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Sin pena ni gloria


Otro día de la Tierra, nuevamente pasó desapercibido ante la gran mayoría de panameños, al menos al nivel que se merece nuestro afectado planeta. Salvo algunas iniciativas aisladas de diversas, instituciones y organizaciones ambientalistas, la caminata organizada por el Parque Metropolitano y la tarjetita que hizo mi hijo en el pre-escolar, felicitando a la Madre Tierra, fue poco lo que pude ver en el ambiente en torno a esta importante conmemoración.
Esta segregación del evento, es reflejo de la percepción que aún persiste en la ciudadanía, de que el tema ambiental es exclusividad de biólogos, amantes de la foresta y de aquel grupito de "utópicos" que están desesperados por respirar aire puro, tener acceso constante a agua de buena calidad y vivir en ambientes sanos: los ambientalistas; como si eso no fuera un derecho inalienable de todos.
Sin embargo, en el marco de esta celebración tuve la oportunidad de participar en un foro organizado por ANAM, ACP; AMUP y Ciudad del Saber, en donde tres excelentes exposiciones y el resumen magistral del Dr. Guillermo Castro identificaban seriamente el problema urbano como problema ambiental. Las conclusiones de los participantes: Simplemente, ante el grave problema urbano-ambiental, no existen políticas coherentes de Estado para hacerle frente.
Escuchando todo lo que allí se dijo -me daba la impresión- que vivimos en tres países que se mueven en una espiral. El Panamá donde los ciudadanos claman por mejor calidad de vida, agua, ambiente sano, infraestructuras eficientes; el segundo, el de las instituciones que muy inteligentemente identifican los problemas y plantean posibles soluciones viables; el tercero el Panamá que llevan adelante grupos de poder que deciden cómo, cuándo y dónde, creando gran parte del problema, del que luego nos sentamos a debatir en los foros para analizar nuevamente entre cuatro paredes y volver a plantear las posibles soluciones viables.
Me pregunto si ¿no es ya hora de restablecer la dirección del país y enfocar todos los esfuerzos hacia una misma política de sostenibilidad de manera que no acabemos "con la gallinita de los huevos de oro"?
No es posible que sigamos generando leyes que continúen contradiciéndose entre sí. De esto tenemos los más variados ejemplos como: La Ley de enajenación de islas y costas vs. la Ley de ordenamiento territorial, o La Ley que amplía el Parque Camino de Cruces vs. la que le da a la Asamblea Nacional, las mismas hectáreas que compensaban las hectáreas boscosas que se perdieron con la construcción del Corredor Norte; o por ejemplo la violación a una Ley, un decreto presidencial y una resolución municipal que protegen el Cerro Ancón y lo hacen Parque Público, para que luego el mismo Estado panameño, lo enajene para el lucro de un particular.
El espiral se repite, ahora dentro del marco del II Congreso Mesoamericano de Áreas Protegidas en donde continúa la misma diatriba de "conservación" sin planes eficaces de implementación, con el divorcio por parte de la Autoridad Nacional del Ambiente, de los primeros preocupados en la conservación del entorno: las comunidades.
Ya basta de tanta contradicción e improvisación, es hora de actuar con visión y ser coherentes en las acciones que como país, van dirigidas a la sostenibilidad del desarrollo a largo plazo y que garantizan el mejor aprovechamiento de nuestros recursos.
Acaso, ¿no es el mismo principio que aplica para el proyecto de ampliación del Canal?
(*) Del Comité Pro Defensa de Bosques Urbanos.
La dicción del Nuevo Testamento, Juan y Pablo, está en algunos momentos teñida de gnosticismo, sea de una manera consciente sea sin advertirlo. No en lo revelado, pero sí en ciertas fórmulas.
Y baste por ahora.

101 años de Panamá América

 
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