Sobre la seguridad jurídica
En las agitadas aguas de los tiempos modernos, la palabra clave para atraer inversiones del patio y del exterior es seguridad jurídica, vale decir respeto a los contratos que celebra el Estado, respeto a las reglas del juego en el orden legal y económico, respeto a la preservación del orden público. Así captan inversiones no solamente los países democráticos. La Yugoslavia comunista de Tito dictó un estatuto de inversiones extranjeras, que le permitió mejorar comparativamente con otros regímenes marxistas merced a que garantizaba la estabilidad de los compromisos estatales. La Cuba comunista de Fidel Castro confiscó empresas y propiedades privadas y se ganó un severo bloqueo por no indemnizar a los afectados .
Tomando en cuenta el conjunto de antecedentes en esa delicada materia, la Presidenta Electa Mireya Moscoso salió al paso de una iniciativa legal de un legislador de su cofradía política que violaba el régimen de concesiones acordado a las empresas foráneas del servicio telefónico y celular. Se confirmó así que el nuevo gobierno no se propone cambiar los contratos celebrados por el régimen perredista en medio de controversias políticas, sin mengua de la fiscalización de cada una de sus cláusulas contractuales para exigir su adecuado cumplimiento. Enhorabuena por el mensaje lanzado a la comunidad de inversionistas por el nuevo gobierno.
Bajo el contexto de las exigencias de seguridad jurídica de los estados, debemos reconocer, sin embargo, que a menudo no bastan las leyes escritas si no tienen el importante componente de la voluntad política de cumplir los compromisos contraídos. Las leyes pueden modificarse o derogarse por otro acto legal. Empero, si el estadista y sus asesores no cumplen al pie de la letra la palabra empeñada en el compromiso, las leyes pierden credibilidad.
Naturalmente hay un espacio abierto a la negociación cuando las partes conceptúan que el acuerdo en la práctica no funciona o perjudica a una de ellas, desbalanceando el compromiso formalmente adquirido para beneficios recíprocos. Tal podría ser el caso de los acuerdos arancelarios contraídos por Panamá con la OMC en el item agropecuario. La renegociación del techo arancelario se puede amparar en la posibilidad de recurrir a las salvaguardas. Existe, pues, un canal de renegociación a la que puede acogerse el nuevo gobierno panameño, si decidiera transitarlo. Pero lo que no podríamos hacer es desconocer unilateralmente un compromiso comercial, cualquiera que sea la presión, porque seríamos el hazmerreír del mundo.
Tomando en cuenta el conjunto de antecedentes en esa delicada materia, la Presidenta Electa Mireya Moscoso salió al paso de una iniciativa legal de un legislador de su cofradía política que violaba el régimen de concesiones acordado a las empresas foráneas del servicio telefónico y celular. Se confirmó así que el nuevo gobierno no se propone cambiar los contratos celebrados por el régimen perredista en medio de controversias políticas, sin mengua de la fiscalización de cada una de sus cláusulas contractuales para exigir su adecuado cumplimiento. Enhorabuena por el mensaje lanzado a la comunidad de inversionistas por el nuevo gobierno.
Bajo el contexto de las exigencias de seguridad jurídica de los estados, debemos reconocer, sin embargo, que a menudo no bastan las leyes escritas si no tienen el importante componente de la voluntad política de cumplir los compromisos contraídos. Las leyes pueden modificarse o derogarse por otro acto legal. Empero, si el estadista y sus asesores no cumplen al pie de la letra la palabra empeñada en el compromiso, las leyes pierden credibilidad.
Naturalmente hay un espacio abierto a la negociación cuando las partes conceptúan que el acuerdo en la práctica no funciona o perjudica a una de ellas, desbalanceando el compromiso formalmente adquirido para beneficios recíprocos. Tal podría ser el caso de los acuerdos arancelarios contraídos por Panamá con la OMC en el item agropecuario. La renegociación del techo arancelario se puede amparar en la posibilidad de recurrir a las salvaguardas. Existe, pues, un canal de renegociación a la que puede acogerse el nuevo gobierno panameño, si decidiera transitarlo. Pero lo que no podríamos hacer es desconocer unilateralmente un compromiso comercial, cualquiera que sea la presión, porque seríamos el hazmerreír del mundo.