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Solidaridad humana y estado de bienestar


Panamá es una nación con grandes potencialidades, pero también con grandes desigualdades. Convencidos de estas disparidades se han realizado innumerables propuestas para romper la gigantesca brecha que existe entre el panameño de la ciudad y el campo, entre el hombre y la mujer, entre los niños y los adultos, entre los capitalinos y los interioranos, entre el empresario y el trabajador y, así, un largo etcétera.
El estado de bienestar para todos por igual tiene que ver con cosas muy simples: aceras para los peatones, baños especiales para los niños en todos los sitios públicos, acceso a los minusválidos, información clara y continua en las calles, semáforos y paso de seguridad en cada esquina, salidas de emergencias y bien señalizadas en los cada vez más grandes supermercados, hospitales, cines y centros escolares. Pues al final se trata de asumir que el bienestar de una nación se mide no sólo por el PIB, sino por el nivel de comprensión de que no todos los que requieren de un baño público son únicamente hombres o mujeres. Sino preguntémonos qué hace un padre de familia que sale de compra con su hijita menor, y ésta le pide un baño por una necesidad.
Es urgente que el Estado panameño vuelva a debatir sobre la necesidad de atender de manera obligatoria las necesidades que aún separan a los jóvenes de los viejos, a los hombres de las mujeres, a los enfermos y a los que gozan de plena salud. Canadá y los países escandinavos lo han logrado, pues han colocado el concepto de Estado de Bienestar de toda su población en el renglón de prioridades para alcanzar el desarrollo que hoy disfrutan. ¿Por qué no nosotros que somos tan pocos? Quizás porque las respuestas nos parecen tan simples que olvidamos su importancia, bienestar para todos por igual. Es decir, una nueva cultura social con énfasis en la solidaridad humana.

101 años de Panamá América

 
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