no había sentido eso.
Fue una tragedia singular en nuestrahistoria.
Nada puede borrar este hecho.
Además, el poder que Torrijos dio aNoriega fue lo que permitió a este último tomarse el poder después demuerto Torrijos.
Ningún respeto tenía Omar Torrijos Herrera por la nación panameña puestoque nos rebajó en nuestra propia estima y en la del mundo que nos veía.
Usando la bandera del Canal, un pintoresco dictador militar que salía en suavión a parrandear a otros países y ocasionalmente se tiraba vestido a unapiscina ante los ojos atónitos de la prensa internacional, convirtió aPanamá en una típica república de banano como las del siglo anterior.
En el extranjero, en vez de ser Panamá solamente un Canal, se convirtió enel país donde mandaba una sola persona.
El Canal de Panamá se convirtió enel Canal de Torrijos.
Imponiendo su voluntad por fuerza de las armas y la corrupción, Torrijosanuló las instituciones estatales que representaban a la ciudadanía y formóuna casta de serviles incondicionales, sin moral, sin ética y sin sentidode obligación hacia la patria.
Funcionarios de las organizaciones financieras internacionales y delGobierno de Estados Unidos vieron cómo los militares y sus socios civilesendeudaban al Estado, metiendo las manos en las arcas nacionales, sincontrol alguno.
¿Qué respeto iban a tener por el pueblo panameño?Los escándalos del palacio que se filtraban al exterior, particularmente enla comunidad diplomática que los repetía más arriba, nos representaban conun nivel muy escaso de moralidad.
Todo aquello sucedió a la sombra de un personalismo promovido precisamentepara darle una cara simpática y atrayente a la dictadura.
Aquellosencuentros con los campesinos, aquellas frases, aquellas dádivas, todo fueuna pantalla para ocultar la realidad.
Se habla hoy del torrijismo.
No hay tal.
El torrijismo es un compendio defrases sin contenido ideológico, precisamente por el afamado pragmatismodel general.
El texto completo de los discursos del general ante diversos públicos no sepublica porque un estudio serio demostraría que Omar Torrijos secontradecía.
Por ejemplo, una vez "casó" a la Guardia Nacional con elpueblo y pocos meses después, efectuó el mismo matrimonio con losempresarios de la Sociedad Americana en Panamá.
La veneración que siente Martín por su padre hace de él un hombre peligrosoa la nación porque tiene la tendencia a cerrar los ojos ante los errores desu padre.
Esta actitud, por ejemplo, le impide comprender que un país democráticorequiere tener una Asamblea que realmente represente al pueblo y que ejerzasu poder independientemente del Organo Ejecutivo.
Hasta ahora, el candidatodel PRD no ha hecho referencia en sus declaraciones al hecho de que enPanamá no existe una Asamblea independiente, al igual que que no existía enla dictadura de su padre.
Tampoco le preocupa que el Organo Judicial sea un organismo dependiente,sujeto a la voluntad del Ejecutivo.
Eso lo hizo su padre, eso sucede ahoray nada ha dicho Martín al respecto.
Lo mismo pasará con la libertad deexpresión, hoy nuevamente amenazada.
No solamente es la veneración que siente Martín por su padre sino tambiénsu compromiso con la cúpula del partido que fundó su padre y la lealtad quesiente hacia los viejos compañeros de Omar Torrijos, que lo conducirán porel mismo camino que su padre.
Así será porque el PRD sigue la línea del general Omar Torrijos, quiensolía decir que el primer deber de un Gobierno es mantenerse en el poder.
Un Gobierno del segundo Torrijos se parecerá a la dictadura del primerTorrijos y será una réplica de la dictadura civil de hoy porque el PRD hacelo que sea para mantenerse en el poder, y el dominio de una nación se lograa través de la anulación de sus instituciones representativas, elsometimiendo del Organo Judicial, la supresión de la libertad de expresióny el control de las arcas nacionales.
Martín no puede aceptar los daños que el general Omar Torrijos ocasionó ala nación.
Sus partidarios dicen "eso pasó hace mucho tiempo".
Eso mismome dijo una joven alemana sobre el Holocausto.
Es lo mismo que dicen lospartidarios del dictador chileno Augusto Pinochet para excusar su terrorismo.
Decir que la parte oscura del pasado debe dejarse en el olvido es invitar aque se repita.
Decir que los crímenes contra una nación deben olvidarseporque fueron algo que "pasó hace mucho tiempo", es aceptar que no hayjusticia en este mundo y que los más fuertes pueden hacer lo que quierancon los más débiles.
Martín se ha montado en los hombros del padre para lograr la presidencia dePanamá.
Al hacer eso, Martín ha puesto a su padre nuevamente en el tapetepolítico nacional.
Constatará algo que le será muy doloroso aceptar.
La imagen de Torrijoscomo un gran dirigente popular y el "torrijismo" se han convertido en partedel folklore político de esta nación solamente porque nunca han tenido queenfrentarse a la verdad.
Hoy, cuando volvemos a escuchar aquellas frases que asesores civiles deTorrijos, tales como Chuchú Martínez, pusieron en su boca, no podemosquedarnos callados.
Lo difícil de la situación en que nos encontramos es que los panameñosrespetamos el afecto que una familia tiene por su padre y no nos gustahablar mal de los muertos.
Pero el futuro de esta nación es demasiado importante para dejarnos llevarpor sensibilidades culturales y personales.
La patria, los niños de hoy yla juventud que el PRD trata de engañar, requieren que seamos valientes,que hablemos hoy, y sin ambages.
Hay que decirlo de frente.
Omar Torrijos Herrera no tuvo el valor depermitir que en este país hubiera libertad de expresión.
Como dijo años mástarde su antiguo ministro de gobierno, Juan Materno Vásquez, así cualquieragobierna a un país.
Solamente los que vivieron amordazados, luchando en la clandestinidad parasaber lo que realmente hacía con el país la dictadura de los militares ysus socios civiles, y los que trataban de divulgar la verdad arriesgando suhonor, su vida y el bienestar de sus familiares, pueden entender lafrustración y la amargura que produce ver revivido el mito de Torrijos.
Aún cuando su personalidad no le permitía perpetrar personalmente los actoscriminales que la dictadura requirió para mantenerse en el poder, Torrijosdelegó aquellos actos a su hombre de confianza, Manuel Antonio Noriega,quien disfrutaba de chantajear, torturar y matar.
Así, Torrijos fue responsable de que se sembrara el temor y el terror en unpueblo que antes no había sentido eso.
Fue una tragedia singular en nuestrahistoria.
Nada puede borrar este hecho.
Además, el poder que Torrijos dio aNoriega fue lo que permitió a este último tomarse el poder después demuerto Torrijos.
Ningún respeto tenía Omar Torrijos Herrera por la nación panameña puestoque nos rebajó en nuestra propia estima y en la del mundo que nos veía.
Usando la bandera del Canal, un pintoresco dictador militar que salía en suavión a parrandear a otros países y ocasionalmente se tiraba vestido a unapiscina ante los ojos atónitos de la prensa internacional, convirtió aPanamá en una típica república de banano como las del siglo anterior.
En el extranjero, en vez de ser Panamá solamente un Canal, se convirtió enel país donde mandaba una sola persona.
El Canal de Panamá se convirtió enel Canal de Torrijos.
Imponiendo su voluntad por fuerza de las armas y la corrupción, Torrijosanuló las instituciones estatales que representaban a la ciudadanía y formóuna casta de serviles incondicionales, sin moral, sin ética y sin sentidode obligación hacia la patria.
Funcionarios de las organizaciones financieras internacionales y delGobierno de Estados Unidos vieron cómo los militares y sus socios civilesendeudaban al Estado, metiendo las manos en las arcas nacionales, sincontrol alguno.
¿Qué respeto iban a tener por el pueblo panameño?Los escándalos del palacio que se filtraban al exterior, particularmente enla comunidad diplomática que los repetía más arriba, nos representaban conun nivel muy escaso de moralidad.
Todo aquello sucedió a la sombra de un personalismo promovido precisamentepara darle una cara simpática y atrayente a la dictadura.
Aquellosencuentros con los campesinos, aquellas frases, aquellas dádivas, todo fueuna pantalla para ocultar la realidad.
Se habla hoy del torrijismo.
No hay tal.
El torrijismo es un compendio defrases sin contenido ideológico, precisamente por el afamado pragmatismodel general.
El texto completo de los discursos del general ante diversos públicos no sepublica porque un estudio serio demostraría que Omar Torrijos secontradecía.
Por ejemplo, una vez "casó" a la Guardia Nacional con elpueblo y pocos meses después, efectuó el mismo matrimonio con losempresarios de la Sociedad Americana en Panamá.
La veneración que siente Martín por su padre hace de él un hombre peligrosoa la nación porque tiene la tendencia a cerrar los ojos ante los errores desu padre.
Esta actitud, por ejemplo, le impide comprender que un país democráticorequiere tener una Asamblea que realmente represente al pueblo y que ejerzasu poder independientemente del Organo Ejecutivo.
Hasta ahora, el candidatodel PRD no ha hecho referencia en sus declaraciones al hecho de que enPanamá no existe una Asamblea independiente, al igual que que no existía enla dictadura de su padre.
Tampoco le preocupa que el Organo Judicial sea un organismo dependiente,sujeto a la voluntad del Ejecutivo.
Eso lo hizo su padre, eso sucede ahoray nada ha dicho Martín al respecto.
Lo mismo pasará con la libertad deexpresión, hoy nuevamente amenazada.
No solamente es la veneración que siente Martín por su padre sino tambiénsu compromiso con la cúpula del partido que fundó su padre y la lealtad quesiente hacia los viejos compañeros de Omar Torrijos, que lo conducirán porel mismo camino que su padre.
Así será porque el PRD sigue la línea del general Omar Torrijos, quiensolía decir que el primer deber de un Gobierno es mantenerse en el poder.
Un Gobierno del segundo Torrijos se parecerá a la dictadura del primerTorrijos y será una réplica de la dictadura civil de hoy porque el PRD hacelo que sea para mantenerse en el poder, y el dominio de una nación se lograa través de la anulación de sus instituciones representativas, elsometimiendo del Organo Judicial, la supresión de la libertad de expresióny el control de las arcas nacionales.
Martín no puede aceptar los daños que el general Omar Torrijos ocasionó ala nación.
Sus partidarios dicen "eso pasó hace mucho tiempo".
Eso mismome dijo una joven alemana sobre el Holocausto.
Es lo mismo que dicen lospartidarios del dictador chileno Augusto Pinochet para excusar su terrorismo.
Decir que la parte oscura del pasado debe dejarse en el olvido es invitar aque se repita.
Decir que los crímenes contra una nación deben olvidarseporque fueron algo que "pasó hace mucho tiempo", es aceptar que no hayjusticia en este mundo y que los más fuertes pueden hacer lo que quierancon los más débiles.