Sobre los libros y la lectura
Hay libros y libros. Libros buenos y libros malos. Los primeros son permanentes; los segundos, efímeros. La ley de Darwin alcanza aún a los libros; sólo sobreviven los mejores. A éstos llamamos clásicos; a los otros, cualquiera. El filósofo Nietzsche pensaba que si un libro no nos lleva más allá de los demás libros, no valía realmente la pena.
Leer mucho - o tan sólo leer - no nos hace ser mejores personas. Hay gente mala que lee mucho, así como gente buena que no lee nada. Aún así, es mejor saber leer que no saberlo, pues la ignorancia no santifica por sí sola, ni el conocimiento demoniza por sí mismo.
El poeta T.S. Elliot se lamentaba que hoy la información ha usurpado el lugar que en la modernidad tenía el conocimiento y que este último, en su momento, usurpó el puesto que tenía la sabiduría en la antigüedad. Hoy estamos mucho más informados, pero no somos nada sabios. Somos más ignorantes que nunca. Sabemos muchísimo acerca del universo, pero casi nada acerca de nosotros mismos. No sabemos cómo vivir...
El monje Thomas Merton decía que "[p]or más grande que sean los libros, por más amigos nuestros que puedan ser, no son un sustituto de las personas, son apenas un medio de contacto con grandes personas..." Así, pues, es más humano escuchar lo que piensan las personas que leer lo que escriben. Platón sabía esto bien y por ello prefería la palabra viva que la letra muerta... Vivir primero, luego leer: el viejo Borges se lamentaba de haber hecho lo contrario...a veces, alguno de nosotros se lamenta de lo mismo...
El fin de la lectura, de todas las lecturas, debería ser hacernos mejores personas. Pero esto no depende de los meros libros, sino de la totalidad de la experiencia de nuestra existencia. Los libros son sólo medios, herramientas, para aquel fin. Lamentablemente, no sabemos usarlas. La finalidad de toda lectura no debería ser sólo tener más ideas sobre el mundo, sino más bien tener mejores sentimientos acerca de la vida.
Leer mucho - o tan sólo leer - no nos hace ser mejores personas. Hay gente mala que lee mucho, así como gente buena que no lee nada. Aún así, es mejor saber leer que no saberlo, pues la ignorancia no santifica por sí sola, ni el conocimiento demoniza por sí mismo.
El poeta T.S. Elliot se lamentaba que hoy la información ha usurpado el lugar que en la modernidad tenía el conocimiento y que este último, en su momento, usurpó el puesto que tenía la sabiduría en la antigüedad. Hoy estamos mucho más informados, pero no somos nada sabios. Somos más ignorantes que nunca. Sabemos muchísimo acerca del universo, pero casi nada acerca de nosotros mismos. No sabemos cómo vivir...
El monje Thomas Merton decía que "[p]or más grande que sean los libros, por más amigos nuestros que puedan ser, no son un sustituto de las personas, son apenas un medio de contacto con grandes personas..." Así, pues, es más humano escuchar lo que piensan las personas que leer lo que escriben. Platón sabía esto bien y por ello prefería la palabra viva que la letra muerta... Vivir primero, luego leer: el viejo Borges se lamentaba de haber hecho lo contrario...a veces, alguno de nosotros se lamenta de lo mismo...
El fin de la lectura, de todas las lecturas, debería ser hacernos mejores personas. Pero esto no depende de los meros libros, sino de la totalidad de la experiencia de nuestra existencia. Los libros son sólo medios, herramientas, para aquel fin. Lamentablemente, no sabemos usarlas. La finalidad de toda lectura no debería ser sólo tener más ideas sobre el mundo, sino más bien tener mejores sentimientos acerca de la vida.