Sobre programas de gobierno
Por supuesto que los denominados "programas de gobierno" son importantes y como van a estar de actualidad en los próximos meses, creo conveniente exponer mi opinión sobre verdaderos alcances y efectos sobre el electorado.
En primer lugar, quiero destacar que los documentos que suelen presentar durante las campañas electorales tienen más las características de ofertas electorales que de programas de gobierno.
Me parece un tanto pretencioso que algún candidato asuma que está en condiciones de presentar, durante la campaña electoral, un verdadero programa de gobierno. En mi opinión, lo que los candidatos pueden y deben ofrecer son sus principales propuestas, sin muchas arandelas, para que los electores, en vez de perderse entre la frondosidad de un documento muy extenso, puedan diferenciar qué ofrece cada uno.
Un verdadero programa de gobierno sólo puede estructurarse después de ganadas las elecciones, cuando se tiene acceso a toda la información que por ahora sólo manejan, de manera completa, quienes ejercen el gobierno y después de efectuar las consultas con todos los sectores de la sociedad.
La diferencia entre un candidato y un presidente electo es que el primero abandera a un sector de la sociedad; el presidente o la presidenta electo, representa a toda la sociedad y, por tanto, antes de elaborar un programa de gobierno definitivo deberá o mejor dicho, está en la obligación de contar con las opiniones de todos los sectores de la nación, aún la de aquellos que le adversaron durante la campaña.
Lo anterior no quiere decir que deban cambiarse las ofertas o propuestas electorales, pero sí sopesar todos los factores que puedan afectarlas en cuanto a su ejecución.
Por ejemplo, un candidato o una candidata a ocupar la Presidencia de la República durante la campaña debe dejar bien establecido si privatizará o no privatizará el IDAAN. Hecho el compromiso con el electorado de que no lo privatizará, después que gane las elecciones deberá, en cumplimiento de su promesa, buscar las fórmulas o los mecanismos que aseguren su operatividad y eficiencia en manos del Estado.
Y así como en el caso del IDAAN deberán hacerse planteamientos categóricos sobre todos los otros temas que preocupan al país.
Las ofertas simplificadas, y tan tajantes como sean posibles, son las que el pueblo votante espera. Y son las que deben ofrecer los candidatos.
Algunos se las pasan de listos y se ilusionan pensando que al ofrecer mucha literatura o propuestas deslumbrantes captarán el voto que les sirva para alcanzar el poder y allí es donde yerran.
Las arandelas le sirvieron de poco al proyecto reeleccionista y tampoco le servirán al delfín del actual gobernante.
La razón para que así sea hay que buscarla en el otro elemento que los electores toman muy en cuenta al decidir su voto: la credibilidad del proponente.
Estos dos elementos: claridad y credibilidad serán los que aumentarán o disminuirán las posibilidades de cada candidato.
Después de la experiencia vivida con las promesas compañeras del actual presidente, será muy difícil que el pueblo, es decir, la mayoría necesaria para alcanzar una victoria electoral, le haga eco a las propuestas de su delfín.
La ventaja en ese aspecto, debe tenerla la candidata de la Unión Por Panamá. Durante su bregar político se ha preocupado por acercarse al pueblo, en forma llana y solidaria con sus problemas. Por eso, su propuesta debe inspirar mayor credibilidad en los electores.
Su mensaje siempre ha sido sencillo y sin muchas arandelas. Creo que en esos términos debe ser también presentada su oferta electoral.
Que le deje a los otros aspirantes el discurso rebuscado o la propuesta altisonante. El pueblo, que es más sabio de lo que muchos piensan, no se dejará engañar por los que ya le fallaron y tampoco por los improvisados de última hora, no importa que se disfracen de vendedores de ilusiones.
En primer lugar, quiero destacar que los documentos que suelen presentar durante las campañas electorales tienen más las características de ofertas electorales que de programas de gobierno.
Me parece un tanto pretencioso que algún candidato asuma que está en condiciones de presentar, durante la campaña electoral, un verdadero programa de gobierno. En mi opinión, lo que los candidatos pueden y deben ofrecer son sus principales propuestas, sin muchas arandelas, para que los electores, en vez de perderse entre la frondosidad de un documento muy extenso, puedan diferenciar qué ofrece cada uno.
Un verdadero programa de gobierno sólo puede estructurarse después de ganadas las elecciones, cuando se tiene acceso a toda la información que por ahora sólo manejan, de manera completa, quienes ejercen el gobierno y después de efectuar las consultas con todos los sectores de la sociedad.
La diferencia entre un candidato y un presidente electo es que el primero abandera a un sector de la sociedad; el presidente o la presidenta electo, representa a toda la sociedad y, por tanto, antes de elaborar un programa de gobierno definitivo deberá o mejor dicho, está en la obligación de contar con las opiniones de todos los sectores de la nación, aún la de aquellos que le adversaron durante la campaña.
Lo anterior no quiere decir que deban cambiarse las ofertas o propuestas electorales, pero sí sopesar todos los factores que puedan afectarlas en cuanto a su ejecución.
Por ejemplo, un candidato o una candidata a ocupar la Presidencia de la República durante la campaña debe dejar bien establecido si privatizará o no privatizará el IDAAN. Hecho el compromiso con el electorado de que no lo privatizará, después que gane las elecciones deberá, en cumplimiento de su promesa, buscar las fórmulas o los mecanismos que aseguren su operatividad y eficiencia en manos del Estado.
Y así como en el caso del IDAAN deberán hacerse planteamientos categóricos sobre todos los otros temas que preocupan al país.
Las ofertas simplificadas, y tan tajantes como sean posibles, son las que el pueblo votante espera. Y son las que deben ofrecer los candidatos.
Algunos se las pasan de listos y se ilusionan pensando que al ofrecer mucha literatura o propuestas deslumbrantes captarán el voto que les sirva para alcanzar el poder y allí es donde yerran.
Las arandelas le sirvieron de poco al proyecto reeleccionista y tampoco le servirán al delfín del actual gobernante.
La razón para que así sea hay que buscarla en el otro elemento que los electores toman muy en cuenta al decidir su voto: la credibilidad del proponente.
Estos dos elementos: claridad y credibilidad serán los que aumentarán o disminuirán las posibilidades de cada candidato.
Después de la experiencia vivida con las promesas compañeras del actual presidente, será muy difícil que el pueblo, es decir, la mayoría necesaria para alcanzar una victoria electoral, le haga eco a las propuestas de su delfín.
La ventaja en ese aspecto, debe tenerla la candidata de la Unión Por Panamá. Durante su bregar político se ha preocupado por acercarse al pueblo, en forma llana y solidaria con sus problemas. Por eso, su propuesta debe inspirar mayor credibilidad en los electores.
Su mensaje siempre ha sido sencillo y sin muchas arandelas. Creo que en esos términos debe ser también presentada su oferta electoral.
Que le deje a los otros aspirantes el discurso rebuscado o la propuesta altisonante. El pueblo, que es más sabio de lo que muchos piensan, no se dejará engañar por los que ya le fallaron y tampoco por los improvisados de última hora, no importa que se disfracen de vendedores de ilusiones.