Sobre los impertinentes ambientalistas
Hace poco leí en esta sección un curioso articulo: “Crónica de lo que pudo ser y no fue”, firmado por la geóloga Ana Méndez, quien, al parecer, intentaba hacer un paralelismo entre la construcción del Canal, hace casi un siglo, y los actuales proyectos mineros. Con la truculenta intención de demostrar que así como el Canal es beneficioso para el país y muchos se opusieron a su construcción, los proyectos mineros también lo serán, aunque muchos también se opongan a tales. Pero, me parece que los hechos históricos aludidos en el escrito no se apegan a la realidad y son manipulados a conveniencia del argumento.
Antes que todo, a principios del siglo XX, no existían las ONG que, según el escrito, se oponían a la construcción del Canal. Lo que existía era un grupo de patriotas que nunca aceptaron las vergonzosas condiciones que exigía EE.UU. en el Tratado Herran-Hay, y que fueron rechazadas por el Congreso colombiano el 2 de septiembre de 1903. Para “resolver” esto, EE.UU., a través de sus agentes en el istmo, Manuel Amador Guerrero y Phillipe Bunau Varilla, conspiraron con otros socios para que Panamá se independizara de Colombia y así poder negociar el Tratado del Canal con personas menos “patriotas”. Así, tras repartirse varios millones, fue firmado el Tratado Hay-Buneau Varilla, el 18 de noviembre de 1903. Muchos ciudadanos nunca aceptaron esta tramoya y por esto se oponían a la construcción del Canal. No por razones “ambientales”. Prueba de ello es que en este tratado ni siquiera se menciona la palabra “Ambiente”, ni se toca el tema.
Decir que la construcción del Canal no cambió drásticamente el ecosistema de la región, es desconocer del tema -el cambio fue brutal-. Decir que no cambió drásticamente la socio-política del país, es desconocer el tema. Hoy día, los descendientes de las poblaciones que fueron desplazadas con la construcción del Canal aún están vagando en la mayor pobreza.
La orientación racista del comentario sobre los trabajadores de raza negra y asiáticos que laboraron en la construcción del Canal, no vale la pena hablar por ética. Menos, si la autora del escrito cree que un “Sindicato Amarillo” es aquel formado por trabajadores chinos. Me extraña que algunos no sepan dónde se tiraron las millones de yardas cúbicas de la excavación del Canal. ¡En la Bahía de Panamá¡ Por eso estas playas son ahora de lama maloliente.
No entiendo cómo se dice que el proyecto del Canal creó una faja de protección de la biodiversidad. Me pregunto, ¿por dónde pasarán el Canal los ñeques, gatos solos y otra fauna nativa? ¿Por el puente de las Américas o el Centenario ? ¿O tal vez a nado por el Canal, arriesgándose a ser embestidos por un buque tanquero o asfixiado por el petróleo contaminante que flota en sus aguas? Pero, es un hecho que el Canal resultó altamente benéfico para Panamá y los panameños, al margen de su oscuro y conflictivo pasado. Esto no quiere decir que, ahora, los proyectos altamente contaminantes y nocivos al ambiente y a la salud también lo sean. Por mucho oro y plata que haya de por medio. Nada que ver.
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