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Sólo viven de esperanzas


Concentrada fregando los trastes del desayuno, con sus pies en el suelo y algo despeinada, así encontramos a Flor Benítez, una mujer humilde de tez y ojos oscuros.
Durante una gira por Altos del Valle de Urracá, en San Miguelito, no pudimos pasar de largo ante la presencia de tanta pobreza. Frente a nuestros ojos una casa hecha con viejos tablones, donde las voces de varios niños se confundían.
Los gritos eran de Andrés, Román, Maylen y Flor María, de 11, 10, 4 y 6 años, ésta última cargaba en brazos a la pequeña Yenny, de dos meses.
La madre nos advierte del desorden. "Usted sabe donde hay niños siempre hay tiradero", expresó.
Entramos a la casa y eran notorios los huecos en los oxidados cines del techo, Flor comentó que tiene seis hijos, el que faltaba era Jerry, quien tiene 13 años y está en tercer grado.
Lo que pasa es que muchas veces no lo enviamos a la escuela porque no tenemos con qué, explicó.
Viven en Altos del Valle de Urracá hace tres años, nunca han contado con energía eléctrica y hace poco se conectaron a la tubería de una vecina para obtener agua. Buscarla era un suplicio.
Flor manifestó que en esa comunidad casi no se duerme porque el líquido llega entre 1:00 a 2:00 de la madrugada y antes de las 5:00 de la mañana ya no hay agua. Tenemos que estar atentos, porque sino nos quedamos sin nada para bañarnos, lavar y cocinar.
Cocinar, palabra mágica para la familia Benítez, ya que es muy poco lo que pueden colocar en la paila, cuando hay que poner. En ese instante, Román le dice a su madre que debe ir a la escuela, y que todos los uniformes están sucios. La mujer responde "recuerda que hace días que no tenemos agua".
Mi señor trabaja desde hace tres meses en la DIMA, (denominada ahora DIMAUD) dijo Flor, quien añadió que con ese sueldo solamente alcanza para comer algo y enviar a los niños a la escuela.
De todos sus hijos la más aplicada es Flor María, quien cursa el primer grado C de la escuela Altos del Valle de Urracá.
La madre orgullosa nos mostró el boletín de la niña, observamos repetidamente notas como 4.6, 4.2 y un solitario 3.6, esta última nota en Matemáticas. Según Flor la nota más baja la obtuvo cuando ella estaba en el hospital.
La señora Benítez nos llevó a una de las dos partes de la casa, donde están las camas. "Los colchones están así de feos porque cada vez que llueve se mojan", expresó.
Mientras la madre nos hablaba de los muchos problemas que tiene, el fotógrafo trataba de convencer a la pequeña Flor de que no podía tomarle todas las fotos a ella solamente, pero la niña no entendía razones, solamente se dedicaba a pararse frente a la cámara y a sonreír.
Al mismo tiempo, su progenitora trataba de explicarnos que a pesar de la pobreza en que viven, ella no pierde la esperanza de que vendrán mejores días. Días en que su situación económica mejorará para así poder enviar a sus hijos a la escuela diariamente con algo en el estómago; para dejar de alumbrarse con velas y para no temer que caiga la lluvia porque se mojan más adentro que afuera.

101 años de Panamá América

 
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