default

Sobre Darién


Con gran preocupación he registrado los últimos acontecimientos en nuestra frontera con Colombia. No puede existir panameño que no le preocupe lo que viene pasando en esa área del país y las implicaciones de tales sangrientos hechos. Por alguna razón, la información, cuando se da, es confusa, incompleta o contradictoria, lo cual hace complejo el poder opinar con certero conocimiento de lo que en realidad sucede. Por ello, trataré de plantear algunas ideas acerca de cómo veo el problema, procurando algunas sugerencias prácticas. Siempre he sostenido que después de Estados Unidos, Colombia es el país de más importancia estratégica en el marco de nuestras relaciones internacionales, sobre todo, por el ya evidente desbordamiento de su dolorosa crisis interna. Cuando me tocó dirigir junto al presidente Endara la política exterior del país, Colombia fue de mi más alta consideración. Vislumbraba entonces lo que hoy es una realidad, por lo que hice énfasis en establecer canales de comunicación bilaterales expeditos y fluidos en todos los órdenes de la relación. Para ello, la Comisión de Vecindad fue de gran valor. Desconozco si a la fecha existe, aunque sea en el papel.
De los países limítrofes con Colombia, el nuestro es el único que comparte una región inmanejable para todos los efectos prácticos. Además, es el único que no tiene un ejército, situación que en las actuales circunstancias, sin pretender justificarlo, hace que los problemas de defensa del territorio resulten más complejos. Si a lo anterior sumamos la evidente y manifiesta carencia de recursos y equipos, la situación es lo más cercana al caos. Por ello, a nuestro país le quedan las herramientas de política exterior, activas y coherentes, para procurar manejar el problema y plantear frente a Colombia y la comunidad internacional una posición firme y digna. La política que esbozó el Presidente Uribe recién se encargó del poder se diferenció de la que llevó adelante el presidente Pastrana, en el sentido de que haría del problema colombiano un tema multilateral, buscando en estos mecanismos de solución pacífica, una herramienta efectiva para darle solución al conflicto. Abrió, en mi concepto y de manera positiva, la puerta para que los países amigos brinden apoyo y solidaridad, acatando claro está el genuino respeto por las decisiones internas de los colombianos, máxime cuando el problema para ellos se reviste de variadas connotaciones, la más relevante, a mi juicio, la innegable conexión con el narcotráfico en todo lo que está sucediendo.
Grupo de Países Amigos de Colombia. Siguiendo este orden de ideas, creo que Panamá pudo -y aún está a tiempo- de iniciar gestiones rápidas frente al presidente Uribe para, con su beneplácito, ser el iniciador de un Grupo de Países Amigos de Colombia, buscando una mesa de diálogo internacional, en donde todas las partes en conflicto se sientan con la capacidad para plantear, dentro de un marco más o menos institucional y bajo reglas claras, sus posiciones, buscando un avenimiento común. El auspicio de la OEA o de la ONU sería ideal, por supuesto. Ambos Secretarios Generales pueden jugar papeles importantes regional y extraregionalmente. En una iniciativa como ésta, la conformación, dentro del esquema, de un Grupo de Apoyo, compuesto por países de fuera de la región, pero con peso específico de importancia, serviría de instancia facilitadora del diálogo. Varios de éstos han participado ya en procesos similares en otras regiones e, incluso, algunos jugaron papeles importantes en la solución pacífica de conflictos en la región de Centroamérica. Con esta iniciativa qué se logra: demostrar solidaridad política con el vecino país, manteniendo así un cercano manejo de las relaciones, de ser posible, a través de enviados personales de ambos jefes de Estado; tener acceso, por conductos institucionales, a todos los grupos en conflicto, lo cual podría permitir cierto grado de inmunidad territorial, descartándose el uso de nuestro territorio para actividades como las que se producen de tiempo en tiempo y cada vez más graves y, si se producen, poder tener un foro de denuncia de los hechos con mayor impacto que en la actualidad, con la autoridad moral que daría el hecho de que estamos coadyuvando en la solución del problema; y, por último, evitar militarizar el área de manera improvisada sin capacidad efectiva de reducir los problemas, disminuyendo la posibilidad de mayores enfrentamientos y sus lamentables secuelas. Esta es una forma.
Gestiones diplomáticas directas con Colombia .
La iniciativa anterior no pretende excluir la obligación que Panamá tiene de plantear a Colombia su tremendo disgusto y preocupación por los hechos recientes, presionando ante la opinión pública internacional en el sentido de que Panamá hace responsable al gobierno colombiano de lo sucedido, sin descartar la demanda de indemnizaciones si la situación persiste, pero que, a pesar de ello, ofrece la mano amiga para coadyuvar como vecino, junto a la comunidad internacional, abriéndole a Colombia una puerta de diálogo político con metas bien definidas en el tiempo. Estas iniciativas pueden tener muchos obstáculos, ya que comprendemos que las fuerzas que están detrás de este conflicto, del cual lucran grandemente, no les interesa su fin. Sin embargo, hay que ensayar lo que esté a nuestro alcance y no veo otras herramientas que las que el derecho internacional nos brinda, habida cuenta nuestras limitaciones. Para todos los efectos prácticos el gobierno de Colombia tiene una responsabilidad innegable de mantener su conflicto dentro de sus fronteras y, si se sale de éstas, debe responder por los hechos.
Cascos Azules, Tratado de Neutralidad, etc. Creo innecesario e improcedente invocar instancias o instrumentos jurídicos carentes de aplicabilidad y vigencia para estos propósitos. El pedir Cascos Azules, como comúnmente se conocen, a tontas y a locas es desconocer como funciona tal mecanismo dentro de la Carta de la ONU. Da pena que legisladores de la República demuestren más ignorancia que la acostumbrada en temas tan sensitivos para la Nación. No considero la crisis fronteriza de la magnitud que estas iniciativas requieren para el mantenimiento de la paz en el área. Además, siempre puede el gobierno colombiano decir que esta agresión de las AUC no es de parte de instituciones oficiales del gobierno de Colombia, lo cual es una realidad jurídica inobjetable, aunque no los excluye de responsabilidad, en mi concepto. Igualmente, pretender que Panamá invoque el Tratado de Neutralidad para este caso es una aberración jurídica, ya que sus propósitos e intenciones distan de ser o haber sido concebidos para situaciones como la que nos ocupa. Dejemos al Canal bien lejos de las elucubraciones.
Participación Norteamericana. Con sorpresa vi a soldados norteamericanos y helicópteros de ese país transportando, por razones humanitarias, ropa, medicinas y alimentos al área. Nadie puede estar en contra de la asistencia humanitaria, venga de donde venga y dadas nuestras limitaciones. Sin embargo, me sorprendió escuchar, desde la Primera Mandataria para abajo, que tal participación se hacía dentro del marco del acuerdo que sustenta la Operación Nuevos Horizontes que, según entiendo, se localiza en el otro extremo del país. Hace unos meses, el hoy canciller Harmodio Arias, me comentó que él personalmente estaba negociando la traída a Panamá en este verano de un contingente no militar de Estados Unidos para realizar obras de tipo social en comunidades apartadas. Me permití decirle que cuando en nuestra administración se permitían las realizaciones de las operaciones de Fuertes Caminos, el marco jurídico que las amparaba era el Tratado Torrijos-Carter y que el Canje de Notas que se suscribía era estrictamente operacional, utilizando para tales acciones las disposiciones del Tratado respecto de su permanencia, traslados de equipos, movilización de tropas, etc. Por ello, tales Canjes de Notas no se enviaban a la Asamblea, aunque sí se hacían públicos a través de comunicados explicativos al país. Le recomendé que tuviera cuidado con el contenido de los futuros acuerdos, ya que quizás los mismos requerirían de la aprobación legislativa, debido a su contenido. Me dijo que me consultaría al respecto cuando existiesen los borradores, a lo cual accedí de manera sincera. Jamás supe de él. Hoy nadie conoce los actuales acuerdos y causa sorpresa que los mismos se puedan estirar para acciones humanitarias en Darién. Reitero, no tengo nada contra estas acciones humanitarias, las cuales se pueden dar como mero gesto de solidaridad de parte de gobiernos amigos, incluso sin acuerdos. Lo que me preocupa es la interpretación tergiversada que de los mismos se puedan hacer, habida cuenta de la participación norteamericana, con todo lo que la misma representa ya en el conflicto colombiano y el debate que ha generado a lo interno de ese país, sobre todo de parte de los grupos insurgentes que la miran como fuerzas de intervención militar en sus asuntos internos. Estoy claro de que la razón por la cual el presidente Uribe es hoy Presidente de Colombia es porque el pueblo le dio el mandato de terminar con el conflicto armado, en función a lo que representó su discurso de campaña. Esa es su realidad. A nosotros nos corresponde ser cautos, prudentes y enérgicos con la nuestra. A esto es a lo que me refiero.
Insisto en que la situación demanda una pronta y enérgica postura de parte de nuestro gobierno. Es un momento importante para prevenir y evitar mayores lamentaciones. Es el momento de articular política exterior proactiva y coherente, utilizando para ello todas las instancias y recursos que la diplomacia nos brinda, como país pequeño y desmilitarizado que somos frente a un problema que comienza ya, desgraciadamente, a tomar ribetes preocupantes para Panamá. Sobre esto, estoy seguro, habrán muchas posturas y opiniones, incluso por personas más versadas que este servidor en esta materia. Estas son algunas ideas, bienvenidas las otras. Lo importante aquí es evitar peores consecuencias y ser celosos guardianes de nuestra integridad territorial y de la vida, honra y bienes de nuestros hermanos panameños.
Sobre la estructura del pavimento Becquer indicó que se realiza colocando material selecto, luego la capa base (piedra triturada con especificaciones establecidas para granulometría y otras pruebas de laboratorio) y según lo diseñado se pondrá como capa de rodadura un pavimento de tratamiento superficial asfáltico, carpeta asfáltica y hormigón de cemento Portland (concreto).
Con gran honestidad Becquer reconoció el problema existente en la ciudad de Panamá respecto a pesos y medidas. El deterioro de las calles obedece a que transitan camiones con exceso de peso. No se ha podido tener control, destacó el directivo ministerial. Reiteró que se han efectuado constantes solicitudes a la Dirección de Tránsito y Transporte Terrestre y la respuesta es siempre la misma: no se cuenta con el personal de supervisión suficiente.
Agregó que el deterioro de las calles se debe a la falta de recursos para poder darle el mantenimiento preventivo en forma global; a la sobrecarga de los equipos que transitan por la red vial y a la obstrucción de los drenajes pluviales, ya sea por desechos que trancan el sistema pluvial o por construcciones al lado de la vía que alteran el curso de las aguas, lo que perjudica al pavimento existente.
La calidad de los materiales que se emplean es responsabilidad directa del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Tanto el MOP como la empresa privada, dependiendo de quién sea responsable de la inspección, tienen que usar su respectivo laboratorio para el control de los materiales.
Al ser interrogado sobre la calidad del asfalto que se emplea en las reparaciones, Becquer reconoció que en la actualidad se trabaja en la presentación de una solicitud al Ministerio de Comercio e Industrias para que el asfalto que se está comprando llene una serie de requisitos, acordes con las nuevas técnicas que se están usando. "Nos hemos quedado atrás en cuanto a la calidad del producto asfáltico que compramos", indicó.
Becquer indicó que la capacidad de absorción tanto del concreto como del asfalto es alta y técnicamente no debe atribuirse el uso de dichos materiales al calor. Según Becquer, el presupuesto de inversión y reparación de las calles del Ministerio de Obras Públicas para la ciudad de Panamá, asciende a B/ 3,350.000. Bequer indicó que la suma resulta muy reducida para la magnitud de las responsabilidades que deben cumplir. Se requiere como mínimo doblar la cantidad asignada hasta la fecha.
Otro de los problemas confrontados por la dirección de Mantenimiento es la escasez de personal. Actualmente 650 funcionarios trabajan no sólo en mantenimiento de las calles sino en cortes de hierbas, reposiciones de lozas, limpieza de drenajes, parcheo, y todas las actividades relacionadas con el mejoramiento vial. Para los proyectos dirigidos por la empresa privada se requieren muchos supervisores; sin embargo la cantidad es de 2 ó 3 inspectores, además del personal que trabaja directamente con el laboratorio.
Respecto a las críticas ciudadanas sobre los horarios de reparación de las calles, generalmente en horas de trabajo, Becquer indicó que en ocasiones se necesita del uso intensivo de la luz, además trabajar de noche perturba el descanso de las personas con residencias cercanas al sitio de reparación. Al hacer un balance, es preferible trabajar de día, advirtió el directivo ministerial. Adelantó que para el verano de este año se trabajará los días domingos.
Finalmente Becquer explicó que los 22 proyectos para mantenimiento de la red vial establecidos en el Plan Dinámico en la ciudad de Panamá y el Distrito de San Miguelito asciende a B/ 1,400.000, tal como se observa en el anexo siguiente.
Cuando hay acondicionadores de aire que gotean agua provocando que la humedad aumente se reproducen las levaduras, que al contacto con la piel ocasionan picazón y molestias. Igualmente, propicia que las personas que tengan problemas de "paño blanco" se les agrave.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América