Sobre el analfabetismo tecnológico
Sir Winston Churchill señaló que "los imperios del futuro serán los imperios de la mente". La inversión en investigación científica y el desarrollo e innovación tecnológica son fundamentales para la creación de una sociedad preparada, una economía estable y para mejorar las condiciones de vida de todos los panameños.
El conocimiento, la tecnología, la creación y protección legal de ideas, van de la mano del poder económico. Para que el país no se quede plantado en el abismo tecnológico y económico, las decisiones que se tomen bajo el liderazgo del siguiente gobierno deben ser basadas en una visión a largo plazo. El desarrollo de las disciplinas científicas y tecnológicas modernas, como la biotecnología y la computación e informática, son vitales para el progreso de Panamá. Mientras no haya una visión o un plan de cómo debidamente respaldar estas disciplinas, desde la educación hasta la creación de empresas, más grande será la brecha económica con aquellos países ricos con los cuales ambicionamos establecer tratados de libre comercio.
La economía del futuro será dominada por el idioma genético y digital. La habilidad para entender y modificar el código genético, y el código digital será el combustible de la economía mundial, y aquellos países analfabetas en estos idiomas estarán condenados a la pobreza.
Panamá necesita ser un país competitivo en tecnología. La nueva economía no es sólo sofisticada, también es móvil.
Los países ricos, con empresas de biotecnología y computación e informática, atraen a los mejores profesionales del mundo. En estas naciones, los gobernantes reconocen el valor de la tecnología y de la riqueza intelectual. Para crear una infraestructura tecnológica hay que prestarle atención a los recursos humanos, a la educación primaria, secundaria y universitaria para que aquellos que puedan generar ideas y conocimientos, patentes, empresas y nuevas fuentes de trabajo tengan la opción y oportunidad de quedarse en Panamá. Falta de infraestructura tecnológica, de nuevas ideas y cómo protegerlas, recursos humanos y económicos, poca oportunidad y celos profesionales, trae como consecuencia la fuga de cerebros.
Con la fuga de cerebros se benefician aquellos países que han aprendido a cultivar la riqueza intelectual. Naciones que reconocen que la materia prima del éxito económico son las mentes y no los vegetales, el ganado, el oro, los diamantes, el uranio o el petróleo. Irán, Irak, Arabia Saudita, México, Venezuela, y Nigeria, grandes productores de petróleo, no son países tecnológicamente prolíficos, con economías modernas sólidas, como lo son Estados Unidos, Japón, Suiza e Inglaterra.
Países con insuficientes conocimientos tecnológicos, limitados solamente a la exportación de productos o materia prima, cuya desvalorización es irremediable y cierta, o a la industria de servicio y turismo, con fluctuaciones muy difíciles de predecir o controlar, seguirán ocupando un asiento en el "gallinero" del gran estadio de la economía mundial.
El país exige un acuerdo para garantizar no solamente el pago de jubilaciones actuales, sino también de las de que hoy cotizamos en la institución.
Vale la pena el sacrificio hacia el compromiso de generar más puestos de trabajo, decente y bien remunerado con altos niveles de productividad y de ataques frontales a la corrupción.
¡Manos a la obra!
El conocimiento, la tecnología, la creación y protección legal de ideas, van de la mano del poder económico. Para que el país no se quede plantado en el abismo tecnológico y económico, las decisiones que se tomen bajo el liderazgo del siguiente gobierno deben ser basadas en una visión a largo plazo. El desarrollo de las disciplinas científicas y tecnológicas modernas, como la biotecnología y la computación e informática, son vitales para el progreso de Panamá. Mientras no haya una visión o un plan de cómo debidamente respaldar estas disciplinas, desde la educación hasta la creación de empresas, más grande será la brecha económica con aquellos países ricos con los cuales ambicionamos establecer tratados de libre comercio.
La economía del futuro será dominada por el idioma genético y digital. La habilidad para entender y modificar el código genético, y el código digital será el combustible de la economía mundial, y aquellos países analfabetas en estos idiomas estarán condenados a la pobreza.
Panamá necesita ser un país competitivo en tecnología. La nueva economía no es sólo sofisticada, también es móvil.
Los países ricos, con empresas de biotecnología y computación e informática, atraen a los mejores profesionales del mundo. En estas naciones, los gobernantes reconocen el valor de la tecnología y de la riqueza intelectual. Para crear una infraestructura tecnológica hay que prestarle atención a los recursos humanos, a la educación primaria, secundaria y universitaria para que aquellos que puedan generar ideas y conocimientos, patentes, empresas y nuevas fuentes de trabajo tengan la opción y oportunidad de quedarse en Panamá. Falta de infraestructura tecnológica, de nuevas ideas y cómo protegerlas, recursos humanos y económicos, poca oportunidad y celos profesionales, trae como consecuencia la fuga de cerebros.
Con la fuga de cerebros se benefician aquellos países que han aprendido a cultivar la riqueza intelectual. Naciones que reconocen que la materia prima del éxito económico son las mentes y no los vegetales, el ganado, el oro, los diamantes, el uranio o el petróleo. Irán, Irak, Arabia Saudita, México, Venezuela, y Nigeria, grandes productores de petróleo, no son países tecnológicamente prolíficos, con economías modernas sólidas, como lo son Estados Unidos, Japón, Suiza e Inglaterra.
Países con insuficientes conocimientos tecnológicos, limitados solamente a la exportación de productos o materia prima, cuya desvalorización es irremediable y cierta, o a la industria de servicio y turismo, con fluctuaciones muy difíciles de predecir o controlar, seguirán ocupando un asiento en el "gallinero" del gran estadio de la economía mundial.
El país exige un acuerdo para garantizar no solamente el pago de jubilaciones actuales, sino también de las de que hoy cotizamos en la institución.
Vale la pena el sacrificio hacia el compromiso de generar más puestos de trabajo, decente y bien remunerado con altos niveles de productividad y de ataques frontales a la corrupción.
¡Manos a la obra!