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Sobre la réplica del administrador del Canal


El ingeniero Alberto Alemán Zubieta, Administrador del Canal, ha producido una nota que dirigió al señor Director de "El Panamá América" con fecha 28 de marzo de 2002 y que fue publicada por este diario en su edición del pasado jueves 4 de abril. La nota del Administrador del Canal se refiere y responde al artículo que publiqué el 25 de marzo con el título "La Despanameñización del Canal". Soy sensible a la nota del Sr. Alemán Zubieta en cuyo texto se deja ver su caballerosidad y la cortesía de su exposición, sin dejar por ello de aferrarse a sus convicciones y a sus ideas preconcebidas, que parecieran estar profundamente enraizadas en su conciencia y que defiende persistente y pertinazmente. Sin embargo, debo reconocer que el ingeniero Alemán Zubieta, ha demostrado un justificado celo por mantener en alto su reputación, y que la carta pública que dirigió al Dr. Octavio Amat en respuesta a mi artículo, entraña un gesto cívico que invita a un debate nacional sobre el Canal de Panamá, el cual necesariamente deberá abarcar, entre otras, las situaciones a las cuales paso a referirme, sin ánimo de recriminaciones, pero que son de obligante análisis y evaluación, en busca de soluciones que respondan al interés nacional, frente a los retos que le depara al país el futuro inmediato del Canal de Panamá.
La tesis expresada por el periodista Andrew Bounds en el "Financial Times" del 22 de marzo del 2002, como resultado de la entrevista que le hizo al ingeniero Alberto Alemán Zubieta, en el sentido de que según la interpretación de Bounds "al igual que China y Hong Kong, Panamá y el Canal han optado por el concepto de un país y dos sistemas", es inaceptable. El ingeniero Alemán Zubieta, hasta ahora, no ha dicho nada para desvirtuar la afirmación de que "Panamá es un país del Tercer Mundo en tanto que el Canal permanece como una operación del Primer Mundo". Esta situación ha dado lugar a que un número plural de nuestros compatriotas aduzcan que la Autoridad del Canal pretende convertirse en un Gobierno dentro de otro Gobierno, cuyo centro de poder está ubicado dentro de la que fuera la residencia del Ex-Gobernador de la Zona del Canal y que ahora ocupa el Administrador Alemán Zubieta.
Sectores responsables en el país se sienten afectados porque aducen que el señor Administrador, sólo le rinde cuentas a una Junta de Asesores donde no hay un solo panameño y en la cual prácticamente sigue ejerciendo las funciones de supervisar las actividades del Canal de Panamá un Ex-Secretario del Ejército de los Estados Unidos, quien no tiene vínculo alguno con la industria marítima. Se señala además, el alto costo de las convocatorias de la Junta de Asesores cuya reunión en Londres recientemente, causó una erogación al Canal de USD400,000.00, según lo declaró un alto ejecutivo de la entidad.
La excesiva reserva y el secretismo que se aplican en el manejo de los asuntos del Canal, mantienen en tensiones y desasosiego a miles de familias de campesinos de la región de Coclé del Norte, que escuchan versiones contradictorias sobre la construcción de nuevos embalses en esa área del país.
Existe verdadera incomodidad porque personas sumamente calificadas que han asegurado que los proyectados embalses no se necesitan porque la cuenca actual genera suficiente agua, no encuentran un comentario calificado de las Autoridades del Canal. La pregunta lógica que se formula se dirige a determinar si funcionan o no los mecanismos democráticos en la administración. Se señala al respecto, que la intolerancia a las opiniones disidentes le costó su empleo a un reputado ingeniero que venía ocupando por méritos la posición de director de Ingeniería y Construcción del Canal.
El impulso que se imprime en los medios de comunicación al proyecto de un tercer juego de esclusas, le da derecho a la ciudadanía a esperar que este asunto se maneje con la más amplia transparencia por la Autoridad del Canal, singularmente en cuanto a los estudios relativos a las cargas financieras y a los impactos positivos y negativos de carácter financiero, político, social, económico y cultural, de un proyecto de tanta magnitud que incidirá en los destinos y en la calidad de vida de varias generaciones.
El Administrador del Canal está obligado a guiar religiosamente todos sus pasos, por la proclamación de que el Canal constituye un patrimonio inalienable de la nación panameña y que, como ha dicho una distinguida panameña, no es una finca particular.
Las posiciones que con tanto empeño ha adoptado el señor Administrador para objetar la competencia legislativa para ponerle coto a los tránsitos de cargas radioactivas de alta peligrosidad por aguas panameñas, no encuadran dentro de sus potestades en el marco de la Constitución y de las leyes. Tampoco puede asumir funciones de interpretación del Tratado de Neutralidad del Canal que le corresponden al Ministerio de Relaciones Exteriores. Coloca el señor Administrador a la Cancillería panameña en posición desairada, al pretender firmar un Acuerdo con los Estados Unidos sobre amenazas ecológicas y terroristas al Canal de Panamá, dejando sin piso al señor Canciller quien tuvo que reconocer que no estaba enterado de esas negociaciones. Todo ello con el agravante de que el referido acuerdo, se mantiene fuera del conocimiento de la ciudadanía, una semana después de firmado. Hasta ahora, las gestiones del Presidente del Colegio Nacional de Abogados y otras organizaciones para obtener el texto del Acuerdo han resultado infructuosas.
Cuantas veces me he referido a la Administración del Canal me ha guiado el propósito de que el Canal se fortalezca institucionalmente en beneficio de los mejores intereses de la nación panameña en todas las latitudes del país. Con esa mira, interpretando el sentimiento de muchos panameños y panameñas, he venido expresando mi oposición a toda política sectaria, elitista, segregacionista y excluyente en el manejo del Canal que debe beneficiarse, al igual que otras instituciones, de la capacidad profesional y de la experiencia tanto del actual Administrador Alemán Zubieta, como del caudal de conocimientos y de experiencias que están en capacidad de aportar, si son consultados, quienes le precedieron al frente de la Administración de la vía interoceánica, licenciado Fernando Manfredo e Ingeniero Gilberto Guardia, y otros destacados profesionales fogueados en los problemas de la vía acuática que cuenta con una Junta Consultiva, en donde es notoria la no participación de profesionales panameños.
No soy partidario de promover la sospecha ni de utilizar métodos inquisitoriales. Si yo considerara a la Administración del Canal como una institución eminentemente política, mis comentarios tendrían otros acentos que los que he utilizado cuando me he referido a ella. Creo que la Administración del Canal tiene una misión específica que cumplir pero que esa misión no puede cumplirse en el secreto y mucho menos como si se cumpliera en otro Estado, en otro ámbito territorial, jurídico, político y económico.Eso no contribuiría a los objetivos del desarrollo nacional. Es por esa razón que considero peligroso que los personeros del Canal parezcan descuidar la responsabilidad política de mantener al país integrado y es por esa razón que considero lamentable que esos personeros sean casi alérgicos a los comentarios del ciudadano común.
Algunos hechos ocurridos la semana pasada abonan esta apreciación y no pueden menos que causar el asombro ciudadano. No se trata simplemente de la firma efectuada el 1° de abril de un "Acuerdo de Asistencia en Incidentes de Contaminación Ambiental en el área del Canal de Panamá". Son los procedimientos empleados los que pasman a la ciudadanía. Así se desprende de lo relatado por El Panamá América en la página A3 de su edición del jueves 4 de abril de 2002: "El Panamá América -dice la noticia- solicitó el contenido del acuerdo técnico firmado el pasado lunes .... . Sin embargo, -agrega El Panamá América- se dijo que aunque no había inconveniente por parte de la Dirección de Asuntos Legales, el documento estaba en el idioma Inglés".
Esta herejía constitucional que entraña dejar de lado el idioma español para pactar en el idioma inglés, como ocurrió en 1903, dado lo descomunal del despropósito, trasciende el prurito mesiánico de Torquemada(*) y se ubica en la órbita de la apostasía de Flavio Josefo(**), aquel tránsfuga de la rebelión judía que se convirtió en ciudadano romano para gozar del favor del Emperador Vespasiano.
Está en pié el debate nacional que debe derivarse de la carta del ingeniero Alberto Alemán Zubieta que motiva esta crónica. Valga recordar que la Oficina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Panamá, "El Panamá América" y el Diario "La Prensa", han querido organizar un Foro sobre el proyecto del tercer juego de esclusas, que podría comprometer a las presentes y futuras generaciones; proyecto en el cual se está trabajando a juzgar por los millones de dólares que se están gastando en fases que corresponden a la ejecución del proyecto, como lo es el diseño de las nuevas esclusas. El Foro no se ha podido concretar porque según se me ha informado, el administrador Alemán Zubieta se ha opuesto. Después de su carta del 28 de marzo de 2002, hay fundadas razones para que el Foro se pueda realizar.
(*)Tomás de Torquemada, Inquisidor español (1420-1498). Miembro del Consejo y Confesor de los Reyes Católicos. Organizó el Tribunal del Santo Oficio. Inquisidor General del Reino de Aragón, cargo desde el cual logró la expulsión, en 1492, de los judíos de España.
(**)Flavio Josefo (37-95). Hombre de Letras e Historiador Judío. En Jerusalén se unió a los fariseos. Comandante Militar en Galilea durante la Revuelta Judía (A.D. 66-70). Al ascender al poder Vespasiano renegó de la causa judía y se adhirió al dominio de Roma. Se le otorgó la ciudadanía romana, con una pensión, y gozó del favor de la Corte del Emperador Vespasiano.

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