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Sobre el conflicto portuario


El ministro de Comercio e Industrias, Joaquín Jácome, finalmente salió a defender la decisión del gobierno de reconocer a Panama Ports (subsidiaria de Hutchison que opera los puertos de Balboa y Cristóbal) los mismos derechos y privilegios de los que gozan MIT (operador del puerto de Manzanillo) y Colon Container (subsidiaria de Evergreen que opera Coco Solo). En esencia, arguye que el contrato de Evergreen establece que todo operador portuario anterior o futuro puede acogerse a los derechos y privilegios de los que goza Evergreen bajo su contrato.
El ministro Jácome insiste que no entiende por qué Manzanillo se queja si éste ha solicitado en varias ocasiones acogerse a diversos derechos y privilegios de Evergreen. Además, justifica la decisión del Estado en la inversión que promete Panama Ports por 200 millones de dólares y el efecto multiplicador que tendrá sobre la actividad de transbordo terrestre interoceánico.
El problema del primer argumento, que Panama Ports puede hacer lo mismo que Manzanillo en acogerse a los derechos y privilegios de Evergreen, es que tanto Manzanillo como Evergreen obtuvieron sus contratos antes que Panama Ports, en ese orden, negociando directamente con el Estado la construcción de puertos nuevos. Por su parte, Panama Ports celebró su contrato con el Estado producto de una subasta pública. En breve, cuando homologó el contrato que eventualmente celebraría con el Estado al adjudicársele la subasta, Panama Ports ya conocía del contrato de Evergreen y su cláusula sobre "nación más favorecida" a la inversa. Nos preguntamos ¿para qué entonces hubo tal homologación? ¿Por qué el Estado simplemente no copió los términos y condiciones del contrato de Evergreen cuando licitó Balboa y Cristóbal? La respuesta está en que estos proyectos eran de naturaleza distinta: Panama Ports recibiría una infraestructura ya productiva (con al menos nueve millones de dólares en ingresos por concesiones) mientras que Manzanillo y Evergreen tenían que construir sus puertos de cero. Por ello es que el canon de arrendamiento de Panama Ports es significativamente superior al de las otras dos portuarias.
Reconocemos como valedera la otra justificación dada por el señor ministro, en el sentido que el Estado debe aceptar una reducción sustancial en su canon de arrendamiento de 22 millones de dólares al año (sí, al año) a cambio de la inversión millonaria de Panama Ports. El problema es que escogió la vía equivocada para acomodar esta decisión; en vez de forzar la aplicación de la cláusula de Evergreen, lo que procedía era una reforma al contrato, a todas luces justificada por esa inversión, para lo cual, sin embargo, requeriría contar con la aprobación de la Asamblea.
El problema de fondo es que la reducción del canon de Panama Ports le permitirá una importante reducción en sus tarifas, lo cual le dará una ventaja competitiva sobre los otros puertos. Es cierto que el Estado debió anticipar esta situación cuando privatizó los puertos de Balboa y Cristóbal; pero también lo es que Panama Ports debió saber exactamente en qué se estaba metiendo cuando ofreció ese canon superando en su monto a otras licitantes. Si en efecto, se trata de una inversión adicional a la pactada originalmente, el gobierno debe acomodar la solicitud de Panama Ports y justificar ante la faz del país (a través de la Asamblea) las bondades de su decisión.
Pero entonces, el péndulo comenzó a devolverse. Los estatistas asumieron el control en Francia, Alemania y Gran Bretaña. Aunque se llaman socialistas, actúan más como fascistas. Ya no buscan la propiedad estatal de los medios de producción, sino regular y controlar todas las actividades privadas. Los burócratas no elegidos que manejan la Comunidad Europea quieren controlar todos los detalles de los negocios y de las vidas de los ciudadanos, reprimiendo la creatividad y la iniciativa. El resultado es baja productividad, poco crecimiento económico y estancamiento de los mercados laborales.
Estados Unidos no ha estado inmune. El gasto federal está creciendo más rápidamente que el ingreso nacional. Los subsidios agrícolas y el proteccionismo están de vuelta y la reciente legislación para reformar el financiamiento de las campañas electorales es un ataque directo contra la libre expresión. El fascismo no es un peligro sólo para los europeos; es un peligro presente para nosotros también.
*Presidente de Novecom Financial y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com

Añadió que los donantes potenciales son aquellas personas que fallecen por muerte encefálica en los hospitales, es decir, que su cerebro se ha deteriorado pero que sus órganos vitales se pueden mantener en buen estado a través de aparatos y hacerlos viables para trasplantes.
Según Pittí, España es el país que ocupa el primer lugar en cuanto al número de trasplantes realizados, por lo que muchos países latinoamericanos han adoptado el modelo y las técnicas para este tipo de operación, incluyendo Panamá.
A su juicio, el problema en Panamá es que no se ha trasplantado a ningún paciente no asegurado, por lo que espera que un convenio en ese sentido entre la CSS y el Ministerio de Salud sea pronto una realidad.
"Consideramos que una vez eso ocurra, definitivamente la meta sería el Hospital Santo Tomás, donde se desarrollarían las unidades de coordinación adecuadas, ya que en esa entidad médica pública se están perdiendo órganos que podrían salvar la vida a otros panameños", puntualizó Pittí.

Según Edgar Figueroa, vicepresidente del Comité Nacional del Trasplante, en Panamá se está tratando de adoptar una política o plan nacional de trasplante "donde la figura del coordinador es primordial para la captación de los donantes cadavéricos".
Sostuvo que los países desarrollados tienen cada día más donación cadavérica y menos donación de donantes vivos relacionados.
"El concepto moderno es tratar de que el donante cadavérico sea multiorgánico, es decir, que por lo menos se favorezcan cinco enfermos terminales, de los cuales dos serían para pacientes de transplante renal, uno para transplante hepático, otro para caso cardíaco y el último para el reemplazo de pulmón o intestinos", subrayó Figueroa.
También consideró que a corto plazo Panamá podrá iniciar los trasplantes de corazón y posteriormente de hígado.
Sobre el hecho de que no se estén obteniendo órganos cadavéricos del Hospital Santo Tomás, Figueroa indicó que "no es un asunto fácil, ni un camino de rosas, por lo tanto, se necesita de entrenamiento, una docencia dirigida al personal del hospital y la sociedad en general para que estos programas sigan adelante".
Añadió que actualmente hay seis urólogos en todo el país que están entrenados en trasplante, a los que el Comité Nacional de Transplante ha expedido su certificación como especialistas en la materia.
Informó que ya hay médicos especialistas entrenados en trasplantes cardíacos y están por entrenarse otros en trasplante hepático.

Este es el lema de la ANPIRFC para fomentar la donación de órganos en Panamá, con el apoyo de la CSS y el Ministerio de Salud.
Este organismo mantiene una permanente labor de información para que la donación de órganos deje de ser un tabú en muchos sectores de la sociedad panameña.
Cualquier persona sana, mayor de 18 años, puede ser donante de sus órganos y tejidos al momento de finalizar su vida. El cónyuge o familiar más cercano, según la ley, son los únicos que pueden autorizar dicha donación.
Actualmente pueden donarse cerca de 25 órganos y tejidos para ser trasplantados. Los órganos vitales incluyen el corazón, pulmones, riñones, hígado y el páncreas, mientras que entre los tejidos figuran córneas, huesos, piel, tendones, venas, las válvulas del corazón y médula ósea.
En vida se puede donar a un familiar riñón, algunas partes de hígado, pulmón o médula ósea. En ningún caso existen preferencias. Los familiares del donante no pueden elegir al receptor del órgano. Además, ni el hospital, ni los familiares del donante pueden cobrar por la donación. Esto se considera un delito muy grave.
La extracción de órganos sólo se puede realizar en un hospital donde ha ocurrido el fallecimiento, se hayan realizado todas las comprobaciones de muerte cerebral exigidas por la ley, y se solicite a la familia la autorización para efectuar la cirugía.
La donación no ocasionará gastos a la familia del fallecido. Como cualquier operación, no causa deformidad en el cuerpo y no impide los trámites funerarios normales.

Después de la donación, la vida del donante vivo relacionado será tan sana y plena como siempre. Si la mujer es donante o receptora, podrá tener hijos y si es varón, podrá engendrarlos, al igual que hacer deporte, trabajo y actividades acostumbradas.
El trasplante de riñón ayudará al paciente a filtrar la sangre y eliminar las sustancias tóxicas que se encuentran acumuladas en el cuerpo, así como mantener el equilibrio del agua del cuerpo, regulando la presión arterial y la formación de glóbulos rojos.
Tras la cirugía, el paciente tendrá que tomar medicamentos para conservar el riñón trasplantado, de forma tal que el sistema de defensa de su cuerpo no ataque el injerto.
Entre los medicamentos suministrados para esta terapia, los cuales deben ser controlados por un especialista y no suspenderse de forma abrupta, están la azathioprina o inmuran (tabletas), prednisona-corticoide (tabletas), ciclosporina-sandimun (cápsulas).
El paciente trasplantado debe tener una dieta balanceada para el buen funcionamiento del riñón. Puede comer diariamente aves (pollo, gallina, pavo, paloma), marisco (pescados, camarón, langostino, pulpo), alimentos que deben ser previamente hervidos y sazonados con ingredientes naturales (ajo, ajíes, cebolla, apio, culantro, perejil, orégano).
También puede consumir legumbres, vegetales, verduras, leche y queso descremados y todas las frutas que quiera.
En ocasiones el paciente trasplantado puede comer carne de res sin grasa, granos y cereales (arroz, pastas, pan y frijoles), azúcares (dulces, golosina, helados y jugos).
Los alimentos que no puede consumir son las grasas (puercos, aceites, mantequilla), vísceras (corazón, hígados, mollejas, mondongo, pajarilla, bofe), embutidos (salchicha, jamón, tocino, salami), productos enlatados y sazonados con preservativos, bebidas alcohólicas ni sal en grandes cantidades.

101 años de Panamá América

 
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