Sistema sanitario con sentido social
La ciudadanía panameña ha participado de un reciente proceso electoral y, al hacerlo, ha manifestado abrumadoramente su demanda de cambios en la situación del país y en la manera de conducir los asuntos del Estado. Los medios de comunicación aluden en forma reiterada y coincidente a cinco grandes problemas que demandan solución: La seguridad ciudadana, el costo de la vida, el transporte, la educación, la salud. El reclamo social con respecto a la salud se resume en las 4 S del título de este artículo: Sistema Sanitario con Sentido Social.
En ese sentido, se percibe la vigencia de los temas tratados en la Concertación para el Desarrollo. Trascendiendo las limitaciones de ese cuestionado método político de dialogar y distraer a las fuerzas sociales reclamantes, mencionemos la permanencia de sus contenidos. Ella surgió como fórmula para garantizar el retorno social de los beneficios de la ampliación del Canal. Todos debemos recordar que fue la decisión de ampliación la que motivó el reclamo social de que los retornos de esa inversión se utilizaran en el desarrollo.
El fundamento de aquella decisión de ampliación correspondía a un crecimiento que para ese momento se ostentaba como sostenido. También es preciso señalar nuestra convicción de que ese crecimiento notable se hizo ostensible a partir de la devolución del Canal. Ello confirma que el mismo no es mérito atribuible a administración alguna, sino consecuencia directa de la devolución del Canal, y por tanto, es mérito adjudicable a la visión y sacrificio de consecutivas generaciones de panameños, que señalaron que el Canal debía ser devuelto por dignidad nacional y porque era el principal recurso del país.
Toda vez que el desarrollo se percibe y reconoce como imagen objetivo de la ciudadanía, es menester aclarar algunos conceptos sobre el subdesarrollo que deseamos dejar atrás.
La esencia del subdesarrrollo está ligada a su forma. Consiste en la coexistencia de regiones de desarrollo material y social diferentes y disarmónicas. En consecuencia, el papel del Estado en el subdesarrollo es ser agente nivelador de las diferencias, y que su esfuerzo, sin perjudicar a las regiones desarrolladas, priorice el avance de las zonas postergadas. En este sentido, la salud y la educación han sido identificadas como motores del impulso al desarrollo. La intención y direccionalidad de la Mesa, al abordar cada uno de los temas era propiciar que el Estado cumpla su papel nivelador.
Ese rol estatal es imprescindible, decisivo e indelegable. Por ello, cualquier propuesta que, so pretexto de instrumentalizar las recomendaciones de impulsar la descentralización del Estado, pretenda hacer recaer en los niveles locales la responsabilidad de las acciones de educación y salud, lo que hacen es recargar esos niveles con responsabilidades que no están en condiciones de desempeñar -justamente por su condición de infradesarrollo-. Esto las colocaría en condición de insuficiencia, facilitando que se tome la decisión de delegarlas en grupos de interés crematístico.