Sin ley o con ley, los jóvenes queremos una mejor guía
¿Qué implica, verdaderamente, la educación sexual? Hablar sobre este tema implica ámbitos religiosos, sociales, biológicos y psicológicos; entonces, no es cosa sencilla cuya responsabilidad cae en uno de dos entes: familiares o docentes.
El verdadero problema es que muchos padres o docentes no están educando en realidad, sino solamente informando, pero informan según sus paradigmas y conductas determinadas, produciendo en los jóvenes un desinterés total en este asunto.
¿Entonces, cómo podemos mejorar la educación sexual? Comencemos con los niños de pre-escolar; desde allí se puede enseñar, primeramente, sobre roles que se modelan en esa etapa, sobre el género y el respeto al cuerpo y a sus partes. Así de sencillo, no se necesita enseñar más. A medida que se avanza en caso de los jóvenes de primaria, enseñanzas sobre formas afectivas como la amistad, el respeto a los amigos y demás. En la secundaria, debemos enfocarnos en temas más específicos, tales como reproducción sexual, enfermedades venéreas; incluso, enseñar realmente sobre los valores afectivos y la abstinencia. Quizás así lográramos programas muchos más interesantes a la sociedad.
Entonces, no recae en uno de los dos, realmente son ambos (padres de familia y docentes) los que paso a paso tienen que ir enseñando y no solamente informando a los niños, jóvenes, inclusive hasta después de haber cumplido la mayoría de edad.
En caso del hogar, siempre he considerado que los jóvenes deben sentirse seguros al hablar con sus padres; de allí las raíces de una buena comunicación desde el principio.
Y así es que con ley o sin ley tendremos una mejor guía. Ahora hay que enfocar esto hacia el futuro.