Sobre las izquierdas
No estoy seguro que sea útil referirse a posiciones filosóficas aludiendo a lugares geográficos, pero la utilización de la izquierda para identificar determinada posición filosófica proviene de la época de la Revolución Francesa. Los que se sentaron a la izquierda del rey en la Asamblea del "93 eran los contestatarios, los que se oponían a la monarquía absoluta y al "establishment". En este sentido, la izquierda tiene un origen noble. Luego de la contra-revolución francesa, los jacobinos, Robespierre, el terror y más adelante los Gulag hicieron que esta tendencia derivara en el cadalso.
Sin embargo, hubo otra vertiente de la izquierda que rechaza enfáticamente esta derivación. Son personas que tienen gran aprecio y respeto por las autonomías individuales pero que, lamentablemente, mantienen una especie de cortocircuito entre medios y fines especialmente en el área crematística. Este problema radica principalmente en la obsesión por la igualdad patrimonial o, si se prefiere, su contracara, el rechazo a la desigualdad patrimonial. No parece percibirse la función social que desempeña como incentivo para la producción y como indicador para el uso más provechoso de los siempre escasos recursos. Confunden lo que ocurre en una sociedad abierta con lo que ocurre en lugares en donde impera el estatismo que, al otorgar privilegios y dádivas, produce inexorablemente una injusta distribución del ingreso. Aquella última vertiente de la izquierda no parece percatarse del rol central de las tasas de capitalización como causa de los ingresos y salarios en términos reales: esta es la única explicación por la que los salarios son más bajos en Calcuta que en Vancouver o en La Paz que en Londres. Insisten con una extrapolación ilegítima del campo de la biología al campo de la evolución cultural aludiendo al "darwinismo social", sin comprender que la mayor inversión "per capita" empuja los salarios hacia arriba como una consecuencia no buscada y, muchas veces no querida. En este sentido, en el campo de las relaciones sociales, los más "fuertes" trasmiten su fortaleza a los más "débiles", permitiendo que estos últimos participen con mayor vigor en el proceso.
Ultimamente irrumpió en la escena el "igualitarismo radical", especialmente patrocinado por autores como G. A. Cohen, R. Dworkin, J.Roemer, A. K. Sen y J. Rawls. Estos igualitaristas afirman que se apartan de los métodos de igualación tradicionales para centrar su atención en los talentos como algo innato, excluyendo los talentos debidos al esfuerzo de la persona. En este contexto, hacen una falsa división entre los talentos que son fruto del esfuerzo y la capacitación, de aquellos que el sujeto recibe naturalmente. Esta división es improcedente puesto que el esfuerzo mismo se debe también a una condición innata. Pero lo curioso es que, como bien señala Simon Green, finalmente aquellos autores terminan redistribuyendo ingresos de la misma forma que lo venía haciendo el igualitarismo tradicional, con lo que se perjudica gravemente las condiciones de vida de la gente puesto que los incentivos operan en la dirección opuesta a la que se requiere. Es decir, se tiende a contraer la producción de bienes y servicios, ya que el aparato fiscal tenderá a expoliar las diferencias. Por otra parte, también señala Green que resulta imposible detectar talentos a priori puesto que estos se ponen de manifiesto "sobre la marcha" y, en este sentido, ni siquiera el titular sabe qué talentos exhibirá en circunstancias futuras.
Declamar sobre la "injusticia" de la distribución de los talentos resulta tan impropio como reclamar por la injusticia de los resfríos o porque el sol no brilla todos los días y considerar injusta la distribución del ingreso debida a los talentos no sólo contradice la definición de Ulpiano de "dar a cada uno lo suyo" sino que, por las razones apuntadas, perjudica ingresos y salarios de los más necesitados. Después de la elaboración del teorema de Coase y tantos otros aportes a la ciencia económica, deberíamos entender las ventajas de maximizar la asignación de derechos de propiedad a los efectos de permitir la mayor internalización de externalidades según sean los deseos de la gente en procesos abiertos de mercado.
Rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas.
Sin embargo, hubo otra vertiente de la izquierda que rechaza enfáticamente esta derivación. Son personas que tienen gran aprecio y respeto por las autonomías individuales pero que, lamentablemente, mantienen una especie de cortocircuito entre medios y fines especialmente en el área crematística. Este problema radica principalmente en la obsesión por la igualdad patrimonial o, si se prefiere, su contracara, el rechazo a la desigualdad patrimonial. No parece percibirse la función social que desempeña como incentivo para la producción y como indicador para el uso más provechoso de los siempre escasos recursos. Confunden lo que ocurre en una sociedad abierta con lo que ocurre en lugares en donde impera el estatismo que, al otorgar privilegios y dádivas, produce inexorablemente una injusta distribución del ingreso. Aquella última vertiente de la izquierda no parece percatarse del rol central de las tasas de capitalización como causa de los ingresos y salarios en términos reales: esta es la única explicación por la que los salarios son más bajos en Calcuta que en Vancouver o en La Paz que en Londres. Insisten con una extrapolación ilegítima del campo de la biología al campo de la evolución cultural aludiendo al "darwinismo social", sin comprender que la mayor inversión "per capita" empuja los salarios hacia arriba como una consecuencia no buscada y, muchas veces no querida. En este sentido, en el campo de las relaciones sociales, los más "fuertes" trasmiten su fortaleza a los más "débiles", permitiendo que estos últimos participen con mayor vigor en el proceso.
Ultimamente irrumpió en la escena el "igualitarismo radical", especialmente patrocinado por autores como G. A. Cohen, R. Dworkin, J.Roemer, A. K. Sen y J. Rawls. Estos igualitaristas afirman que se apartan de los métodos de igualación tradicionales para centrar su atención en los talentos como algo innato, excluyendo los talentos debidos al esfuerzo de la persona. En este contexto, hacen una falsa división entre los talentos que son fruto del esfuerzo y la capacitación, de aquellos que el sujeto recibe naturalmente. Esta división es improcedente puesto que el esfuerzo mismo se debe también a una condición innata. Pero lo curioso es que, como bien señala Simon Green, finalmente aquellos autores terminan redistribuyendo ingresos de la misma forma que lo venía haciendo el igualitarismo tradicional, con lo que se perjudica gravemente las condiciones de vida de la gente puesto que los incentivos operan en la dirección opuesta a la que se requiere. Es decir, se tiende a contraer la producción de bienes y servicios, ya que el aparato fiscal tenderá a expoliar las diferencias. Por otra parte, también señala Green que resulta imposible detectar talentos a priori puesto que estos se ponen de manifiesto "sobre la marcha" y, en este sentido, ni siquiera el titular sabe qué talentos exhibirá en circunstancias futuras.
Declamar sobre la "injusticia" de la distribución de los talentos resulta tan impropio como reclamar por la injusticia de los resfríos o porque el sol no brilla todos los días y considerar injusta la distribución del ingreso debida a los talentos no sólo contradice la definición de Ulpiano de "dar a cada uno lo suyo" sino que, por las razones apuntadas, perjudica ingresos y salarios de los más necesitados. Después de la elaboración del teorema de Coase y tantos otros aportes a la ciencia económica, deberíamos entender las ventajas de maximizar la asignación de derechos de propiedad a los efectos de permitir la mayor internalización de externalidades según sean los deseos de la gente en procesos abiertos de mercado.
Rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas.