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Sobre el llamado tercer juego de esclusas


Una leal advertencia a doña Mireya y el señor Ministro del Canal don Ricardo Martinelli, con todos los respetos y con mi mayor adhesión: ¡No se dejen deslumbrar por los grandes proyectos multimillonarios! ¡Cuidado con los préstamos y con la tremenda papeleta que le han endosado al país, de una deuda externa monstruosa!
Yo diría que la realización del tercer juego de esclusas interesa mucho más a los inversionistas y sus representados, que a nuestro país. Es algo que no se debe quedar en los despachos públicos y debe ser ampliamente discutido, para que algunos tengamos la oportunidad de demostrar que ese proyecto no debe seguir adelante. La deuda que contraería la República no se terminaría de pagar en siglo y medio, y ya está bien de tener perennemente embargado el porvenir de la República, sólo porque hay bancos y banqueros interesados en proyectos millonarios, a costa de que el país continúe en la pobreza.
Nuestra Patria ahora mismo lo que reclama son proyectos múltiples, particular y generalmente en el interior, para producir un crecimiento económico que acabe con la pobreza. Hay muchas maneras de producir este despegue, que ni son de esclusas millonarias, ni de globalizaciones económicas absurdas. Existe el principio biológico que entre los seres humanos resulta inmoral, de que el pez grande siempre se come al chico. Entonces, como los hombres, aunque se vistan de ángeles, no pueden en su inmensa mayoría dejar de ser animales, vemos todos los días cómo los poderosos del dinero arrasan con todo, y la pobreza crece más y más en el mundo, de una manera realmente infame. Hasta ahora los políticos, en general, no han sabido producir la riqueza invitando a los capitalistas de otros países a invertir en industrias y proyectos privados, que es lo que hay que hacer. Pero no para la Cuenca del Canal, sino para todo el interior que ha sido abandonado por la mitad de la población nacional, para venirse a la capital. Hoy la mayoría de los panameños tenemos las esperanzas puestas en el actual gobierno de doña Mireya, y todos debemos ayudar a ese gobierno. En este momento creo mi obligación exponer el riesgo que representa una inversión tan grande como la del tercer juego de esclusas, sin que las instituciones privadas lo examinen y den su dictamen. Que no tengamos sorpresas. Porque lo que yo vi en la Comisión Tripartita me hizo dudar mucho de sus ventajas. Ahora habría que estudiarlo a fondo.
La principal duda que tenemos es que ya sabemos que los bancos internacionales, siempre se interesan por las grandes inversiones, por empresas millonarias. Toda la América llamada Latina está endeudada hasta el cuello, con el sistema de las grandes obras. Con una soga en el cuello, no hay pueblo que pueda despegar y crear riquezas. Huyamos de las obras millonarias, y multipliquemos las obras que favorezcan las actividades agrarias y el fomento de las artesanías, que son el peldaño que hay que saltar para pasar a la etapa de las tecnologías avanzadas.
No debemos admitir "globalizaciones" que arruinen a los campesinos y a los ganaderos y agricultores del interior. Y tampoco debemos admitir nuevas obras multimillonarias a base de que crezca más y más la deuda pública. Entre las razones que por ahora hacemos públicas del proyecto del Tercer Juego de Esclusas, hay las siguientes: 1) La obra sería, con toda seguridad, una solución temporal, de no más de los próximos 50 años, porque para entonces, ante los rápidos progresos de la navegación internacional, dicha obra podía muy bien ser ya obsoleta. Aparecerían otros problemas más graves, como explicaremos más adelante. 2) Sin embargo, mientras tanto, la República tendría todavía que seguir pagando su tremendo costo, por lo menos otros 80 años más, con los debidos intereses. O sea, pagaríamos deudas durante más de ¡un siglo! 3) Durante todo ese tiempo, tendríamos al mismo tiempo que atender a la tremenda deuda externa que nos dejó la dictadura. Nadie adivina el porvenir, pero podríamos vernos abocados a una crisis económica que nos obligue a tomar medidas desesperadas, a pesar de los ingresos del Canal, que también pueden bajar... 4) En efecto, antes de 40 años tendremos un verdadero canal seco en Panamá, de tanta importancia como la del actual canal de esclusas..
Ese canal seco ya está empezando a crecer. Pronto exigirá varias vías férreas paralelas. Las compañías navieras encontrarán más rápido y económico llegar a Balboa con su carga, meterla rápidamente en grandes volúmenes en un tren, y en cosa de dos horas ya estarían "embutidas" en otra nave y navegando a toda velocidad por el Caribe.
Agregamos que en 1963 a 64 publicamos en Crítica un artículo en el que pronosticábamos que los barcos del futuro se asemejarían a dirigibles flotantes con jets de agua en vez de hélices. Ya hay barcos con jets de agua; y otros que cada vez se semejan más a un gran dirigible flotante. ¿Y qué vendrá en el futuro próximo? No hay que ser adivino para prever que pronto se impondrán los barcos-patines con diseños aerodinámicos, o sea, una simbiosis de barco y avión.
Todos estos progresos son inevitables. El tiempo será tomado más en cuenta cada vez. Actualmente un barco para atravesar el Canal gasta muchas horas, y eso se refleja en el costo comercial. Podría, a la vuelta 30 ó 40 años, encontrarse Panamá con la papeleta de que la inmensa mayoría de los barcos dejan a la gente y a las mercancías en Balboa y son llevadas en dos o tres horas a Colón y embarcados en una hora más en otro barco de la misma empresa, o de otra asociada. Y, claro, también llegarían otros a Colón, con reembarque en Balboa. ¿Qué pasaría entonces con el Canal? ¿ De qué valió, si es que se realiza, el caro proyecto del Tercer Juego de Esclusas? El mundo cambia rápidamente. No olvidemos esto.

101 años de Panamá América

 
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