Soluciones mágicas
En la década del ´70, el Chase Manhattan Bank me envió a un seminario sobre Administración del Cambio, ofrecido por la Escuela de Post-Grado de Negocios de la Michigan State University. De esta participación, una de las conferencias magistrales que más se grabó en mi mente fue la relacionada con el concepto sociopolítico de "Soluciones Mágicas". Nos explicaba el conferencista que una de las más claras evidencias de deterioro en las sociedades modernas es su tendencia a recurrir a lo que él denominó "soluciones mágicas" como medio para resolver sus problemas materiales. Esto sucede cuando las sociedades perciben que no hay otras opciones para hallar soluciones prontas y concretas a aquellos.
Recurrir a "soluciones mágicas" equivale buscar respuestas a través de actos venidos del cielo, del azar o de la acción de "superhombres" ("caudillos", "líderes carismáticos"). Sus manifestaciones más tangibles son la proliferación de loterías (legítimas o clandestinas) y de juegos de azar, del crecimiento de religiones esotéricas, superchería ("curanderos", "místicos", "doctores naturistas") y la aparición de líderes populistas autoritarios. La más notable evidencia de que existe entre nosotros una creciente tendencia a recurrir a "soluciones mágicas" es la proliferación de casinos, casas de juego, máquinas tragamonedas, brujería, programas y prácticas de "medicina naturista" y religiones esotéricas.
Es reveladora la información aparecida en el Panamá América del día 14 sobre el total de ingresos de los casinos en Panamá. Nos reporta que $800 millones fueron gastados en casinos durante 2008; pero lo más asombroso es que sólo el 35% fue producto del bolsillo de turistas y el 65%, el grueso, o sea $520 millones, salieron del bolsillo de los panameños. Usando el mismo criterio, sólo en máquinas tragamonedas, los panameños se gastaron $370 millones. Estas cifras desvirtúan la tesis de que los casinos están aquí para atraer turistas y visitantes extranjeros. Los panameños somos sus clientes principales.
Mis recorridos me crean la impresión de que las casas de empeños prosperan en barrios populares, en cercana ubicación a los centros de juegos de azar. Esto no es una sana práctica social, pues crea condiciones que estimulan mayor dependencia en el juego. ¿Cuánta ruina y deterioro moral podría representar esta tendencia, si es correcta mi apreciación de que esta vencidad no es coincidental?
Por otro lado, es alentador observar que en los doce meses anteriores a noviembre de 2008, los saldos totales en cuentas de ahorros crecieron $824 millones, algo más del gasto total en casinos, lo que indica que aún existe un sector de la población que cree más en sus esfuerzos personales y sus ahorros como solución para sus asuntos materiales que en "soluciones mágicas".
Entendía que la operación de casinos estaba ligada al estímulo del turismo extranjero y que la ley sólo los autorizaba ante su comprobada y directa asociación con hoteles de turismo. En mis andares, observo establecimientos de juegos de azar que nada tienen que ver con turismo y lo que es aún más dañino, ubicados en barrios populares, muy alejados de los turistas. Amén de observar la aparición de numerosas nuevas religiones y escuchar en la radio y ver en la TV consejos para la "buena suerte" y recetas de remedios "naturistas" y milagrosos de parte de embaucadores nacionales y extranjeros. No me explico cómo la Asociación Médica Panameña tolera esta práctica.
¿Por qué no hacemos como en Suiza y otros lugares del mundo donde el acceso a los casinos es limitado a extranjeros y a nacionales no residentes en las ciudades donde están ubicados? ¿Por qué permitimos, como me dicen, que sean utilizados como casas de cambio de cheques de jubilados y empleados públicos? ¿Por qué no prohibimos esta última práctica malsana? No menciono otras consecuencias peligrosas de la proliferación de establecimientos de juegos de azar que, por la naturaleza de su negocio, generan alto volumen de efectivo. Hay un riesgo real de su utilización indebida. Consideremos el costo para el Estado de las medidas de control y prevención del mal uso de estos establecimientos. Tampoco me extiendo sobre su conocida reputación histórica en Estados Unidos, Europa y Asia, de ser negocios asociados con el crimen organizado y de propiciar ambientes favorables a la trata de blancas, consumo de alcohol y estupefacientes.
Sugiero un esfuerzo serio de los gobiernos y la sociedad civil para revaluar el verdadero valor agregado para nuestra sociedad de la presencia de casinos, máquinas tragamonedas y otros juegos de azar. Esta reconsideración se hace aún más urgente ante la inminente aparición de los efectos del contagio de la crisis global a nuestra economía real. Vaticino que aumentará la tendencia nuestra a buscar "soluciones mágicas".