Sólo un suspiro
El 22 de julio pasado Chito, mi esposo, con un suspiro, nos dejó para siempre. Estuvimos juntos 56 años, de los cuales los últimos seis estuvo enfermo. A mí, sin embargo, me alimentaba el recuerdo de más de medio siglo, siempre caminando juntos, dejando huellas que jamás se borrarán. Muchísimas veces me transportaba, volando en el espacio, agarrando sus manos, con los ojos abiertos y los labios de ambos pegados, recorriendo caminos sin principio ni fin, amándonos eternamente.
Los últimos seis años yo movía hacia atrás las manecillas del tiempo y lo veía alegre, radiante proyectándose para siempre, compartiendo con él todo el amor que hay en mi ser. Cuando ya no reconocía a los que estaban a su alrededor, con excepción de los que lo atendían en su enfermedad, a mi hija Netty y a mí nos movía sus ojos y nos besaba; hasta el final siempre reservó ese espacio para los dos.
Cuando pienso en su fin, llora mi alma. Siempre lo quise por sus valores espirituales y nuestro amor tuvo raíces profundas. ¡Cómo lo extraño!. Aprovecho para agradecer a todas las personas que en distintas maneras se unieron a mí en esta dolorosa partida. Al SADI, grupo de la tercera edad con pacientes encamados (clínica de Betania) muy especialmente a la Dra. Zimerman por el servicio y esmero hacia Chito. Sé que las palabras no llenan un vacío, pero sí logran encontrar el camino hacia la resignación y el consuelo. Termino este artículo repitiendo lo que Chito, en salud, me decía: "Te querré hasta el más allá".
Los últimos seis años yo movía hacia atrás las manecillas del tiempo y lo veía alegre, radiante proyectándose para siempre, compartiendo con él todo el amor que hay en mi ser. Cuando ya no reconocía a los que estaban a su alrededor, con excepción de los que lo atendían en su enfermedad, a mi hija Netty y a mí nos movía sus ojos y nos besaba; hasta el final siempre reservó ese espacio para los dos.
Cuando pienso en su fin, llora mi alma. Siempre lo quise por sus valores espirituales y nuestro amor tuvo raíces profundas. ¡Cómo lo extraño!. Aprovecho para agradecer a todas las personas que en distintas maneras se unieron a mí en esta dolorosa partida. Al SADI, grupo de la tercera edad con pacientes encamados (clínica de Betania) muy especialmente a la Dra. Zimerman por el servicio y esmero hacia Chito. Sé que las palabras no llenan un vacío, pero sí logran encontrar el camino hacia la resignación y el consuelo. Termino este artículo repitiendo lo que Chito, en salud, me decía: "Te querré hasta el más allá".