Sistema carcelario
Hemos tratado este tema hasta el cansancio y tenemos que seguir tratándolo por su innegable importancia. El problema del cuadro dantesco que presentan nuestras cárceles por el alarmante hacinamiento que impera en ellas no se resolverá jamás mientras no se designe una comisión de técnicos que cubra tanto los centros de reclusión como los de rehabilitación de delincuentes para hacerlos dignos de ser insertos en la sociedad de las cuales se les sacó para purgar pena por la comisión de sus delitos.
Nos ha alentado un tanto la noticia de que el Estado destinó una partida de sesenta millones de dólares para construir unas nuevas. No obstante, eso no basta. Hay que establecerlas, a más de que tengan espacios holgados, en sitios con amplios terrenos para que aquellos que estén purgando largas penas, cultiven en ellos muchos de los productos que han de consumir, lo que reducirá en apreciable escala el gasto de su alimentación que, sin duda, aunque desconocido, debe ser enorme. Y aumentará más aún. Ello, debido a que al país nos llegará una avalancha de todo tipo de malhechores y buen número de ellos serán atrapados.
Debemos dejar de seguir engañándonos. El horroroso hacinamiento actual obliga a efectuar, con urgencia, múltiples desalojos; por tal razón, nuestras autoridades se ven en la necesidad de liberar a peligrosos delincuentes inventándoles merecimientos de rebaja de pena por buena conducta a los menos indisciplinados, y peor aún, liberándolos. Como consecuencia, regresarán prontamente al seno de la sociedad a repetir sus hazañas, porque es bien sabido, por lo demostrado, que en su inmensa mayoría los delincuentes reinciden.
Para resolver este angustioso problema es ya tarde, pero debe ser de prioritaria atención para el próximo gobierno.