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Sin pena ni gloria


El Artículo 279 de la Constitución Nacional señala que el Contralor General de la República será nombrado "por un período igual al del Presidente de la República, dentro del cual no (podrá) ser (suspendido) ni (removido), sino por la Corte Suprema de Justicia, en virtud de causas definidas por la Ley". No estamos ante un funcionario de libre remoción y nombramiento del Presidente de la República, como lo son, por ejemplo, los ministros de Estado, susceptibles al rejuego político que ejercitan nuestros gobiernos. Estamos frente a un funcionario que debe demostrar independencia de criterio y cuyo cargo es fijado por un tiempo específico. Mal puede Dani Kuzniecky "haber cumplido la tarea encomendada" como contralor, no sólo por no completar el período al cual estaba obligado por Constitución, sino por los B/. 118 millones que debe recuperar el Estado por lesiones pasionales, entre otras cosas.
Nadie duda de la honradez que ejerció el contralor Kuznieky en el cargo, independientemente de algunos deslices que pudo haber cometido. Pero queda muy mal parado, no sólo al irse antes de tiempo, sino por permitir que su investidura de Contralor General de la República fuese susceptible a los vaivenes y avatares de la política criolla, con el agravante de presentar su renuncia ante la Asamblea Nacional, después que en una conferencia de prensa el Presidente de la República anunciaba su nombramiento como Ministro de Estado, prácticamente obligándolo a renunciar al cargo de Contralor. Ni hablar de su nuevo cargo como Ministro de Asuntos del Canal, cuya función, a parte de presidir la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá, no implica mayor relevancia.
Lo que acaba de suceder dibuja un panorama triste y desolador en la cosa pública, donde los intereses políticos privan sobre las instituciones constitucionales y democráticas; donde la presión partidaria priva sobre el ejercicio honesto del cargo; y donde el fácil acomodo priva sobre la rectitud de principios.
Nada hay más imperioso que la debilidad cuando se siente apoyada por la fuerza. (Napoleón Bonaparte).
Todo lo que se desea con fuerza termina por llegar. (K.J.Weber)

101 años de Panamá América

 
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