Sistema nacional de educación
La educación universitaria ha sido fuertemente cuestionada en los últimos años y se señala que su crisis es parte de la que aqueja al sistema educativo en su conjunto. Dicha crisis es de carácter universal porque existe en los países en vías de desarrollo y en los altamente industrializados.
La educación universitaria en Panamá ha ofrecido un valioso aporte al desarrollo del país a través de la formación de profesionales en casi todas las disciplinas; pero, hoy encara el reto de mejorar la calidad y pertinencia de sus carreras, programas y servicios; es decir, se requiere formar profesionales con un nuevo perfil que responda a las nuevas exigencias de la era del conocimiento y la información, con conocimientos actualizados, nuevas tecnologías, actitudes y valores éticos.
A la par de este reto de calidad que debe enfrentar, debemos mencionar las profundas transformaciones económicas, políticas y sociales que están ocurriendo en el contexto nacional y regional, con la apertura de mercados en una economía globalizada y competitiva, el acelerado avance científico y tecnológico y la irrupción de la informática que están obligando a las universidades a hacer una revisión de fondo de su misión, objetivos, estructura y funcionamiento.
Estamos viviendo una época muy diferente a las anteriores porque estamos presenciando la decadencia del paradigma de la era industrial y de la era del conocimiento y de la información. El cambio y transformación en la educación universitaria es un imperativo de la época. Frente a ese reto de mejoramiento continuo de la calidad, ha surgido un movimiento, en casi todos los países para crear sistemas nacionales de evaluación y acreditación de la calidad de la educación universitaria. Panamá es uno de los pocos países que aún no cuenta con uno. Estos persiguen dos objetivos: 1. Evaluar el desempeño de cada universidad y del sistema en su conjunto para propiciar el mejoramiento continuo de la calidad de la educación universitaria. 2. Ofrecer información válida a los diferentes actores vinculados con el desarrollo de las universidades para garantizar a la sociedad que las universidades cumplen los más altos requisitos de calidad y realizan sus propósitos y objetivos.
A pesar de los diferentes modelos y variedad de procedimientos para la evaluación y acreditación, podemos mencionar cuatro rasgos comunes que pueden servir de marco obligatorio para cualquier modelo de evaluación y acreditación: 1. Se inicia siempre con un proceso diagnóstico o autoevaluación. 2. Se complementa con la evaluación de pares académicos externos. 3. Debe terminar con un plan de acción prospectivo para superar las debilidades detectadas. 4. Debe realizarse en forma permanente y continua.
En Panamá hemos tenido algunas experiencias evaluativas. La Universidad Tecnológica y la Universidad de Panamá han realizado autoevaluaciones institucionales y evaluación de pares académicos externos con la asesoría del CSUCA. Algunas universidades particulares también han realizado actividades evaluativas. También la evaluación a través de la fiscalización que la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica realizan a las universidades particulares.
El periódico La Prensa ha publicado un Ranking Universitario durante los dos últimos años pero debemos señalar que se trata de un sondeo de percepciones y opiniones, y no una evaluación de la calidad que puede confundir a la comunidad al ofrecer información que no tiene validez científica.
Ahora el Presidente del Consejo de Rectores de Panamá Dr. Miguel Ángel Cañizales, ha conseguido la asistencia técnica de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para discutir y consensuar algunas estrategias para la implementación de un Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación como organismo acreditador de la calidad de la educación en Panamá. Se tendrá que definir el modelo de evaluación, la creación del organismo acreditador, su integración y funciones, la metodología a seguir definiendo los factores, criterios, variables e indicadores para evaluar la calidad de la educación universitaria, que debe ser un proceso participativo, permanente, flexible e interactivo.
La educación universitaria constituye un factor estratégico para poder enfrentar los nuevos desafíos de la era del conocimiento, pero debe concebirse como una inversión a largo plazo que fortalece la identidad y la cultura nacional, acrecienta la competitividad económica y favorece la cohesión e integración social.
La educación universitaria en Panamá ha ofrecido un valioso aporte al desarrollo del país a través de la formación de profesionales en casi todas las disciplinas; pero, hoy encara el reto de mejorar la calidad y pertinencia de sus carreras, programas y servicios; es decir, se requiere formar profesionales con un nuevo perfil que responda a las nuevas exigencias de la era del conocimiento y la información, con conocimientos actualizados, nuevas tecnologías, actitudes y valores éticos.
A la par de este reto de calidad que debe enfrentar, debemos mencionar las profundas transformaciones económicas, políticas y sociales que están ocurriendo en el contexto nacional y regional, con la apertura de mercados en una economía globalizada y competitiva, el acelerado avance científico y tecnológico y la irrupción de la informática que están obligando a las universidades a hacer una revisión de fondo de su misión, objetivos, estructura y funcionamiento.
Estamos viviendo una época muy diferente a las anteriores porque estamos presenciando la decadencia del paradigma de la era industrial y de la era del conocimiento y de la información. El cambio y transformación en la educación universitaria es un imperativo de la época. Frente a ese reto de mejoramiento continuo de la calidad, ha surgido un movimiento, en casi todos los países para crear sistemas nacionales de evaluación y acreditación de la calidad de la educación universitaria. Panamá es uno de los pocos países que aún no cuenta con uno. Estos persiguen dos objetivos: 1. Evaluar el desempeño de cada universidad y del sistema en su conjunto para propiciar el mejoramiento continuo de la calidad de la educación universitaria. 2. Ofrecer información válida a los diferentes actores vinculados con el desarrollo de las universidades para garantizar a la sociedad que las universidades cumplen los más altos requisitos de calidad y realizan sus propósitos y objetivos.
A pesar de los diferentes modelos y variedad de procedimientos para la evaluación y acreditación, podemos mencionar cuatro rasgos comunes que pueden servir de marco obligatorio para cualquier modelo de evaluación y acreditación: 1. Se inicia siempre con un proceso diagnóstico o autoevaluación. 2. Se complementa con la evaluación de pares académicos externos. 3. Debe terminar con un plan de acción prospectivo para superar las debilidades detectadas. 4. Debe realizarse en forma permanente y continua.
En Panamá hemos tenido algunas experiencias evaluativas. La Universidad Tecnológica y la Universidad de Panamá han realizado autoevaluaciones institucionales y evaluación de pares académicos externos con la asesoría del CSUCA. Algunas universidades particulares también han realizado actividades evaluativas. También la evaluación a través de la fiscalización que la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica realizan a las universidades particulares.
El periódico La Prensa ha publicado un Ranking Universitario durante los dos últimos años pero debemos señalar que se trata de un sondeo de percepciones y opiniones, y no una evaluación de la calidad que puede confundir a la comunidad al ofrecer información que no tiene validez científica.
Ahora el Presidente del Consejo de Rectores de Panamá Dr. Miguel Ángel Cañizales, ha conseguido la asistencia técnica de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para discutir y consensuar algunas estrategias para la implementación de un Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación como organismo acreditador de la calidad de la educación en Panamá. Se tendrá que definir el modelo de evaluación, la creación del organismo acreditador, su integración y funciones, la metodología a seguir definiendo los factores, criterios, variables e indicadores para evaluar la calidad de la educación universitaria, que debe ser un proceso participativo, permanente, flexible e interactivo.
La educación universitaria constituye un factor estratégico para poder enfrentar los nuevos desafíos de la era del conocimiento, pero debe concebirse como una inversión a largo plazo que fortalece la identidad y la cultura nacional, acrecienta la competitividad económica y favorece la cohesión e integración social.