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Sobre el uso de armas


Frente al incremento de la ola delictiva, algunos sectores incluyendo al gobierno, han sugerido que los empresarios se armen en defensa de sus bienes. Aducen que la Ley prevé el uso legítimo de armas de fuego con tal propósito; pero la legislación al respecto no es tan clara como se dice.
Por los años 50, un famoso lanzador de beisbol panameño, sorprendió en su residencia a un pillo que rebuscaba gavetas en busca de dinero y joyas. Tras una breve persecución, el frustrado ladrón montó un taxi y arrancó en huida. El perseguidor, experto tirador, viendo que el intruso escapaba, abrió fuego, con tan mala suerte que el tiro dio en plena nuca al delincuente, que murió al instante.
Lo que de allí en adelante ocurrió al beisbolista fue una verdadera odisea. Fue detenido y fichado, tuvo que constituir fianza para ser liberado, luego de permanecer días tras las rejas. Requirió de un ejército de costosos abogados que, tras dura batalla, lograron que lo declararan inocente. Pero no fue un proceso fácil.
Disparar por la espalda a un delincuente, sin que el mismo portara un arma ni llevara parte del botín consigo, quien seguramente tendrá parientes reclamando indemnizaciones y alegando que era un estudiante ejemplar, crea una situación legal complicada.
Así por ejemplo, el caído de hace una semana en Curundú, en una balacera en la que resultaron heridos cuatro policías, fue muerto de un disparo en la nuca, obviamente por la espalda. Pero ello no descarta su calidad de agresor; pues si bien se suele dar la espalda en una huida, eso también ocurre durante un mero cambio de posición en el curso de un ataque. Y en esta última circunstancia, es de esperar que quien se defiende, procure no permitirlo, aunque dispare a la espalda de quien se repliega.
La cuestión legal tampoco es fácil y hay que examinar cada caso. Un experto penalista aconsejaba, quizás en broma, dejar que el delincuente entre a la casa o establecimiento, antes de disparar y, de lo contrario, una vez tirado, arrastrarlo al interior.
Más serio es concluir que la cuestión legal no es clara; y que requiere introducir reformas para proteger mejor a los ciudadanos que defienden sus bienes y también a la Policía que resguarda los ajenos. Y mientras eso ocurre, lo ideal es seguir el consejo de la Iglesia, que pide extrema cautela en el uso de las armas. A la larga, conviene reforzar a la Fuerza Pública para que haga un mejor trabajo, en vez de optar por el camino fácil de encomendar esa tarea a una ciudadanía inexperta.


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