Sobre la Thonya y otras cosas
Verdaderamente que la buena conducta puede hacer a un hombre bueno. Así, la persona es llamada buena, porque sus actos muestran que es la clase de hombre de quien se esperan actos buenos. Claro que todos gozamos del libre albedrío para ser buenos o malos. Es posible también que como personas podríamos vivir con ideales que nos eleven hasta los más altos límites de la capacidad por proyectarnos como hombres de bien, puros, sanos, correctos; como hombres con valor moral, nos hace buenos, simplemente por ser hombres de bien, en todo el sentido de la palabra. Pero, el hombre se justifica así mismo y se independiza de otros valores, creándose obligaciones que le hacen, en una escala de uno a diez, la vida ideal hasta lo máximo por vivirla a su libre albedrío. Algunos hombres y mujeres son susceptibles de hacer satisfactoria su vida mediante el placer, los vicios, el gozo por lo que les gusta. Desde que se rompió el dique de las inhibiciones victorianas, la cuestión del sexo ha llegado a abrumarnos a tal punto, en arte, literatura, psicología, publicidad, periodismo e inclusive, en la conversación, que empezamos a asfixiarnos en ella. En la búsqueda por ese placer, de lo que le gusta a algunos hombres y mujeres encontramos a proxenetas, meretrices, gígolos y toda una gama de especialistas del sexo y el placer mundano; personas que se disfrazan y se amparan en ropajes prestados.
Algunas personas creen que el único elemento en la vida buena se designa como hedonismo, como placer. Ese placer altruista por hacer a los demás felices, muchos los encuentran en esos antros donde se "consiguen" a muchachitas y "pelaítas" para mostrar a cada uno una pasión excesiva, procreando un estado de tranquilidad gozosa. Con ello se demuestra que el hombre paga cualquier cantidad de dinero por satisfacer sus apetitos sexuales. La cantidad de placer gozoso, lejos del dolor, que producen nuestros deseos, aumentan cada vez con el trabajo que hacen los medios de comunicación con sus escritos, películas, anuncios pagados, avisos, afiches y material pornográfico, "sólo para personas de criterio formado". Tal parece que los mismos medios ayudan al morbo y son motivos principales para la degeneración de la naturaleza humana. No con esto culpo a los medios, ya que ningún sacrificio por amor del otro es jamás necesario, sino por el propio compromiso que adquirimos con nosotros mismos por contraer el morbo, la pasión, la lujuria, la prostitución y el laissez-fairismo por las cosas terrenales, de la carne. La voluntad por los apetitos sexuales deben ser frenados por una obligación moral.
Siempre hay un interés a favor de uno mismo por hacer valer nuestra conducta. Mucha gente busca el placer todo el tiempo, para satisfacer o satisfacerse. Tal parece que ello forma parte de las oportunidades que nos da la vida. Los medios de comunicación social, así como el mundo de la informática y de la electrónica, que muchas veces llevan el mensaje directo y otras veces lo refieren de manera sugestiva, de persuasión y subliminal, están ejerciendo una fuerte presión sobre las facultades mentales y emocionales tanto del hombre como de la mujer. ¿Y qué decir de los jóvenes? Las personas realizan actos, muchas veces, sin reflexionar por qué lo hacen. No con ello estoy justificando ritos, ceremoniales, actitudes mundanas de pocos que afectan a muchos; muchas cosas se acumulan en el diario vivir, persisten en forma dispensiosa, aún después de reconocer su carácter absurdo, porque encuentran que es más fácil conformarse al prejuicio que tratar de conseguir que las personas abandonen patrones de conducta no muy sanas.
No podemos convertir en habitual el hecho de que se deba permitir pornografía pagada en medios electrónicos o escritos. Ello también facilita al habitual envenenamiento de nuestros niños y jóvenes. La cuestión está en que se estigmatiza como bueno esta clase de "literatura" que al momento de dejar de salir a la luz pública se crea una excepción. No estoy achapado a la antigua ni quiero ser rompe grupo, ni mucho menos puritano o moralista al cien por ciento. Tampoco me catalogo como el más santo de los perversos. Hay una enorme diferencia en la conducta social que debemos llenar los comunicadores sociales, los medios y quienes formamos opinión pública, y hay un límite por diferenciar lo que es tolerable a la sociedad en temas de sexo, lujuria y placer. Estas conductas sexistas de los medios, por recrear el morbo a seis columnas puede ser divertida para unos, pero molesta para otros. Inclusive, aquellos que atacan la obligación por los hechos morales lo hacen en nombre de la sinceridad para emancipar un tema con el otro; es decir, llamar a las aberraciones sexo y amor a las buenas relaciones de parejas.
No estoy diciendo aquí qué es lo más correcto, sino, simplemente, que hay que imponer el orden moral en los medios masivos de comunicación. Estamos a tiempo para guiar, orientar y moldear sanamente y en su justa medida lo que hacen en nuestro país las comisiones institucionales, el Ministerio de la Familia, la Mujer y la Juventud, así como juntas moralistas y de censura. Hay que poner un freno. La facultad sexual ha sido dejada obviamente, como todo el mundo lo sabe, para la reproducción. Entonces, ¿por qué hacer una fiesta de esta bendición divina? El acto sexual en sí mismo es natural y moralmente neutro, pero los motivos y las circunstancias han de considerarse en todo acto. Si las dos partes se están utilizando, simplemente, una a la otra como medios de complacencia, sin cariño real entre ellos, se hacen culpables de un crimen grave de la persona del uno contra la del otro, y de degradarla al nivel de una cosa. Pensemos en ello.
Algunas personas creen que el único elemento en la vida buena se designa como hedonismo, como placer. Ese placer altruista por hacer a los demás felices, muchos los encuentran en esos antros donde se "consiguen" a muchachitas y "pelaítas" para mostrar a cada uno una pasión excesiva, procreando un estado de tranquilidad gozosa. Con ello se demuestra que el hombre paga cualquier cantidad de dinero por satisfacer sus apetitos sexuales. La cantidad de placer gozoso, lejos del dolor, que producen nuestros deseos, aumentan cada vez con el trabajo que hacen los medios de comunicación con sus escritos, películas, anuncios pagados, avisos, afiches y material pornográfico, "sólo para personas de criterio formado". Tal parece que los mismos medios ayudan al morbo y son motivos principales para la degeneración de la naturaleza humana. No con esto culpo a los medios, ya que ningún sacrificio por amor del otro es jamás necesario, sino por el propio compromiso que adquirimos con nosotros mismos por contraer el morbo, la pasión, la lujuria, la prostitución y el laissez-fairismo por las cosas terrenales, de la carne. La voluntad por los apetitos sexuales deben ser frenados por una obligación moral.
Siempre hay un interés a favor de uno mismo por hacer valer nuestra conducta. Mucha gente busca el placer todo el tiempo, para satisfacer o satisfacerse. Tal parece que ello forma parte de las oportunidades que nos da la vida. Los medios de comunicación social, así como el mundo de la informática y de la electrónica, que muchas veces llevan el mensaje directo y otras veces lo refieren de manera sugestiva, de persuasión y subliminal, están ejerciendo una fuerte presión sobre las facultades mentales y emocionales tanto del hombre como de la mujer. ¿Y qué decir de los jóvenes? Las personas realizan actos, muchas veces, sin reflexionar por qué lo hacen. No con ello estoy justificando ritos, ceremoniales, actitudes mundanas de pocos que afectan a muchos; muchas cosas se acumulan en el diario vivir, persisten en forma dispensiosa, aún después de reconocer su carácter absurdo, porque encuentran que es más fácil conformarse al prejuicio que tratar de conseguir que las personas abandonen patrones de conducta no muy sanas.
No podemos convertir en habitual el hecho de que se deba permitir pornografía pagada en medios electrónicos o escritos. Ello también facilita al habitual envenenamiento de nuestros niños y jóvenes. La cuestión está en que se estigmatiza como bueno esta clase de "literatura" que al momento de dejar de salir a la luz pública se crea una excepción. No estoy achapado a la antigua ni quiero ser rompe grupo, ni mucho menos puritano o moralista al cien por ciento. Tampoco me catalogo como el más santo de los perversos. Hay una enorme diferencia en la conducta social que debemos llenar los comunicadores sociales, los medios y quienes formamos opinión pública, y hay un límite por diferenciar lo que es tolerable a la sociedad en temas de sexo, lujuria y placer. Estas conductas sexistas de los medios, por recrear el morbo a seis columnas puede ser divertida para unos, pero molesta para otros. Inclusive, aquellos que atacan la obligación por los hechos morales lo hacen en nombre de la sinceridad para emancipar un tema con el otro; es decir, llamar a las aberraciones sexo y amor a las buenas relaciones de parejas.
No estoy diciendo aquí qué es lo más correcto, sino, simplemente, que hay que imponer el orden moral en los medios masivos de comunicación. Estamos a tiempo para guiar, orientar y moldear sanamente y en su justa medida lo que hacen en nuestro país las comisiones institucionales, el Ministerio de la Familia, la Mujer y la Juventud, así como juntas moralistas y de censura. Hay que poner un freno. La facultad sexual ha sido dejada obviamente, como todo el mundo lo sabe, para la reproducción. Entonces, ¿por qué hacer una fiesta de esta bendición divina? El acto sexual en sí mismo es natural y moralmente neutro, pero los motivos y las circunstancias han de considerarse en todo acto. Si las dos partes se están utilizando, simplemente, una a la otra como medios de complacencia, sin cariño real entre ellos, se hacen culpables de un crimen grave de la persona del uno contra la del otro, y de degradarla al nivel de una cosa. Pensemos en ello.