Socialismo agropecuario
Los empresarios del campo a menudo quieren que el libre mercado se le aplique a los demás, mientras que para sí aspiran a todos los privilegios que la planificación central y los reguladores del Departamento de Agricultura puedan concederles.
En Estados Unidos se ha disparado el precio de los tomates luego de llegarse a un acuerdo con México para proteger a unos pocos agricultores de la Florida que no podían competir ni en calidad ni en precio con los tomates mexicanos. Por su parte, el cartel azucarero -también con base en la Florida- hace que los estadounidenses paguen entre dos y tres veces el precio mundial del azúcar y una sola familia de la Florida recibe un subsidio de $64 millones al año, gracias a sus contribuciones anuales a los partidos Demócrata y Republicano.
Pero en estos días lo que está en las noticias es la leche y la soya.
El Departamento de Agricultura mantiene desde los años de la Gran Depresión un programa lechero que emplea actualmente a 500 funcionarios.
Esos burócratas no se han enterado todavía que la Gran Depresión terminó hace más de medio siglo.
Pero hay esperanzas. En octubre de 1998, el inspector general del Departamento de Agricultura recomendó acabar con el programa lechero al encontrar gastos cuestionables por millones de dólares. Este sería el momento adecuado. Frente al bajo desempleo y a la creciente demanda de mano de obra hasta los más indolentes burócratas conseguirían trabajo fácilmente.
Pero nada tan radical como acabar con un programa de los tiempos de Roosevelt se contempla seriamente. Se trata más bien de consolidar las 31 regiones del programa lechero en sólo 11 y disminuir el precio mínimo fijado por las autoridades, el cual tiene actualmente un costo anual para los consumidores de $1.700 millones.
En cuanto a la soya, retrocedemos. A pesar que el precio de la soya ha caído 25% este año, los agricultores estadounidenses están aumentando las siembras y se estima que la producción en 1999 será 5% mayor que la del año pasado. ¿Irracional? No del todo, lo irracional es la política agrícola del gobierno que fomenta tales cosas.
Los especialistas estiman que el precio de la soya caerá $4 la fanega, el más bajo desde la crisis agrícola de 1980, y a ese precio los agricultores apenas si cubrirían sus costos.
¿Entonces por qué aumentan los sembradíos de soya? Simplemente porque el programa del Departamento de Agricultura les garantiza un precio de alrededor de $5,26 por fanega, a un costo estimado para los contribuyentes de $4.000 millones.
Funciona de la siguiente manera. Los productores de soya participan en el programa obteniendo créditos del gobierno. Pero estos agricultores no tienen ninguna intención de pagar en dinero tales préstamos sino en especie, es decir, en soya. Y la soya la recibirá el Departamento de Agricultura al precio de $5,26. Es decir, los contribuyentes pagarán la diferencia entre el precio de mercado y el precio oficial.
Si un programa similar fuese llevado a cabo por la banca privada, todos irían presos por fraude. A menudo lo que es fraude en el sector privado se considera "política social" en el sector público.
En Estados Unidos se ha disparado el precio de los tomates luego de llegarse a un acuerdo con México para proteger a unos pocos agricultores de la Florida que no podían competir ni en calidad ni en precio con los tomates mexicanos. Por su parte, el cartel azucarero -también con base en la Florida- hace que los estadounidenses paguen entre dos y tres veces el precio mundial del azúcar y una sola familia de la Florida recibe un subsidio de $64 millones al año, gracias a sus contribuciones anuales a los partidos Demócrata y Republicano.
Pero en estos días lo que está en las noticias es la leche y la soya.
El Departamento de Agricultura mantiene desde los años de la Gran Depresión un programa lechero que emplea actualmente a 500 funcionarios.
Esos burócratas no se han enterado todavía que la Gran Depresión terminó hace más de medio siglo.
Pero hay esperanzas. En octubre de 1998, el inspector general del Departamento de Agricultura recomendó acabar con el programa lechero al encontrar gastos cuestionables por millones de dólares. Este sería el momento adecuado. Frente al bajo desempleo y a la creciente demanda de mano de obra hasta los más indolentes burócratas conseguirían trabajo fácilmente.
Pero nada tan radical como acabar con un programa de los tiempos de Roosevelt se contempla seriamente. Se trata más bien de consolidar las 31 regiones del programa lechero en sólo 11 y disminuir el precio mínimo fijado por las autoridades, el cual tiene actualmente un costo anual para los consumidores de $1.700 millones.
En cuanto a la soya, retrocedemos. A pesar que el precio de la soya ha caído 25% este año, los agricultores estadounidenses están aumentando las siembras y se estima que la producción en 1999 será 5% mayor que la del año pasado. ¿Irracional? No del todo, lo irracional es la política agrícola del gobierno que fomenta tales cosas.
Los especialistas estiman que el precio de la soya caerá $4 la fanega, el más bajo desde la crisis agrícola de 1980, y a ese precio los agricultores apenas si cubrirían sus costos.
¿Entonces por qué aumentan los sembradíos de soya? Simplemente porque el programa del Departamento de Agricultura les garantiza un precio de alrededor de $5,26 por fanega, a un costo estimado para los contribuyentes de $4.000 millones.
Funciona de la siguiente manera. Los productores de soya participan en el programa obteniendo créditos del gobierno. Pero estos agricultores no tienen ninguna intención de pagar en dinero tales préstamos sino en especie, es decir, en soya. Y la soya la recibirá el Departamento de Agricultura al precio de $5,26. Es decir, los contribuyentes pagarán la diferencia entre el precio de mercado y el precio oficial.
Si un programa similar fuese llevado a cabo por la banca privada, todos irían presos por fraude. A menudo lo que es fraude en el sector privado se considera "política social" en el sector público.