Sobre la quema de arbolitos
En días pasados vimos arder anticipadamente en Cerro Patacón varios miles de arbolitos de Navidad. Según su propietario, se trata tan sólo de una parte de los arbolitos que fueron retenidos y fumigados intensamente por las autoridades, por estar supuestamente infectados de bichos y animales. Es un caso sintomático sobre el cual vale la pena hacer un alto.
La situación, según ha trascendido, es la siguiente. Al igual que todos los años, varios comerciantes panameños obtuvieron permisos de importación de árboles para Navidad. Por casualidad, todos compraron del mismo proveedor, quien extrajo su producto de la misma finca en Canadá. Primero llegó un barco con poco menos de una docena de contenedores, los cuales entraron al país sin problemas; luego, sin embargo, llegó otro con casi cinco docenas de contenedores adicionales, para diversos importadores. Todos ellos fueron retenidos por más de dos semanas, primero por haber arribado en un día de fiesta y luego porque las autoridades supuestamente detectaron bichos y animales en algunos contenedores.
El proveedor extranjero, que vino a Panamá a inspeccionar su mercadería, dice que estaba perfecta y que ninguno de los contenedores exportados hacia otros destinos tenían bichos o animales ni gozaron del mismo tratamiento que los que llegaron a Panamá. Es poco lo que los importadores pueden decir, salvo por reiterar lo indicado por su proveedor, habida cuenta que dependen en gran medida de los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) para los permisos de sus tantas otras importaciones. Las autoridades panameñas, sin embargo, han sido categóricas al defender su actuación. Dicen que la infestación más que justificaba la retención y que la fumigación era rutinaria y procedente.
Pero las inquietudes persisten: ¿Por qué primero permitieron la salida de los primeros contenedores y por qué nadie se ha quejado de haber recibido árboles con animales o bichos? ¿Por qué en otros destinos (como Puerto Rico) no se quejaron de lo mismo? ¿Por qué fue necesario retener por tanto tiempo los contenedores? ¿Por qué en vez de retenerlos y fumigarlos no los devolvieron, eliminando así completamente el supuesto riesgo para el sistema ecológico del país? ¿Por qué fumigarlos con suficiente intensidad para hacerlos invendibles? ¿Por qué permitieron fluctuaciones en la temperatura de los contenedores? ¿Por qué, luego de fumigarlos, entregaron los contenedores con gotero? ¿Por qué los importadores no encontraron alimaña alguna (viva o muerta) entre los arbolitos que eventualmente recibieron? Y por último, ¿quién responde por las pérdidas sufridas por los importadores?
Queda claro de lo anterior que las autoridades no han dado explicaciones satisfactorias, ni al país ni a sus homólogos canadienses. Téngase presente que estos últimos han sido muy diplomáticos al manifestar su inconformidad, pero todavía esperan que las autoridades nacionales aclaren lo hecho de manera que en un futuro no se produzcan situaciones similares. Por nuestra parte, recomendamos que el MIDA constituya una comisión especial, integrada por funcionarios independientes y representantes del sector privado, que analice esta experiencia y que el informe que eventualmente rinda sea divulgado públicamente. Lo ocurrido puede volver a repetirse con cualquier otro producto similar; y se requiere con urgencia de un procedimiento transparente que garantice los derechos y la activa participación del importador.
El análisis de causa-efecto propuesto por el Dr. Kauro Ishikawa arroja una verdad límpida y transparente: es más inteligente prever la causa que combatir el efecto. También aquí se traza la delgada línea que separa a los políticos circunstanciales de los verdaderos estadistas.
La situación, según ha trascendido, es la siguiente. Al igual que todos los años, varios comerciantes panameños obtuvieron permisos de importación de árboles para Navidad. Por casualidad, todos compraron del mismo proveedor, quien extrajo su producto de la misma finca en Canadá. Primero llegó un barco con poco menos de una docena de contenedores, los cuales entraron al país sin problemas; luego, sin embargo, llegó otro con casi cinco docenas de contenedores adicionales, para diversos importadores. Todos ellos fueron retenidos por más de dos semanas, primero por haber arribado en un día de fiesta y luego porque las autoridades supuestamente detectaron bichos y animales en algunos contenedores.
El proveedor extranjero, que vino a Panamá a inspeccionar su mercadería, dice que estaba perfecta y que ninguno de los contenedores exportados hacia otros destinos tenían bichos o animales ni gozaron del mismo tratamiento que los que llegaron a Panamá. Es poco lo que los importadores pueden decir, salvo por reiterar lo indicado por su proveedor, habida cuenta que dependen en gran medida de los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) para los permisos de sus tantas otras importaciones. Las autoridades panameñas, sin embargo, han sido categóricas al defender su actuación. Dicen que la infestación más que justificaba la retención y que la fumigación era rutinaria y procedente.
Pero las inquietudes persisten: ¿Por qué primero permitieron la salida de los primeros contenedores y por qué nadie se ha quejado de haber recibido árboles con animales o bichos? ¿Por qué en otros destinos (como Puerto Rico) no se quejaron de lo mismo? ¿Por qué fue necesario retener por tanto tiempo los contenedores? ¿Por qué en vez de retenerlos y fumigarlos no los devolvieron, eliminando así completamente el supuesto riesgo para el sistema ecológico del país? ¿Por qué fumigarlos con suficiente intensidad para hacerlos invendibles? ¿Por qué permitieron fluctuaciones en la temperatura de los contenedores? ¿Por qué, luego de fumigarlos, entregaron los contenedores con gotero? ¿Por qué los importadores no encontraron alimaña alguna (viva o muerta) entre los arbolitos que eventualmente recibieron? Y por último, ¿quién responde por las pérdidas sufridas por los importadores?
Queda claro de lo anterior que las autoridades no han dado explicaciones satisfactorias, ni al país ni a sus homólogos canadienses. Téngase presente que estos últimos han sido muy diplomáticos al manifestar su inconformidad, pero todavía esperan que las autoridades nacionales aclaren lo hecho de manera que en un futuro no se produzcan situaciones similares. Por nuestra parte, recomendamos que el MIDA constituya una comisión especial, integrada por funcionarios independientes y representantes del sector privado, que analice esta experiencia y que el informe que eventualmente rinda sea divulgado públicamente. Lo ocurrido puede volver a repetirse con cualquier otro producto similar; y se requiere con urgencia de un procedimiento transparente que garantice los derechos y la activa participación del importador.
El análisis de causa-efecto propuesto por el Dr. Kauro Ishikawa arroja una verdad límpida y transparente: es más inteligente prever la causa que combatir el efecto. También aquí se traza la delgada línea que separa a los políticos circunstanciales de los verdaderos estadistas.