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Sobre acuerdos parlamentarios circunstanciales


Con la esperanza de que los días transcurridos nos hayan ayudado a superar las pasiones desbordadas por lo acontecido el primero de septiembre durante la instalación de la Asamblea Legislativa, quisiera aportar a la opinión pública mis consideraciones al respecto.
Bajo estas circunstancias, los partidos que apoyaron al PRD en su gestión gubernamental (Solidaridad y Liberal Nacional) tienen como principal atributo una actitud "acomodaticia" que tiene como objetivo principal conservar los beneficios que brinda el acceso al poder. El peso político de estos partidos aumenta considerablemente gracias a la atomización de la Asamblea Legislativa. Bajo este esquema ellos no tienen nada que perder, ya que siempre serán tomados en cuenta por cualquiera de las dos principales fuerzas políticas en la Asamblea.
El caso de la Democracia Cristiana es distinto aunque también se acomoda. Ellos pretenden la inscripción de un nuevo partido y necesitan hacerse visibles al tiempo que demuestran que sus propuestas, presentadas durante la campaña electoral, son viables y beneficiosas para la población en general. Bajo estas circunstancias, el peso político del PDC también es grande, aunque sea un partido ideológicamente debilitado.
Al PRD no le queda otra cosa que ser oposición, con el fin a largo plazo de capitalizar el desgaste natural que sufren los gobiernos y así retomar la administración del "rgano Ejecutivo. Ellos poseen la mayor cantidad de legisladores y lograr la mayoría les debe resultar más fácil.
Sencillamente, en estos momentos es mucho mejor para cualquiera apoyar al nuevo y popular gobierno en vez de al desgastado PRD. El gran incremento de la importancia del PS, LN y PDC es la razón por la cual ninguno se ha comprometido abiertamente a una alianza con el "rgano Ejecutivo, ya que esto les disminuiría su peso político notablemente. Ya el Partido Solidaridad vivió durante cinco años el menosprecio de sus aliados, a pesar de ser importantes para el desempeño de la gestión gubernamental y, aparentemente, aprendieron la lección. El peso político es una magnitud que varía con el tiempo y depende de los recursos económicos, grado de organización, número de miembros, la centralidad estratégica de la función que se cumple y la capacidad de maniobra. Siendo las dos últimas las más relevantes en la actual Asamblea Legislativa.
No hay que ser un genio para prever que las actuales circunstancias son transitorias y por lo tanto los acuerdos logrados en la Asamblea Legislativa a la sazón de estas también. Ya la gente, basada en su sabiduría popular, lo ha percibido así. ¿Por qué? Obviamente porque se piensa que los partidos pequeños con sus pesos políticos inflados tenderán a irse con el mejor postor y sin reparo alguno presionarán al gobierno (quizás no tan popular en el futuro) votando de vez en cuando con la oposición PRD.
A pesar de que la sociología política no hace posible ver el futuro, la tentación de hacer futurología política siempre es grande. Para intentar hacerlo hay que ubicarse en el contexto. Este nos presenta un país que por cinco años vivió una agresiva política gubernamental dirigida a ajustar la estructura económica del país. Como todos sabemos, se trata del liberalismo de fines de siglo con sus privatizaciones, apertura de mercado y flexibilización de las relaciones laborales, entre otras cosas. El impacto a corto plazo de este ajuste lo resienten los sectores pobres del país, siendo la tarea principal del nuevo gobierno distribuir la riqueza de manera justa aprovechando las supuestas bondades que debe brindar la nueva estructura económica a mediano plazo.
El contexto nos hace caracterizar a los partidos como lo que son, expresiones de intereses económicos. El Partido Arnulfista representa, entre otros, intereses agrícolas, los cuales se presume han sido fuertemente afectados por la baja de aranceles impulsadas por el gobierno pasado. El P.R.D., tiene una composición más heterogénea, en la cual el partido es hegemonizado por un fuerte sector financiero y otros industrial, los cuales presumiblemente no han sido tan afectados y quizás hasta se han visto beneficiados con la política económica seguida por el gobierno de Pérez Balladares. El Partido Solidaridad tiene afinidad de clase con el PRD, al igual que el nuevo partido pretendido por los democristianos, sobre todo si es encabezado por Alberto Vallarino.
El primer escenario nos presenta a un Partido Arnulfista pretendiendo reformar la estructura económica, en beneficio propio y en nombre del cumplimiento de las promesas hechas al electorado, propiciando el rápido entendimiento de los otros partidos con la intención de impedir las iniciativas reformadoras y pasando a tener una Asamblea Legislativa hostil. A esto hay que sumarle la presión internacional que tendrá la República de Panamá para que se respeten los compromisos adquiridos.
En el segundo escenario tenemos un Partido Arnufista que intenta redistribuir la riqueza, sin reformar la actual estructura económica y mantiene un acuerdo parlamentario que le permita gobernar incluso con la colaboración del PRD. El éxito de la redistribución de la riqueza dependerá de la dudosa efectividad de las medidas tomadas por el gobierno de Pérez Balladares y el ingenio del gobierno.
En estos dos escenarios la gobernabilidad depende de las decisiones que tome la presidenta Mireya Moscoso como jefa del "rgano Ejecutivo, teniendo en cuenta los intereses económicos de su partido, de los otros partidos, los intereses económicos y aspiraciones de las masas, los intereses económicos de los elites y los intereses económicos internacionales. Al final del camino todos somos unos interesados.
Los partidos políticos son algunos de los muchos actores sociales que actuarían en el total de escenarios posibles. Siendo así, la cantidad de cosas que podrían suceder en la Asamblea Legislativa y con el nuevo gobierno son innumerables.

101 años de Panamá América

 
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