Soberana: Ficción o verdad
En la clase de democracia que tenemos es muy fácil hablar de soberanía como si lo hiciéramos con una papa en la boca.
La retórica soberana fue distintas cosas dependiendo de las circunstancias históricas: La Gran Colombia, la construcción del Canal de Panamá, la Guerra Fría, y así sucesivamente. Por lo que merece la pena desmenuzarla a la luz de hechos recientes, como la elección del nuevo presidente de la Asamblea Nacional de "Disputados", con la "s" intercalada.
Se dice que Torrijos vaciló en su apoyo a PMG. Esto llevó a señalar la falta de liderazgo de Martín. Por otra parte PMG tenía buenas razones para buscar su elección a la presidencia de la Asamblea: Se supone que está mejor protegido contra la justicia del coloso y, además, los honorarios adicionales no son en extremo desechables.
Por otra parte, los diputados quieren reelegirse después de la primera elección que implica un quinquenio completo. Y mi percepción de sus proclividades de soborno me llevan a pensar que se aprovecharon para mandar un mensaje muy directo, esto es, que pueden afirmar el principio de la separación de los Poderes del Estado con mayor facilidad porque material y electoreramente no tienen mucho que arriesgar y quizás mucho que ganar.
De modo que me incomoda sobremanera la forma conveniente que los politiqueros del patio "defienden" la soberanía nacional. No debemos olvidar que el binomio que formaron Omar y el ahora extraditable a Francia hizo uso de cuanta demagogia "soberanera" apareciera para lograr sus propósitos, por lo alto y por lo bajo, y hasta "in-between".
La afirmación de piña que quiere retornar a Panamá, y no ser extraditado a Francia, y que contará su verdad acerca de los fieles seguidores de la narcodictadura, carece de veracidad. Si vuelve a Panamá sabrá cómo sobornar a nuestros distinguidos politiqueros, principalmente los que pertenecen al gobierno de turno, cuyas siglas partidistas debían haber desaparecido después de su actuación exenta totalmente de respeto y de admiración por la soberanía de Panamá. Ni hablar de su retórica soberana. Y ya tiene el camino trillado con el ejemplo del septuagenario banquero que "sufre" su condena y expía sus supuestas transgresiones comenzando con un severísimo castigo de casa por cárcel. De modo que reitero, no va a soltar ni fruta ni prenda.
Hablar de lo que hará el presente gobierno del coloso es cuando menos un acertijo. No podemos ignorar la situación en Irak, que comenzó con la mentira de las armas de destrucción en masa y las inapropiadas declaraciones tildando de irrelevante a la ONU.
Por otra parte, lamento unirme a los que aseveran, sin tapujos, que en Panamá no existe la justicia per se. Sólo nos queda la esperanza de que nuestras relaciones exteriores se conduzcan de manera perfecta y de que los candidatos presidenciales del partido en el poder, que en mi opinión, repito, debió haber desaparecido a raíz de la invasión de 1989, se hinchen de patriotismo y dejen de juguetear con nuestra sagrada soberanía para conducir a nuestro Panamá a los más altos niveles de progreso económico, siempre y cuando los más desposeídos por lo menos reciban mucho más que las sobras de sus festines. De otra manera sólo nos queda rezar por que la bandera de Gaspar Octavio Hernández "la de todos los panameños de buena fe... descienda al Istmo convertida en fuego y extinga con febril desasosiego a los que amaron tu esplendor un día". Panamá es inmortal.
La retórica soberana fue distintas cosas dependiendo de las circunstancias históricas: La Gran Colombia, la construcción del Canal de Panamá, la Guerra Fría, y así sucesivamente. Por lo que merece la pena desmenuzarla a la luz de hechos recientes, como la elección del nuevo presidente de la Asamblea Nacional de "Disputados", con la "s" intercalada.
Se dice que Torrijos vaciló en su apoyo a PMG. Esto llevó a señalar la falta de liderazgo de Martín. Por otra parte PMG tenía buenas razones para buscar su elección a la presidencia de la Asamblea: Se supone que está mejor protegido contra la justicia del coloso y, además, los honorarios adicionales no son en extremo desechables.
Por otra parte, los diputados quieren reelegirse después de la primera elección que implica un quinquenio completo. Y mi percepción de sus proclividades de soborno me llevan a pensar que se aprovecharon para mandar un mensaje muy directo, esto es, que pueden afirmar el principio de la separación de los Poderes del Estado con mayor facilidad porque material y electoreramente no tienen mucho que arriesgar y quizás mucho que ganar.
De modo que me incomoda sobremanera la forma conveniente que los politiqueros del patio "defienden" la soberanía nacional. No debemos olvidar que el binomio que formaron Omar y el ahora extraditable a Francia hizo uso de cuanta demagogia "soberanera" apareciera para lograr sus propósitos, por lo alto y por lo bajo, y hasta "in-between".
La afirmación de piña que quiere retornar a Panamá, y no ser extraditado a Francia, y que contará su verdad acerca de los fieles seguidores de la narcodictadura, carece de veracidad. Si vuelve a Panamá sabrá cómo sobornar a nuestros distinguidos politiqueros, principalmente los que pertenecen al gobierno de turno, cuyas siglas partidistas debían haber desaparecido después de su actuación exenta totalmente de respeto y de admiración por la soberanía de Panamá. Ni hablar de su retórica soberana. Y ya tiene el camino trillado con el ejemplo del septuagenario banquero que "sufre" su condena y expía sus supuestas transgresiones comenzando con un severísimo castigo de casa por cárcel. De modo que reitero, no va a soltar ni fruta ni prenda.
Hablar de lo que hará el presente gobierno del coloso es cuando menos un acertijo. No podemos ignorar la situación en Irak, que comenzó con la mentira de las armas de destrucción en masa y las inapropiadas declaraciones tildando de irrelevante a la ONU.
Por otra parte, lamento unirme a los que aseveran, sin tapujos, que en Panamá no existe la justicia per se. Sólo nos queda la esperanza de que nuestras relaciones exteriores se conduzcan de manera perfecta y de que los candidatos presidenciales del partido en el poder, que en mi opinión, repito, debió haber desaparecido a raíz de la invasión de 1989, se hinchen de patriotismo y dejen de juguetear con nuestra sagrada soberanía para conducir a nuestro Panamá a los más altos niveles de progreso económico, siempre y cuando los más desposeídos por lo menos reciban mucho más que las sobras de sus festines. De otra manera sólo nos queda rezar por que la bandera de Gaspar Octavio Hernández "la de todos los panameños de buena fe... descienda al Istmo convertida en fuego y extinga con febril desasosiego a los que amaron tu esplendor un día". Panamá es inmortal.