Sin ciencia y en crisis
¡Qué terrible destino ha tenido la Universidad de Panamá! Una maraña de oficinas que malamente organiza una educación de menos que mediana calidad para más de 70 mil hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, que buscan calificaciones profesionales para mejorar sus oportunidades en la vida.
La Universidad de Panamá se ha quedado tan atrás que ya ni siquiera aparece en los registros de universidades distinguidas de la subregión latinoamericana, y ni el Rector, ni nadie, muestra molestia o vergüenza por eso. Ya ni siquiera se pretende que sea una organización dedicada a la producción de conocimientos: en vez de eso se ha vuelto respetable la resignación a que no son más que un grupo protegido por las leyes para devengar un jugoso salario, que no ganarían en ninguna parte.
Más de cien millones de balboas anuales le cuesta al erario público el "jet set" universitario, para que éste, a su vez, albergue mezquinos intereses contrarios a la finalidad educativa. Pregúntese por qué una universidad, la principal del país, no ofrece acceso inhalámbrico gratuito a Internet a sus profesores y estudiantes en el campus. Pues, porque iría en detrimento de los pequeños negocios que han surgido al calor del clientelismo y la prebenda. Al cumplir sus primeros 73 años, la otrora augusta Casa de Méndez Pereira y Harmodio Arias atraviesa una severa crisis en su misión, de la que nadie sabe cómo podrá recuperarse, pero que a nadie allí tampoco parece importarle mucho.