Sobre la "confianza" en el gobierno
En su Informe de Gestión, presentado ante la Asamblea Legislativa, reunida en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, en Santiago de Veraguas, en violación del artículo 143 de la Constitución Nacional, la presidenta de la República, Mireya Moscoso, hizo hincapié sobre la "confianza" de los inversionistas internacionales en el Estado panameño y en su administración. Aunque reconocemos que Panamá sigue siendo un "puerto seguro" para los inversionistas extranjeros, difícilmente se puede aceptar que la demanda en el exterior por la deuda nacional es producto de la confianza ganada por el gobierno Moscoso en sus tres años de gestión.
La señora Presidenta, entre los logros de su gobierno durante el año pasado, resaltó la colocación de 930 millones de dólares en valores, los cuales se utilizaron para retirar otros instrumentos de deuda por vencer y para financiar el presupuesto (incluyendo, por ende, el pago de intereses del resto de la deuda). Igualmente, hizo mención de la reciente colocación de bonos globales de la República, con vencimiento en 2027, por 275 millones de dólares, en la cual se recibieron ofertas por 360 millones de dólares, lo cual confirma una alta demanda. Ella interpreta esas experiencias como indicativas de que existe confianza en el país y en su gobierno.
Indudablemente que la deuda panameña sigue siendo atractiva en un mar de intranquilidad. Latinoamérica está inmersa en un período difícil, en el cual ha habido incumplimientos de compromisos internacionales y prolongados períodos de desaceleración y hasta recesión económica. El Cono Sur entero está sufriendo por la crisis Argentina.
Panamá, con una economía dolarizada desde ya hace más de un siglo y con una alta concentración en el sector servicios, que ha comprobado resistir los peores vaivenes políticos y económicos del país y de la región, ofrece una estabilidad casi inexistente en el área. Mientras los rendimientos de inversiones en el primer mundo están en los niveles más bajos en muchísimo tiempo y los inversionistas tienen liquidez que requieren colocar, la tasa que ofrecemos resulta extremadamente atractiva para inversionistas cuyas alternativas son rendimientos de un cuarto de lo que aquí pagamos.
Esa es una explicación más correcta de la alta demanda por nuestra deuda. En sus tres años de gestión, el gobierno de turno no ha logrado reducir la deuda pública (la cual de hecho aumenta) y resiste reducir el gasto público (el cual incrementa año tras año), muy a pesar de las múltiples promesas hechas durante las elecciones y desde entonces. En varias ocasiones ha violado la seguridad jurídica de contratos, tanto nacionales como extranjeros. Resiste patológicamente a privatizar nada, inclusive servicios que evidentemente representan una carga para el Estado y promete inversiones que toma demasiado en ejecutar, si es que llegan a eso. Y en el campo de la corrupción promueve leyes que luego erosiona y no pasa de la retórica. Los inversionistas extranjeros simplemente no tienen alternativas para su dinero. Cuando la tengan o cuando la bomba de tiempo que está manteniendo activa el Estado explote (lo cual parece inevitable dada la actitud gubernamental), tengan la plena seguridad que esos mismos inversionistas que hoy nos consideran un "puerto seguro" rápidamente buscarán otros destinos para sus capitales.
La señora Presidenta, entre los logros de su gobierno durante el año pasado, resaltó la colocación de 930 millones de dólares en valores, los cuales se utilizaron para retirar otros instrumentos de deuda por vencer y para financiar el presupuesto (incluyendo, por ende, el pago de intereses del resto de la deuda). Igualmente, hizo mención de la reciente colocación de bonos globales de la República, con vencimiento en 2027, por 275 millones de dólares, en la cual se recibieron ofertas por 360 millones de dólares, lo cual confirma una alta demanda. Ella interpreta esas experiencias como indicativas de que existe confianza en el país y en su gobierno.
Indudablemente que la deuda panameña sigue siendo atractiva en un mar de intranquilidad. Latinoamérica está inmersa en un período difícil, en el cual ha habido incumplimientos de compromisos internacionales y prolongados períodos de desaceleración y hasta recesión económica. El Cono Sur entero está sufriendo por la crisis Argentina.
Panamá, con una economía dolarizada desde ya hace más de un siglo y con una alta concentración en el sector servicios, que ha comprobado resistir los peores vaivenes políticos y económicos del país y de la región, ofrece una estabilidad casi inexistente en el área. Mientras los rendimientos de inversiones en el primer mundo están en los niveles más bajos en muchísimo tiempo y los inversionistas tienen liquidez que requieren colocar, la tasa que ofrecemos resulta extremadamente atractiva para inversionistas cuyas alternativas son rendimientos de un cuarto de lo que aquí pagamos.
Esa es una explicación más correcta de la alta demanda por nuestra deuda. En sus tres años de gestión, el gobierno de turno no ha logrado reducir la deuda pública (la cual de hecho aumenta) y resiste reducir el gasto público (el cual incrementa año tras año), muy a pesar de las múltiples promesas hechas durante las elecciones y desde entonces. En varias ocasiones ha violado la seguridad jurídica de contratos, tanto nacionales como extranjeros. Resiste patológicamente a privatizar nada, inclusive servicios que evidentemente representan una carga para el Estado y promete inversiones que toma demasiado en ejecutar, si es que llegan a eso. Y en el campo de la corrupción promueve leyes que luego erosiona y no pasa de la retórica. Los inversionistas extranjeros simplemente no tienen alternativas para su dinero. Cuando la tengan o cuando la bomba de tiempo que está manteniendo activa el Estado explote (lo cual parece inevitable dada la actitud gubernamental), tengan la plena seguridad que esos mismos inversionistas que hoy nos consideran un "puerto seguro" rápidamente buscarán otros destinos para sus capitales.