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Sobre el "de que" bueno y el "de que" malo


En esta ocasión quisiera referirme a algunos usos y varios abusos de la palabra "que" que, por cierto es una de las palabras más útiles y de uso más frecuente en la lengua española. Su valor y sus funciones son tales que en todas las principales lenguas europeas se encuentran equivalentes inequívocos de ella puesto que es indispensable en muchísimas expresiones que utilizamos diariamente, y además insustituible cuando se trata de dar expresión lógica a cualquier idea de cierta complejidad.
Reptando alevemente entre los intersticios y las grietas de la superficie del terreno que ocupa el español en la cultura occidental, en el habla corriente y en los medios de prensa escrita y verbal, un "de" que siempre está de más se le fue pegando al "que", y consiguientemente a otro "que" se le fue escapando un "de" que siempre hay que echar de menos. En ambos casos el sonido da dentera como cuando rascan vidrio con un cuchillo filoso.
En cuanto al origen de la entrada del "dequeísmo" en la historia de nuestra lengua, me refiero al Diccionario de catalanismos o sea de numerosos errores en que suelen incurrir los catalanes por traducir al pie de la letra ciertas voces, locuciones o frases del lenguaje catalán, que no tienen exacta correspondencia en la lengua castellana, obra de Miguel Marcet Carbonell, publicada en Barcelona en 1885. Entre los muchos errores que describe, se destaca el uso de una preposición por otra, la eliminación de la preposición "a" que exigen muchos verbos transitivos en español, el uso de "con" en lugar de "en", y también el uso erróneo del "de" antes de "que", que ya adquirió categoría de problema lingüístico como "dequeísmo" y el de la eliminación del "de" cuando es necesario, que también ha entrado en la historia de la lengua como "adequeísmo".
Ahora bien, en Panamá basta con presionar el botón de conexión de la electricidad en un aparato de radio o de televisión para que seguidamente pase uno a recibir un interminable baño de estos usos intrusos del "que" precedido por la preposición "de", con una buena enjabonada con el "que" desnudado del manto de significado y de claridad que le otorga dicha preposición al precederlo cuando cabe.
Si un legislador y un profesor y un médico y un obispo dicen: "Pienso de que es bueno tener consideraciones con el prójimo", son escasísimas las personas que sienten esa conmoción estomacal que suscitan los disparates en un espíritu sensibilizado por la costumbre de la lectura de buenas obras y una educación anterior al advenimiento de la televisión.
Con alevosía y ventaja, las "nuevas corrientes pedagógicas" aplicadas a la enseñanza primaria secundaria, tanto pública como privada, han logrado que una porción considerable de la población nacional no sepa distinguir el sujeto en una oración con más elementos que los que tiene "Jacinto llegó", y mucho menos cuál es el complemento directo de los verbos. Seguramente sólo unos pocos pueden identificar los complementos indirectos de tiempo, de modo o de lugar, y conocer la diferencia entre verbo transitivo, verbo, intransitivo, verbo reflexivo y verbo impersonal. Conviene, pues, ahora recordar que el complemento directo es el que expresa cuál es la acción que el verbo representa, el contenido, el propósito de esas palabras que conocemos como verbos.
Es perfectamente disparatado que Juan diga "pienso de que eso no tiene nada que ver", porque lo que Juan piensa es un complemento directo del verbo pensar, y el contenido del acto de pensar de Juan tiene que valerse inmediatamente de la palabra "que" como puente que encabeza la descripción de lo que ha pensado, y la preposición "de" no tiene nada que hacer allí.
El mismo disparate ocurre cuando se dice "entiende de qué" o bien "comprendo de qué" o bien "conseguí de qué" o bien, "explicaré de qué", dígalo quien lo diga, y sin que importe ni su rango ni su autoridad. Pongo énfasis en esto porque uno de los afluentes más dañinos del habla común y corriente es la forma de hablar de políticos y personalidades sobresalientes o poderosas por radio y por televisión. En otras ocasiones me ocuparé de disparates diseminados por boca de mandamases desde Felipe II hasta presidentes de nuestra entristecida América.
Por otra parte, existen muchos casos en que hay que usar la preposición "de" antes del "que" pero, como si todos los "de" se hubieran trasladado a los usos erróneos y no quedaran más en el archivo de la memoria, muchísima gente se vale del "que" sin nada más. Así, es frecuente oír: "eso fue antes que viniera Luis", o bien, "ven a comer después que termines", o bien, "te lo regalo con la condición que lo uses".
Siempre se ha dicho que Luis viene antes de Esteban y que Juana viene después de Lola, porque antes y después exigen la preposición "de", como también la exige la descripción de una condición como la condición de llegar a tiempo, la condición de no comerse los mangos ajenos, y en casos mucho más serios, la condición de pagar el alquiler, y son incontables las pruebas de este régimen.
Sin afirmarlo en forma definitiva, Juan Corominas en su Diccionario etimológico atribuye el origen del "que" al "quis" del latín en la forma "quem" del acusativo, al cual se adhieren los usos del "quod" y del "quia" del bajo latín, y menciona que en todas las lenguas romances hay un que o su equivalente, por ejemplo, bajo la forma del "che" en italiano y del "ca" en rumano. Posiblemente sea una forma interior de las lenguas derivadas del tronco del indoeuropeo, aunque en inglés también existen la forma "that" y la forma "which" que desempeñan funciones del "que" nuestro, y en alemán existe el "dass" como conjunción encabezadora con ciertas funciones idénticas a las del "que". Por mi parte, no creo que sea aventurado decir que el "que" es indispensable en estructuras lógicas propias de la expresión racional en la cultura occidental, porque los japoneses no tienen "que", y hasta donde tengo noticias tampoco lo tienen ni los coreanos ni los chinos.
Termino ahora diciendo que es mejor siempre usar el "de que" cuando va después de un adverbio como "antes o "después", o bien, cuando lo precede un sustantivo como es "es hora de que nos vayamos" o "la enfermedad de que te hable", pero nunca después locuciones con función de verbos como "es preciso" o "es necesario". Además, conviene recordar siempre que las tres letras que componen "que" tienen una gran variedad de funciones y son tan importantes que cualquiera que pretenda hablar con coherencia y pensar racionalmente haría muy bien en tomar en cuenta cuáles son las alianzas permitidas del "que" y cuáles son los usos que pueden causar una urticaria espiritual en las poquísimas personas que cultivan el arte de hablar.
Hay, desde luego, excepciones de la regla, que sólo es posible dominar con mucha lectura atenta de tratados doctos sobre el tema y de libros escritos con el debido esmero. Para terminar, me valdré de una de esas excepciones porque puede ser que esta columna dé de que hablar y dar es un verbo transitivo, aunque conjugarlo no es precisamente un rasgo típico de los panameños ya que el termómetro de la solidaridad humana en nuestro país más bien apunta hacia el verbo "recibir" y otros verbos y adjetivos que también aparecen en el diccionario bajo la letra R".

101 años de Panamá América

 
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