"Sketch" del pirata moderno
Cuando estaba por privatizarse el INTEL, o poco después, se presentaron en televisión varias cuñas publicitarias respecto a los supuestos beneficios que tendríamos al concretarse la venta de la empresa más rentable del Estado panameño. En verdad no recuerdo si esas cuñas fueron pagadas por la empresa beneficiada o por el erario. La cosa es que había una muy llamativa, con pretensiones de chusca, en la que unos campesinos se sorprendían al encontrar en medio del monte un teléfono público.
De aquella "promesa" publicitaria surgió la idea a un grupo de prominentes dramaturgos panameños para actualizar su mensaje. Su título "sketch del pirata moderno", escrita a la usanza de lo que el colega Raúl Leis llamaría teatro popular, es decir, con más pretensiones de crítica social que de rigor formal. Aquí va un extracto :
"¡Juan, María, corran al teléfono del pueblo pa´ que llamen al Centro de Salud, que manden la ambulancia, que el abuelo tiene un dolor en el pecho!". Juan y María a toda prisa bajan los dos kilómetros que median entre la casa y la tienda de la cooperativa, donde está el aparato más cercano.
"¡Carajo Mary!, aquí sólo han puesto el armatoste, pero no hay teléfono", dice jadeante Juan. "Pues, vámonos hasta la iglesia que allá hay otro", responde la jadeante María.
Llegados a la iglesia, esta vez sí encuentran el teléfono. "¡Mary, este chunche es de tarjeta, no tiene ranura para echar el "cuara"! María, con la cara consternada: "¡Corre a la cantina de Paco, que allá hay otro!".
Sudorosos, luego de agregar otro kilómetro a su maratón, finalmente alcanzan el teléfono de la cantina, el cual se encuentra rodeado por diez personas que esperan su turno para gritar entre los acordes que salen del pueblerino bar. Juan y María, explican y ruegan para poder hablar antes que otros que llevan media hora de paciente espera.
"¡Coño!". "¿Qué pasa ahora?" "¡Se tragó la moneda sin hacer la llamada!". Dos días después Juan y María velaban al abuelo, en la misma iglesia guarnecida por un moderno teléfono tarjetario.
Como se ha dicho es teatro popular, y luego del "sketch", actores y público reflexionan. Eugenia: "Lo mismo me pasó cuando quise llamar a mis hijos a ver si estaban bien. Sólo que yo estaba en la ciudad de Panamá". Jorge: "Ahora, si no tienes tarjeta no puedes usar un teléfono público, aunque tengas monedas". Evaristo: "La viveza de la tarjeta es que pagas por las llamadas antes de hacerlas".
Pablo: "Yo he perdido montones de "dimes" que se tragan esos teléfonos de "keibol and guairles". Eduardo: "Y eso que decían que el INTEL era ineficiente. Puro cuento, para privatizarlo". Anayansi, que algo sabe de economía: "Dizque iban a acabar con el monopolio estatal, para hacer un monopolio privado". Toto, que algo recuerda de sus clases de historia sentencia: "Algunas cosas no han cambiado desde Francis Drake y Henry Morgan".
De aquella "promesa" publicitaria surgió la idea a un grupo de prominentes dramaturgos panameños para actualizar su mensaje. Su título "sketch del pirata moderno", escrita a la usanza de lo que el colega Raúl Leis llamaría teatro popular, es decir, con más pretensiones de crítica social que de rigor formal. Aquí va un extracto :
"¡Juan, María, corran al teléfono del pueblo pa´ que llamen al Centro de Salud, que manden la ambulancia, que el abuelo tiene un dolor en el pecho!". Juan y María a toda prisa bajan los dos kilómetros que median entre la casa y la tienda de la cooperativa, donde está el aparato más cercano.
"¡Carajo Mary!, aquí sólo han puesto el armatoste, pero no hay teléfono", dice jadeante Juan. "Pues, vámonos hasta la iglesia que allá hay otro", responde la jadeante María.
Llegados a la iglesia, esta vez sí encuentran el teléfono. "¡Mary, este chunche es de tarjeta, no tiene ranura para echar el "cuara"! María, con la cara consternada: "¡Corre a la cantina de Paco, que allá hay otro!".
Sudorosos, luego de agregar otro kilómetro a su maratón, finalmente alcanzan el teléfono de la cantina, el cual se encuentra rodeado por diez personas que esperan su turno para gritar entre los acordes que salen del pueblerino bar. Juan y María, explican y ruegan para poder hablar antes que otros que llevan media hora de paciente espera.
"¡Coño!". "¿Qué pasa ahora?" "¡Se tragó la moneda sin hacer la llamada!". Dos días después Juan y María velaban al abuelo, en la misma iglesia guarnecida por un moderno teléfono tarjetario.
Como se ha dicho es teatro popular, y luego del "sketch", actores y público reflexionan. Eugenia: "Lo mismo me pasó cuando quise llamar a mis hijos a ver si estaban bien. Sólo que yo estaba en la ciudad de Panamá". Jorge: "Ahora, si no tienes tarjeta no puedes usar un teléfono público, aunque tengas monedas". Evaristo: "La viveza de la tarjeta es que pagas por las llamadas antes de hacerlas".
Pablo: "Yo he perdido montones de "dimes" que se tragan esos teléfonos de "keibol and guairles". Eduardo: "Y eso que decían que el INTEL era ineficiente. Puro cuento, para privatizarlo". Anayansi, que algo sabe de economía: "Dizque iban a acabar con el monopolio estatal, para hacer un monopolio privado". Toto, que algo recuerda de sus clases de historia sentencia: "Algunas cosas no han cambiado desde Francis Drake y Henry Morgan".