Situación energética del país
El Gobierno se ha trazado una política de crecimiento de la economía como una medida para reducir la pobreza. Para que exista desarrollo debe haber energía que lo permita; la provisión inadecuada de energía frena el crecimiento de la economía. Cuando en algún momento se evaluó el costo al país de la falta de suministro de electricidad (uno de los principales componentes del sector energético) se estimó como 10 veces del precio de venta de la misma. Entonces es imprescindible que se garantice que el país cuente con la energía necesaria para facilitar su desarrollo.
En artículos de prensa reciente se ha mencionado que la demanda está creciendo a una tasa de 5% anual; esto implica que en 5 años debería incorporarse al sistema eléctrico nacional capacidad adicional de por lo menos 300 MW (en la actualidad la demanda máxima excede de 900 MW). Para satisfacer esta demanda con centrales hidroeléctricas, las misma debieran estar en construcción en la actualidad; lo cierto es que la capacidad de los proyectos hidroeléctricos en construcción o a punto de iniciar está muy por debajo de dicha demanda; tampoco existe en el momento ningún desarrollo termoeléctrico que pudiera igualmente aportar a la satisfacción de dicha demanda. Esto plantea la posibilidad de un déficit de energía a 5 años plazo, o antes si se acelera el crecimiento de la economía.
El marco legal del mercado eléctrico asume que las empresas distribuidoras de electricidad tienen la obligación de suplir la demanda durante todo el período de su concesión, pero., como mencionamos antes no se vislumbra un desarrollo en el sector eléctrico a mediano plazo que satisfaga la creciente demanda de energía eléctrica.
Aunque se ha hablado mucho de las ventajas de las centrales hidroeléctricas, lo cierto es que un desarrollo del sector eléctrico basado en las mismas representa un riesgo para el sistema: hace varias semanas producto de una sequía en la región occidental del país corrimos el riesgo de sufrir apagones. Hace varios años en Brasil, donde una parte importante de su plantel eléctrico se basa en centrales hidroeléctricas, hubo que racionar la electricidad producto de sequías en los principales embalses del país, lo que afectó la producción industrial.
Como mencionaba anteriormente, más caro sale al país la energía no servida, por ello se requiere implantar lo antes posible un política de Estado que asegure el suministro de la energía eléctrica que requiere nuestro desarrollo.
La identificación de necesidades, según los criterios de los sujetos de desarrollo, debe generar procesos de investigación en proyectos de tecnología intermedia o tecnología adecuada, como también suele llamarse, para desarrollar respuestas o soluciones relevantes para los sujetos y las comunidades y debiera incluir a) generación de destrezas y capacidades individuales y comunitarias; b) reorientación de la tecnología como instrumentos social, en contraposición a su uso como bien comercial; c) aprovechamiento de recursos locales, humanos, materiales y culturales de las comunidades; d) programas de educación en línea; e) rediseño de cursos y carreras en el currículum universitario.
El esfuerzo que significa implementar algunas de estas ideas y la complejidad del proceso, exigiría descentralizar las instituciones y actividades universitarias. No se trata solo de formar profesionales para el mercado, sino también insertar en el mercado a los sectores más postergados mediante actividades de capacitación y entrenamiento y, de hecho, abrir por primera vez el mercado a estos sectores.
La planificación de este proceso requeriría en sí, un proceso de planificación detallado y la articulación de la Universidad con el Estado y la sociedad civil en una medida mucho más profunda y a un nivel mucho más elevado de lo poco que se ha hecho hasta ahora.
En artículos de prensa reciente se ha mencionado que la demanda está creciendo a una tasa de 5% anual; esto implica que en 5 años debería incorporarse al sistema eléctrico nacional capacidad adicional de por lo menos 300 MW (en la actualidad la demanda máxima excede de 900 MW). Para satisfacer esta demanda con centrales hidroeléctricas, las misma debieran estar en construcción en la actualidad; lo cierto es que la capacidad de los proyectos hidroeléctricos en construcción o a punto de iniciar está muy por debajo de dicha demanda; tampoco existe en el momento ningún desarrollo termoeléctrico que pudiera igualmente aportar a la satisfacción de dicha demanda. Esto plantea la posibilidad de un déficit de energía a 5 años plazo, o antes si se acelera el crecimiento de la economía.
El marco legal del mercado eléctrico asume que las empresas distribuidoras de electricidad tienen la obligación de suplir la demanda durante todo el período de su concesión, pero., como mencionamos antes no se vislumbra un desarrollo en el sector eléctrico a mediano plazo que satisfaga la creciente demanda de energía eléctrica.
Aunque se ha hablado mucho de las ventajas de las centrales hidroeléctricas, lo cierto es que un desarrollo del sector eléctrico basado en las mismas representa un riesgo para el sistema: hace varias semanas producto de una sequía en la región occidental del país corrimos el riesgo de sufrir apagones. Hace varios años en Brasil, donde una parte importante de su plantel eléctrico se basa en centrales hidroeléctricas, hubo que racionar la electricidad producto de sequías en los principales embalses del país, lo que afectó la producción industrial.
Como mencionaba anteriormente, más caro sale al país la energía no servida, por ello se requiere implantar lo antes posible un política de Estado que asegure el suministro de la energía eléctrica que requiere nuestro desarrollo.
La identificación de necesidades, según los criterios de los sujetos de desarrollo, debe generar procesos de investigación en proyectos de tecnología intermedia o tecnología adecuada, como también suele llamarse, para desarrollar respuestas o soluciones relevantes para los sujetos y las comunidades y debiera incluir a) generación de destrezas y capacidades individuales y comunitarias; b) reorientación de la tecnología como instrumentos social, en contraposición a su uso como bien comercial; c) aprovechamiento de recursos locales, humanos, materiales y culturales de las comunidades; d) programas de educación en línea; e) rediseño de cursos y carreras en el currículum universitario.
El esfuerzo que significa implementar algunas de estas ideas y la complejidad del proceso, exigiría descentralizar las instituciones y actividades universitarias. No se trata solo de formar profesionales para el mercado, sino también insertar en el mercado a los sectores más postergados mediante actividades de capacitación y entrenamiento y, de hecho, abrir por primera vez el mercado a estos sectores.
La planificación de este proceso requeriría en sí, un proceso de planificación detallado y la articulación de la Universidad con el Estado y la sociedad civil en una medida mucho más profunda y a un nivel mucho más elevado de lo poco que se ha hecho hasta ahora.