"Sociopatías"
Escribo asumiendo como propias las preocupaciones del amigo Carlos Abadía sobre el transporte colectivo; pero como compartimos las labores de la Mesa de Salud, haré algunas extrapolaciones en torno al tema sanitario.
En la vida animal la lucha por la vida tiene reglas claras: Sobrevivir a costa de la vida de otros animales que compiten con nuestra biología. En los colectivos humanos, la lucha por la supervivencia tiene reglas adicionales como no inferir daños a los congéneres sólo porque necesitamos sobrevivir. A su vez, estas reglas nos proporcionan conductas válidas para asegurar la propia vida: Los "valores universales".
En su relación social de intercambio con la naturaleza, para obtener de ella elementos útiles para la propia vida, el hombre trabaja y con el trabajo desarrolla procedimientos. Si éstos son alterados, y por encima de la utilidad del producto deseado en términos de bienes y servicios, se privilegia la adquisición de ganancias económicas, tendremos que el sistema de procedimientos de trabajo, al estar concebido sobre la base de una subversión de los valores, engendrará ciudadanos sociópatas.
Si una persona normal sale a trabajar y -para sobrevivir él y su familia- se ve obligado a pasar sobre los derechos ajenos y sobre su derecho fundamental a la vida, efectuando acciones riesgosas, quiere decir que se ha transformado en sociópata. es decir, es una víctima de la subversión de los valores y victimiza, a su vez, a la sociedad. Si el sistema de trabajo genera sociópatas, no hay que insistir en el señalamiento de los aspectos personales, sino en la reforma del sistema.
Si un busero acelera su ritmo de trabajo, dando mayor velocidad a su vehículo para cumplir con el pago de la cuenta al propietario, estará poniendo en riesgo la vida de sus pasajeros y subvirtiendo el propósito esencial de su trabajo, que es trasladar sano y salvo al pasajero. La sola ganancia económica no justifica el riesgo incurrido; entonces: ¿Por qué detenernos en la represión individual? Si lo que hay quehacer es cambiar el sistema dando paso a la gran empresa, pública o privada, que regularice el sistema, fije horarios de recorrido, asigne turnos en horas picos y horas malas, y pague salarios decentes.
La modernización del transporte no puede significar sólo el financiamiento de equipos nuevos, porque se pierde la inversión si no se cambia el sistema.
Igualmente hay argumentaciones gubernamentales que aluden a la dificultad de cambiar algo en salud sin mediar inversiones. Si un médico justifica en la falta de inversiones la alteración del ritmo de trabajo para acortar e incumplir horarios, poniendo por delante su propia necesidad de obtener satisfactores mediante la adjudicación de horas públicas a la práctica privada, es que se ha transformado en sociópata. Entonces, lo necesario es revisar todo el sistema. No "cambiar algo para que todo siga igual", como decía el príncipe de "El Gatopardo". Insuflarle más presupuesto a Salud, sin cambiar el modelo de atención, es hacer más de lo mismo.