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Sociedad y Gobierno


Siempre he pensado que los gobiernos se eligen para gobernar y tomar decisiones. Es una función indelegable. Hay temas que por su connotación se prestan a consultas con los sectores afectados o con los que dominan el tema en cuestión. Pero de allí a transformar al gobierno en un cabildo sin fin, es un despropósito.

En el gobierno anterior se agudizó la práctica de que ante cada crisis una comisión. De tales, emergieron iniciativas que posteriormente el propio gobierno entretuvo o simplemente ignoró. La crisis que desató las declaraciones del Magistrado Arjona hace unos años cuando dijo que los fallos se vendían en la Corte Suprema para favorecer hasta narcotraficantes, desató toda suerte de acciones. No era para menos. Hablaba un Magistrado con todo lo que ello implicó. Hasta las escalinatas de la Corte llegaron propios y extraños exigiendo la renuncia de los nueve y no pocos comunicados inundaron los medios en ese sentido. El Presidente Torrijos crea el Pacto de Estado por la Justicia. Una variopinta mezcla de instituciones y de organismos de la sociedad civil que iniciaron un trabajo largo y que produjo algunas conclusiones interesantes. Pero el mismo, salvo mejor criterio, estableció un modus operandi que prácticamente obligaba a los participantes a consultar todo lo de la justicia antes de dar algún paso, incluidas instituciones fundamentales de la Nación que gozan de iniciativa legislativa.

Lo mismo sucedió cuando el referéndum del Canal. Ante la posible derrota del mismo en las urnas, surge la “concertación”. Otro ejercicio auspiciado por el gobierno y abandonado a su suerte por el mismo. Ni caso les hizo mayormente luego del triunfo del SÍ. Como presidente de un partido político pude ver nacer y morir las crisis y las comisiones, y, además, lo advertimos oportunamente. No entiendo la sorpresa hoy cuando todos fueron ángeles de esos coros.

El cambio de gobierno sorprende a muchos con la forma de hacer gobierno. El Presidente dirige al país y en su equipo hacemos lo que tenemos que hacer frente a nuestras responsabilidades. No delegamos en nadie las mismas por duras o impopulares que puedan ser. Se toman decisiones con la legitimidad que da el voto mayoritario expresado el 3 de mayo cuando se considera que son necesarias. La consulta en determinados asuntos o la búsqueda de consensos en otros, no debe interpretarse, a mi juicio, como que seguimos en el patrón de comisiones accidentales para sacar las crisis de la noticia sin realmente solucionar el problema que las crea. Gobernar es decidir. No dilatar las soluciones.

En materia de leyes, ese debate es en las comisiones y en el pleno. Ni antes ni ahora lo he entendido de otra manera. La Asamblea será el foro para aportar o criticar. Sin apuros, como dije hace unos días, independientemente de la mayoría legislativa con que se cuenta. Los problemas tienen que resolverse y estamos empeñados en ello. Creo que es lo que espera la sociedad en pleno, no solo la “civil”.

101 años de Panamá América

 
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