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Situaciones extremas, soluciones extremas


Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
Los cambios estructurales son necesarios. Con total responsabilidad y cordura, muchos ciudadanos hemos expuesto la necesidad de cambios que permitan un despegue económico, una nivelación social y mejor distribución de la riqueza. Independiente a cualquier injerencia extranjera.
Hay quienes arguyen que el aumento del desempleo abierto al 14.4% (cifras oficiales) y cerrado con estimaciones al 30%, así como la violencia de cualquier tipo (crímenes, secuestros, asesinatos, etc.) es producto de la salida de los norteamericanos de la franja canalera, nuestra verdadera independencia (en 1999), y permitirle al país tomar decisiones soberanas. Gracia a Dios el común de los panameños pensamos diferente y sabemos que independientemente con gringos o sin gringos, nuestra situación es invariable, mientras mantengamos la mentalidad de pueblo subdesarrollado (ver Desempleo y hambre en Panamá, julio 9 de 2002, página de Opinión, El Panamá América).
Hemos hecho llamados a los inversionistas panameños a poner en circulación sus capitales, ya que su rendimiento es mayor que en las bóvedas bancarias. Nuestra economía se deteriora por ésta u otras razones.
Observamos a los desempleados (en su gran mayoría jóvenes con altos niveles académicos o padres jóvenes), como contraparte, la cantidad de personas jubiladas que son nombradas o contratados por servicios profesionales (en los gobiernos), con altos emolumentos que muchas veces no justifican, guarda relación con el rumbo que toma nuestra economía.

En entregas anteriores hemos sugerido:
  • La eliminación de las partidas circuitales (situación hasta el momento avalada favorablemente y fuera de presupuesto).

  • Eliminación de los aportes millonarios del Estado a los partidos políticos.

  • Incluir como salario los gastos de representación (públicos o privados) y como ingresos generales hasta los viáticos, fundamentalmente en la empresa privada, a fin de evitar la defraudación fiscal.

  • Unificar y disminuir el salario de las posiciones de magistrados, ministros, viceministros y similares.

  • Eliminar el salario o cualquier emolumento que reciban los suplentes (legisladores, representantes y vicealcaldes); excepto aquellos justificados por una jornada de trabajo diario, en una posición administrativa.

  • Suspender o minimizar nuestra participación en el Parlamento Centro Americano (no más de 5 diputados).

  • Disminuir la cantidad de embajadas y consulados (países con mayores recursos lo han hecho: Israel, Colombia, etc.)

  • Continuar haciendo las obras incluidas en el presupuesto.

  • Evitar el despido de funcionarios.

  • Nombrar nuevos funcionarios de acuerdo a los ahorros recibidos producto de los puntos enunciados arriba.

  • Con el propósito de hacer transparente los comicios venideros y evitar el uso de los recursos del Estado en proselitismos políticos, es necesario que tanto alcaldes, legisladores o representantes (en ejercicio), interesados en su reelección, renuncien a sus cargos y puedan dedicarle todo su tiempo al proselitismo.


La situación económica, que vive el país, nos lleva a reflexiones económicas muchos más profundas que los constantes llamados a sesiones extraordinarias (a legisladores), la celebración de Miss Universo, el Centenario e inclusive, las propias elecciones políticas.
Situaciones extremas implican soluciones extremas. El Ejecutivo tiene la obligación de darle solución a Juan Pueblo, al hijo de Juana, a calmar su sed y hambre de trabajo.
Producto de la experiencia que viven los pueblos suramericanos (Colombia, Argentina, Perú, Venezuela y otros), es necesario tomar medidas de racionalización del gasto público, disminuyendo los altos salarios ministeriales, eliminar los cargo de segunda vicepresidencia de la República, segundo suplente a legislador, un vicealcalde y disminuir el número de legisladores (no más de dos por provincia), independientemente que estos cambios impliquen modificar la Constitución. El país no resiste tantos gastos, muchas veces, innecesarios.
Esta es una propuesta, alternativa, producto de la crisis económica que vive el país, la cual ayudaría mucho a disminuir el desempleo y proyectar una mejor distribución de la riqueza y los cargos públicos. Dios te salve Panamá.

101 años de Panamá América

 
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