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Sobre una bomba de violaciones de derechos humanos


“El mundo necesita un Nuevo Acuerdo mundial sobre derechos humanos. No promesas. Compromisos, hechos. Medidas reales para desactivar la bomba de la violación sistemática de derechos humanos que se sufre. Invertir en derechos humanos con tanta determinación como se hace en economía”.

Es una severa advertencia de Amnistía Internacional en su informe de 2009 sobre derechos humanos. Y no es para menos.

En China no hay libertad de expresión ni otros derechos civiles.

En Kirguistán, un intelectual opositor al actual presidente, que pretendía fundar un periódico crítico, fue asesinado. En Guatemala, Amnistía Internacional denuncia ejecuciones extrajudiciales de jóvenes delincuentes en las que están implicados policías.

En Sri Lanka, el gobierno mantiene recluidos en campos a 120,000 ciudadanos tras el final de la guerra civil. En Colombia, numerosos defensores de derechos humanos son hostigados, acusados falsamente, amenazados y también asesinados. Como lo son líderes indígenas, sindicalistas y campesinos.

En España, niños y niñas abandonados o marginados que precisan atención especial sufren violaciones de sus derechos en centros de atención terapéutica del Estado, privados de libertad sin orden judicial soportan malos tratos y aislamiento en celdas.

Dieciséis organizaciones solidarias y defensoras de derechos humanos denuncian a los países más desarrollados por abandonar a su suerte a la franja de Gaza, además de encubrir el castigo colectivo que el gobierno de Israel impone a millón y medio de palestinos, bloqueando los accesos y salidas de Gaza, violando la ley humanitaria internacional. .

El cierre de la cárcel de Guantánamo, una de las más ilegítimas del mundo, se retrasa sine die, a pesar de las promesas de acabar cuanto antes con esa vergüenza universal. En España, se condena a cárcel a dos periodistas por publicar una noticia de irregularidades en un partido, en claro atentado contra libertad de expresión y derecho a la información.

Unos 1,400 millones de personas (más de una cuarta parte de la población del planeta) sobreviven con menos de un dólar y cuarto al día, el umbral de la pobreza. Según la FAO, agencia de la ONU contra el hambre, 1,020 millones de personas sufren hoy esa lacra, la cifra más elevada desde 1970. Y 90 millones de personas más pueden hundirse en la pobreza por la crisis.

Unos 1,000 millones de personas viven en barrios precarios, cada minuto muere una mujer por complicaciones del embarazo (que en los países ricos no se dan), 1,300 millones no tienen acceso a asistencia médica, 2,500 millones no tienen acceso a servicios sanitarios mínimos y por ello mueren diariamente 20,000 niños y niñas en países empobrecidos.

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