Sin estacionamientos en la Corte Suprema
A muchos les pareció una gran idea, a otros no. A Panamá había revertido el regio edificio del Hospital Gorgas gracias a los tratados del Canal. No obstante, restablecida la democracia, bajo la presidencia de Guillermo Endara, parte del magnífico complejo arquitectónico se destinaría al Órgano Judicial y otra al Instituto Oncológico. Vivíamos los primeros meses de 1990. Hasta entonces, el edificio yacía ocioso, como símbolo de la imprevisión y desidia de los gobiernos previos, bajo la dictadura militar. Pero estaba tan bien hecho, que el tiempo apenas le hizo mella, gracias a su sólida estructura del mayor hospital militar del Comando Sur de Estados Unidos.
Algunos habrían preferido seguirlo usando para lo que se construyó, como centro hospitalario, sea a cargo del Ministerio de Salud o del Seguro Social. Era tan grande y magnífico que, junto con el San Miguel Arcángel, construido pocos años después, habrían colmado acaso por décadas todas las necesidades hospitalarias del sector público metropolitano. Nuestro problema era llenarlo y asignarle presupuesto.
Pero en ese momento se optó por darlo en parte a la Administración de Justicia que no llenaba ni medianamente sus expectativas y, al mismo tiempo, por privar a la Salud Pública de la oportunidad de satisfacer plenamente las suyas. No se hizo bien ni una cosa ni otra. El caso es que allí lo tenemos, medio edificio del antiguo Gorgas dedicado a servir a la Corte Suprema de Justicia, a tribunales superiores y despachos accesorios. Aquello es un desastre. Y no sólo por los estacionamientos, al que aludimos en el título, sólo para destacar uno de sus problemas más críticos. Prácticamente, los carros deben ubicarse unos encima de otros, sin que surja ninguna mente de buen juicio, que justifique sus altos salarios para hacer posible un edificio de aparcamiento. Pero hay otros problemas. El edificio es insuficiente y no soluciona para nada la dispersión. La Sala Tercera de la Corte carece de sala de audiencias y debe despachar casi en los pasillos. Hay juzgados y oficinas repartidos por toda la capital, incluyendo los de Comercio, que operan en un deplorable caserón de tres pisos, sin elevador, con escaleras tan cortas y empinadas, difíciles o imposibles de subir para personas de mediana y tercera edad, para no hablar de minusválidos y sus derechos tan en boga.
Es tiempo de relanzar la idea de la Ciudad Judicial. Y de paso, devolver al Gorgas lo que era del Gorgas, ya ahora bajo el nombre que queramos.
Algunos habrían preferido seguirlo usando para lo que se construyó, como centro hospitalario, sea a cargo del Ministerio de Salud o del Seguro Social. Era tan grande y magnífico que, junto con el San Miguel Arcángel, construido pocos años después, habrían colmado acaso por décadas todas las necesidades hospitalarias del sector público metropolitano. Nuestro problema era llenarlo y asignarle presupuesto.
Pero en ese momento se optó por darlo en parte a la Administración de Justicia que no llenaba ni medianamente sus expectativas y, al mismo tiempo, por privar a la Salud Pública de la oportunidad de satisfacer plenamente las suyas. No se hizo bien ni una cosa ni otra. El caso es que allí lo tenemos, medio edificio del antiguo Gorgas dedicado a servir a la Corte Suprema de Justicia, a tribunales superiores y despachos accesorios. Aquello es un desastre. Y no sólo por los estacionamientos, al que aludimos en el título, sólo para destacar uno de sus problemas más críticos. Prácticamente, los carros deben ubicarse unos encima de otros, sin que surja ninguna mente de buen juicio, que justifique sus altos salarios para hacer posible un edificio de aparcamiento. Pero hay otros problemas. El edificio es insuficiente y no soluciona para nada la dispersión. La Sala Tercera de la Corte carece de sala de audiencias y debe despachar casi en los pasillos. Hay juzgados y oficinas repartidos por toda la capital, incluyendo los de Comercio, que operan en un deplorable caserón de tres pisos, sin elevador, con escaleras tan cortas y empinadas, difíciles o imposibles de subir para personas de mediana y tercera edad, para no hablar de minusválidos y sus derechos tan en boga.
Es tiempo de relanzar la idea de la Ciudad Judicial. Y de paso, devolver al Gorgas lo que era del Gorgas, ya ahora bajo el nombre que queramos.