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Solidaridad y abusos contra el Seguro Social


Muchos completan sus cuotas mínimas que le aseguran la máxima jubilación posible y hacen de todo para desaparecer de las planillas para no aportar un centavo más. Otros, con igual criterio, procuran recargar a la entidad con la mayor cantidad de costos y servicios inimaginables pueda. Si se quiere, es una extensión del clásico "juega vivo" prevaleciente en nuestro medio. Así, cada asegurado procura amarrar al carro de las prestaciones médicas y servicios hospitalarios, por la misma ínfima cuota, a sus padres, abuelos, tíos, hermanos, hijos, hijastros, esposa, compañera, etc. y, cuando no, los inventa. Ningún sistema racional aguanta eso.
La pobre entidad está sometida a abusos extremos. Otro ejemplo es el de los medicamentos. Cada asegurado procura sacar medicinas para otros que no tienen el derecho. El ingenio en esto es infinito. La connivencia de un médico que receta a sabiendas que es para otro, es práctica normal. Igual al recetar cantidades superiores a las requeridas por el paciente. Los millones de balboas que se pierden son atroces. La entidad gasta más de B/.50 millones en medicinas al año, ¡y nunca alcanza!
A lo anterior se suma la demagogia gubernamental, con sus jubilaciones especiales que son tales porque constituyen privilegios de los que no goza el resto que es la mayoría de los asegurados. Aquí hay dos modalidades: una es la jubilación antes de tiempo y otra, con el último sueldo. En el primer caso, el asegurado se va a casa a cobrar su jubilación en edad en que los otros asegurados deben estar trabajando y pagando cuotas para poder hacerlo mucho después. Fuera de eso, puede gozar del mejor de los dos mundos, esto es, cobrar su pensión y dedicarse a otro tipo de trabajo remunerado como empleado o empresario. La Corte Suprema ha dicho que los jubilados pueden seguir laborando. En el segundo, el asegurado recibe el equivalente a su último sueldo, lo que no ocurre con los demás, que perciben bastante menos que eso. Y en ambos casos, ¡con las mismas cuotas!
La pesada planilla, el ejército de asesores, las compras excesivas, las cargas de mantenimiento de equipos y hospitales, los implacables aumentos de salario sin relación a la productividad y buen desempeño, los viáticos, etc., son también modalidades de abuso. También puede serlo, si se traspasa a la entidad las tierras revertidas que requieren altos costos de mantenimiento.
El Seguro no puede manejar ni siquiera sus propios bienes para venir a ocuparse de los ajenos que se les quiere transferir. Por eso insistimos que no se debe descartar a priori la adopción de fórmulas de privatización y cotización individual. La primera puede servir para evitar los abusos expuestos y ahorrar costos de operación y mantenimiento, y la segunda puede estimular los aportes si los altos cotizantes reciben beneficios adicionales a cambio.


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