¿Soluciones viejas para problemas?
Fue el tema de los valores morales el que definió definitivamente la balanza a favor de Bush.
Podría decir, sin temor a equivocarme, -y sin haber estudiado a profundidad el asunto-, que nunca en la historia de la Humanidad los problemas públicos habían sido tan complejos y tan difíciles de solucionar. Para rematar las cosas, aquí, en nuestro país, exhibiendo muy poca creatividad, pretendemos que todas las soluciones están dadas por la Historia. En otras palabras, que si frente a un problema no sabemos qué hacer, pues, no importa, la Historia siempre tendrá una respuesta.
Que si estamos remilitarizando la Fuerza Pública, la historia de Torrijos, Paredes y Noriega nos enseñó que es mejor el policía de pito y tolete. Que si la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y demás, hacen necesario el regreso de los norteamericanos al suelo patrio, la sufrida historia de nuestro pueblo nos enseñó que "ni un paso atrás". Que la solución es neutralizar todo el territorio, aunque a los terroristas no les importe un comino al momento de escoger sus blancos, si se trata de territorios neutrales o no.
Que los demócratas siempre les convienen más a los panameños que los republicanos, -debemos acordarnos siempre del buenazo de Carter-, aunque sean hoy los republicanos quienes promuevan el libre comercio, la lucha contra la corrupción y la institucionalidad democrática; mientras los demócratas están más preocupados por los matrimonios entre homosexuales, sus compromisos con los sindicatos norteamericanos y cómo salir cuanto antes de Iraq, aún cuando sea en estampida.
¿Alguien siguió realmente de cerca la elección presidencial norteamericana como para acertar en lo que hizo que Bush ganara y Kerry perdiera? No, no fue la polémica sobre Iraq la que definió la elección. No, ni siquiera fue el estado de la economía. Ohio, el Estado de los Estados Unidos de América en el que más empleos se perdieron durante la primera administración Bush, -gracias a la firma de tratados de libre comercio-, le dio precisamente el triunfo, nuevamente, al presidente.
Fue el tema de los valores morales el que definió definitivamente la balanza a favor de Bush. Bush no ganó necesariamente porque es mejor que Kerry. Bush ganó porque los norteamericanos percibieron la agenda demócrata como una secuestrada por la extrema izquierda, en el que el logró más importante que estaba a prueba era legalizar los matrimonios entre homosexuales. Ese boomerang fue el que rebotó sobre Kerry. En la inmensa mayoría de los 13 Estados en el que el tema estaba en la palestra vía plebiscito, los norteamericanos votaron a favor de definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Un contundente mensaje para la extrema izquierda: esta vez había ido muy lejos, y los demócratas conservadores y los republicanos estuvieron decididos a detenerlos.
Por lo que toca a nuestros problemas, debemos ver la modernización de la Fuerza Pública como una necesidad, no como un lujo, ni como un lastre del pasado. Por supuesto, manteniendo una estructura de mando dentro de ella, que evite lo más posible la innecesaria concentración de poder, y en la que un civil siga estando al mando de la institución. ¿Cómo se puede decir con mayor claridad? El Canal de Panamá es un objetivo del terrorismo mundial, y no nos sirve la vana excusa de que el Canal es indefendible ni que la neutralización total del istmo detendrá las intenciones de unos psicópatas. Si el regreso de fuerzas militares norteamericanas a nuestro país es una imposibilidad política, por lo menos seamos lo suficientemente conscientes como para asumir la responsabilidad que sí podemos asumir.
Podría decir, sin temor a equivocarme, -y sin haber estudiado a profundidad el asunto-, que nunca en la historia de la Humanidad los problemas públicos habían sido tan complejos y tan difíciles de solucionar. Para rematar las cosas, aquí, en nuestro país, exhibiendo muy poca creatividad, pretendemos que todas las soluciones están dadas por la Historia. En otras palabras, que si frente a un problema no sabemos qué hacer, pues, no importa, la Historia siempre tendrá una respuesta.
Que si estamos remilitarizando la Fuerza Pública, la historia de Torrijos, Paredes y Noriega nos enseñó que es mejor el policía de pito y tolete. Que si la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y demás, hacen necesario el regreso de los norteamericanos al suelo patrio, la sufrida historia de nuestro pueblo nos enseñó que "ni un paso atrás". Que la solución es neutralizar todo el territorio, aunque a los terroristas no les importe un comino al momento de escoger sus blancos, si se trata de territorios neutrales o no.
Que los demócratas siempre les convienen más a los panameños que los republicanos, -debemos acordarnos siempre del buenazo de Carter-, aunque sean hoy los republicanos quienes promuevan el libre comercio, la lucha contra la corrupción y la institucionalidad democrática; mientras los demócratas están más preocupados por los matrimonios entre homosexuales, sus compromisos con los sindicatos norteamericanos y cómo salir cuanto antes de Iraq, aún cuando sea en estampida.
¿Alguien siguió realmente de cerca la elección presidencial norteamericana como para acertar en lo que hizo que Bush ganara y Kerry perdiera? No, no fue la polémica sobre Iraq la que definió la elección. No, ni siquiera fue el estado de la economía. Ohio, el Estado de los Estados Unidos de América en el que más empleos se perdieron durante la primera administración Bush, -gracias a la firma de tratados de libre comercio-, le dio precisamente el triunfo, nuevamente, al presidente.
Fue el tema de los valores morales el que definió definitivamente la balanza a favor de Bush. Bush no ganó necesariamente porque es mejor que Kerry. Bush ganó porque los norteamericanos percibieron la agenda demócrata como una secuestrada por la extrema izquierda, en el que el logró más importante que estaba a prueba era legalizar los matrimonios entre homosexuales. Ese boomerang fue el que rebotó sobre Kerry. En la inmensa mayoría de los 13 Estados en el que el tema estaba en la palestra vía plebiscito, los norteamericanos votaron a favor de definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Un contundente mensaje para la extrema izquierda: esta vez había ido muy lejos, y los demócratas conservadores y los republicanos estuvieron decididos a detenerlos.
Por lo que toca a nuestros problemas, debemos ver la modernización de la Fuerza Pública como una necesidad, no como un lujo, ni como un lastre del pasado. Por supuesto, manteniendo una estructura de mando dentro de ella, que evite lo más posible la innecesaria concentración de poder, y en la que un civil siga estando al mando de la institución. ¿Cómo se puede decir con mayor claridad? El Canal de Panamá es un objetivo del terrorismo mundial, y no nos sirve la vana excusa de que el Canal es indefendible ni que la neutralización total del istmo detendrá las intenciones de unos psicópatas. Si el regreso de fuerzas militares norteamericanas a nuestro país es una imposibilidad política, por lo menos seamos lo suficientemente conscientes como para asumir la responsabilidad que sí podemos asumir.